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A MARIA CON AMOR
Número 1.
Es la primera vez que esta publicación ve laluz, y quiere, como su título lo indica, decir cosas de María. Decirlas conamor, y al decirlas, llegar al corazón de los que nos lean para que seenfervorice en ellos, no sólo el amor hacia la Madre, sino, por su intermedio, hacia Jesús yhacer así una realidad el viejo dicho: “a Jesús por María”.
Decimos con amor, porque no de otra forma sepuede hablar de María. Decimos con amor, porque es la única de decirfervorosamente de Ella y entusiasmar a los demás, el mismo amor hacia la Madre de Cristo que Él nosquiso dejar por Madre y Mediadora, y así hacer que los hombres, tuvieran unrefugio seguro por los caminos de la vida en su marcha hacia los cielos.
Con amor decimos y no de otra forma quierenexpresarte estas líneas los sentimientos que han de embargar esta publicaciónque, aunque pequeña, cada tanto iremos sembrando en las almas, para que ya queDios ha querido que fuera el camino hacia Cristo, y que en los últimos tiempos,tus apariciones tuvieran como objeto a través de tu ternura maternal, hacer unllamamiento angustioso a los hijos que Cristo te entregó en la cruz, para quese aparten del mal y vuelvan nuevamente al camino de la verdad que Él enseñó yfirmó con su sangre derramada muriendo en la cruz.
Con amor afirmamos porque ha sido siemprenuestro corazón y quiere expresar con esa palabra, la única forma posible deestar unidos a Ti, ya que el amor es la razón de la vida de todo hombre en lonatural y en lo sobrenatural y andar tras tus huellas, es andar en losobrenatural. Recurrimos y pedimos al Espíritu Santo, tu único e indisolubleesposo, que encienda ardientemente en nuestros corazones el fuego que hizoencender en Pentecostés sobre el Cenáculo, que derramó en nuestros corazones eldía del Bautismo y que encendió ardorosamente en el de nuestra Confirmación,para que de ese modo nos mantuviésemos fuertes y ensamblados en el servicio deDios, en la confesión de la fe y en el testimonio de la Verdad. Sólo el amor noshará capaces de servir a María, pero como María está toda llena de la plenitudde Dios, por ser glorificada en Ella, amemos y glorifiquemos al único Dios queha sido la fuente de nuestra salvación y que la eligió en el tiempo para quepor medio de Ella llegase a nosotros esa salvación: Cristo Jesús.
Con amor te decimos nuevamente, Virgen Madre.Vamos a alabarte y celebrarte a través de esta página. Cada vez que una deellas aparezca, será la forma de que el mensaje que queremos hacer llegar a losque nos leen, tenga efecto. Los que lo hagan, tienen que sentir que nuestroscorazones laten al unísono con el tuyo, por amor a Jesús, y que queremos por Tumedio, que los suyos también se enciendan y latan en ese divino amor que esCristo Jesús.
Virgen Madre: en la cruz nos recibiste porhijos, pero en el Bautismo, a cada uno, nos aceptaste como tales. Danos lagracia de vivir como quienes un día tuvimos la dicha inmensa de que Tú y cadauno de nosotros comenzáramos: Tú a decirnos con propiedad hijos y nosotros conamor, Madre. Así te sentimos, porque así te queremos y porque así descansamosen Vos ya que “Tu eres nuestra mayor confianza, toda la razón de nuestraesperanza”.
Número 2.
Con nuestro primer número ya hemos abierto elsurco en el cual iremos arrojando semilla del amor a María, para que produzca,si es designio de Dios, abundante fruto. Hacíamos nuestra declaración ydecíamos que todo cuanto estas páginas contuvieran y las sucesivas que hubierande ver la luz, serían todas por amor a María y es entonces que en este segundonúmero comenzamos esta tarea. La gente está hambrienta de que se le hable deMaría, se fomente cada vez más el amor hacia Ella y que sea el camino seguro,para que por su intermedio encontrar a Jesús.
¡Encontrar a Jesús! Que afirmación tanrotunda que brota del corazón de todo aquel que hasta el presente no ha halladolos medios para tener la dicha de que alguien venga y le diga como Andrés aSimón de que había encontrado al Mesías o como Felipe a Natanael diciéndole queél también lo había hallado, recibiendo por respuesta de este último aquellafrase tan famosa: “puede salir algo bueno de Nazareth” y la lacónica respuestade Felipe: “ven y lo verás”.
Si logramos, como es nuestro deseo, quemuchos puedan a través de estas hojas, encontrar a Jesús, habremos cumplido conel fin de la publicación y conseguido que María, para muchas almas sea la granmediadora y la gran intercesora ante Jesús para que los hombres se encuentrencon Él.
Pero primero tenemos que hallar a María, el caminoseguro hacia Jesús. Eso nos ha de dar la seguridad de que andamos en la sendaque lleva, como a Simón o como a Natanael hacia el Maestro. María sin Jesús notiene sentido y María que no de a Jesús tampoco. Así lo ha querido Dios desdeel momento que el Hijo en la cruz no la entregó por Madre y a Juan lo entregópor hijo. Cuántas veces habremos leído o escuchado esta proposición, pero loque tenemos que pensar es hasta dónde ha calado en nuestro interior y de quéforma se ha apoderado de nuestro corazón, haciendo que sea todo de María paraserlo todo de Jesús. La devoción más profunda a María termina en Jesús o mejordicho es Jesús, ya que sabemos que nada puede darnos María en su estadoglorioso que no sea Jesús.
A María con amor le pedimos que nos iluminepara abrir el derrotero que ha de servir, para que caminen por él las almas queestán ansiosas de lo sobrenatural pero que aún no han hallado su ubicacióninterior en una espiritualidad en que se sientan iluminadas, enfervorizadas ycómodas, pues esa será la única forma de emprender el camino, mejorarlo orectificarlo para alcanzar un poco de esa plenitud que tenemos tanta necesidadde tener.
UNA ESTRELLA EN ELCAMINO
Los Evangelistas se han encargado detrasmitirnos el programa grandioso de Jesús a través de la Buena Nueva que nosvino a traer. Su objetivo es que el hombre logre la santidad, ya que para esosomos incorporados y adoptados como hijos. Hay un peligro. Puede nuestra almacorrer el riesgo de amilanarse, deslumbrada por la grandeza del plan de Diosmanifestado por Jesús, y desistir de emprender el camino de superfeccionamiento, pensando que dicho plan, o no es nada para ella o essuperior a sus fuerzas, olvidándose las palabras de Cristo: “tened confianza.Yo he vencido al mundo”. Venceremos al mundo y a nosotros mismos, haciendo loque Jesús hizo y a cada uno nos propone para imitarlo y alcanzar la santidad.El no nos muestra otra cosa sino el mismo camino que Él ha querido seguir.
Cierto es, que muchas escuelas deespiritualidad, dentro de la unidad de la doctrina y de la fe nos enseñan en lamultiplicidad de aplicación, de acuerdo a cada temperamento e inclinación, bajola inspiración del Espíritu Santo, la imitación del Maestro. Mas nosotrosescuchando a Jesús que nos dice, como lo hizo entender bien a Santa Teresita:“que en el cielo hay muchas moradas”. Esto lo descubrió ella cuando buscaba suubicación entre la multiplicidad de dones que Dios otorga para vivir en la Iglesia , la santidad.Siguiendo las enseñanzas del apóstol, que nos escribió que Él no vino a hacersu voluntad sino la de su Padre que está en los cielos, seguiremos sus pasospara conocerla y abrazarnos con ella. Y la voluntad del Padre, como primeracosa, fue que Él mismo se entregara a María para que en Ella se apropiara uncuerpo y que viviese bajo la protección de San José y que les estuviese sujetoy desde ese momento hasta la cruz, en todo se hizo semejante a nosotros menosen el pecado y fuese nuestro ejemplar acabado de perfección en el cualaprendiésemos las perfecciones del Dios invisible.
ANTE SU LUZ.
Nuestra transformación en Él y el desarrollode nuestros talentos, no debe hacerse sino siguiendo los pasos que Él anduvo.
Y es entonces que aparece radiante deesperanza en nuestra vida espiritual la figura de María, para jugar un papelprincipalísimo en la misma, ya que “quien desea tener el fruto de vida,Jesucristo, debe tener el árbol de vida que es María, que le da fertilidad yfecundidad”.
Cristo se entregó a María como Hijo y “en elmisterio de la Encarnaciónnos ha merecido una gracia de entero renunciamiento de nosotros mismos y deunión con Dios, por haberse ofrecido juntamente consigo y consagrado por enteroa su Padre” y al entregarse, como Hijo de Ella, para que fuese su Madre, quisoque fuese la nuestra para que nosotros como Él nos entregáramos a Ella.
CARÁCTER DE ESAMATERNIDAD.
Esta maternidad o es real o es una figura.
Que es una figura repugna a nuestra creenciade cristianos y al sentir unánime de la Iglesia a través de todos los tiempos. Y si esreal, debe haberle dado los medios para que Ella la ejerza, por lo cual la hizomediadora de todas las gracias y omnipotencia suplicante, pues, “de igual modo,en efecto, que por la gracia de Cristo hemos sido hechos hijos del Padre, asíCristo nos ha hecho hijos adoptivos de su Madre en cuanto que por Ella recibimos toda la gracia”.
“Al intervenir María por altísimo consejo deDios en el plan de restauración de la humanidad con el carácter de Madrenatural de Dios y Madre de adopción de los hombres, ha creado una nuevarelación de orden espiritual entre Ella y nosotros, y por lo mismo una nuevaexigencia en nosotros para con Ella. Mejor, tal vez, diríamos que ha colmadoDios, dándonos por Madre a laMadre de su Hijo, las aspiraciones del alma humana que sigoza en decirle a Dios Padre deberá complacerse en la regalada suavidad delnombre dulcísimo de Madre”.
¿Por qué Dios que al sobrenaturalizar nuestravida no quiere mutilarla sino elevarla a un plano superior, satisfaciendo en Élcon generosidad divina nuestras legítimas aspiraciones de orden natural nodebía darnos una Madre espiritual como quiso la tuviésemos según la carne?
Hijo de Dios, “niños de Dios”, en expresiónde San Clemente ya somos hijos de María, “niños de María”. Dios quiso asociarlaa la obra de nuestra redención y de nuestra filiación como en virtud de elladecíamos a Dios: “Padre nuestro que estás en los cielos…”, así podemos ydebemos decir: “Madre nuestra que estás en los cielos…”
Dígale a María siempre que pueda y con todosu corazón esta jaculatoria.
“MADRE EN TUCORAZON MI CORAZON
TODO LO QUE
ESTOY HACIENDOY ME PASA”
Oportunamenteexplicaremos su interpretación. Usted háganos caso y experimentará en suinterior los efectos que Ella produce.
COMO LO REALIZAMOS ENNOSOTROS.
Y así, para que pueda ejercer esta maternidady que sea real en nosotros y se obre nuestra santificación, nos entregaremoscomo Jesús, siguiendo sus pasos, a María y nos pondremos bajo la protección deSan José y les estaremos sujetos como Él.
Imitaremos a la Iglesia, que a Ella tienepor Madre y a San José por su protector, poniéndonos bajo su patrocinio. Y asíabandonando lo espiritual en manos de nuestra Madre, nuestra transformación enCristo será obra de Ella y confiaremos a San José nuestra defensa y protección,como se confía al padre la defensa y protección del hogar.“ La Santísima Virgencomo es Madre de Jesucristo también lo es de todos los cristianos porque losengendró en el Monte Calvario, entre los últimos tormentos del Redentor siendoJesucristo como el primogénito de los cristianos que por la adopción yredención son sus hermanos. De las cuales cosas nace la razón porque eldichosísimo patriarca tiene por encomendada, así de un modo peculiar, lamultitud de los cristianos de que consta la Iglesia , es decir, esa familia innumerable y portodo el mundo desparramada, sobre la cual, por ser esposo de María y padre deJesucristo tiene una autoridad hasta cierto punto de padre”.
¡Gracias Dios!
Cuandousted, en la vida tenga dificultades imprevistas, afronte problemas que nopensaba, sienta el dolor agudo que repentinamente se presenta dentro suyo yparte su alma, cuando la prueba de la partida de un ser querido llegue deimproviso o la multitud de pequeños alfilerazos que cada día nos ofrece y todocuanto aparezca que contradice nuestros planes, diga con toda el alma y toda lasinceridad del corazón lo siguiente: ¡Gracias Señor! Sus resultados usted noslos contará después.
Número 3.
Nosotros a semejanza de María, tenemos unagestación o si queremos mejor, una formación de Jesús muy propia, personal.Cada uno lo gesta o lo forma en su corazón durante toda su vida. El EspírituSanto lo realiza, si lo dejamos, a lo largo de nuestra existencia.
En María fue un proceso biológico yespiritual. En nosotros, entregados a Ella, se sigue un proceso sobrenaturalque finaliza cuando termina nuestra vida. Ese día damos a luz a Jesús. Paraello, debemos pasar por la muerte, en que entregamos el alma con sus gracias ysus virtudes. Llevamos al cielo aquella parte de Jesús que Dios nos señaló,para que nos conformáramos con su Cuerpo Místico: unos acción apostólica, otrossufrimientos que nos configuran con Cristo paciente, en muchos bondad delMaestro puesta de relieve en la vida, cuántos en el amor por los enfermos, lamansedumbre y paciencia de corazón, manifestada en el rostro, los carismas. Enuna palabra, esto y todo cuanto nos configuran con Jesús. Ese Jesús quegestamos o formamos en nosotros, como verdaderos seguidores de Cristo. Los quecomparten nuestra vida deben percibir esa imagen que vamos gestando en elcorazón. Como se notaba en María la gestación (la actitud de San José lodenota), así se debe ver la nuestra: los sentimientos de Jesús en nuestrocorazón, Él escondido tras nuestra envoltura de carne.
En todas las almas bautizadas se deberíaadvertir la gestación de Jesús, que se inicia en el bautismo, pero en lamayoría no se desarrolla. Esa es nuestra responsabilidad: ir formando a Jesúsen nosotros. Es un largo gestar. Es un prolongado esfuerzo la lucha en nosotrosmismos para purificarnos, limar los defectos, lograr la pureza de corazón entoda su afectividad, en todos sus deseos. En la soberbia que lo ataca, en laenvidia que lo entristece, en los celos que lo nublan, en todo lo que escontrario al Cristo que tiene sentimientos contrarios a los nuestros. Haymuchos que no van a gestar nunca a Jesús. Prefieren quedar en sí mismos.Tenemos la posibilidad de decir que “no”a Jesús. ¿Qué hubiese sido para miles y miles de almas si cada uno de losgrandes santos le hubiese dicho que no a Jesús. Si no lo hubieran formado ogestado en su corazón? Si San Francisco hubiera dicho que no. Si San Ignacio.Si San Juan Bosco. Si Santa Teresita y así podríamos citar miles y miles. ¡Sihubieran dicho que no!... Cuántos hubieran quedado sin el bien que Dios porintermedio de ellos quería volcar sobre la tierra. Nos dejamos estar. Hacemoscomo aquel muchacho que se sentía llamado por Dios y le decía al Señor cadamañana: “mañana, Señor, mañana”. Así permanecemos siempre igual. Así no se vela imagen de Jesús. Por eso los santos cuánto bien hicieron y hacen. Miles ymiles de almas que fueron salvadas o santificadas gracias a que ellos supierondecir que si al Señor. Cada uno debe conocer cuál es la imagen que Dios quiereque desarrolle en su vida el don que le ha dado y no dejarse estar. Comenzar atrabajar, a superarse y no decir: “mañana empiezo”. Ese mañana es nunca.
El Verbo de Dios –dice San Máximo Confesor-nació según la carne una vez por todas, por su bondad y condescendencia paracon los hombres, pero continúa naciendo espiritualmente en aquellos que lodesean. En ellos se hace niño y en ellos se va formando a medida que crecen susvirtudes; se da a conocer asimismo en proporción a la capacidad de cada uno,capacidad que Él conoce, y si no se comunica en toda su dignidad y grandeza noes porque no lo desee, sino porque conoce las limitaciones de la facultadreceptiva de cada uno, y por esto nadie puede conocerlo de un modo perfecto”.
En este sentido el Apóstol, conciente de todala virtualidad de este misterio, dice: “Jesucristo es el mismo hoy que ayerpara siempre”, es decir, que se trata de un misterio siempre nuevo, que ningunacomprensión humana puede hacer que envejezca.
Jesús, podemos decir, es siempre nuevo ennuestra vida. De nosotros depende renovarlo cada día y en cada instante ohecho.
NUESTRO GRAN MEDIO
Para que un hijo reciba de su madre el ser,ha de vivir en ella por un tiempo, y por la sangre que le trasmita iráadquiriendo un cuerpo, que llegado a la plenitud poseerá una fisonomía propia ycon ella llegará a ver la luz del mundo. Ayudado luego por la educación y porsu esfuerzo interior, podrá desarrollar su personalidad con todos sus rasgospropios y naturales y se distinguirá de los demás y hará que aparezca con unsello personal en todas las cosas que realice.
Nosotros buscamos una fisonomía propia, unser espiritual, que no es otro sino nuestra imagen y semejanza con Cristo, y deconformidad con ella obtener el perfecto desarrollo de nuestra personalidadnatural y sobrenatural. Ese ser en Cristo, ese transformarnos en Él por laimitación de sus virtudes y por el obrar interior de la gracia, no lo puedehacer, porque así lo ha querido Dios, nadie más que una Madre, ya que en todo,Dios ha querido poner una Madre. Y es Madre es la Santísima Virgenque nos alcanzará con su impetración la gracia que nos irá haciendo adquirirese ser, esa fisonomía espiritual, como la sangre de la madre en la vidanatural, va formando su hijo, ya que Jesús nos la entregó para eso, y como yahemos dicho le dio los medios necesarios: la hizo mediadora de todas lasgracias, omnipotencia suplicante e imagen perfecta suya, de manera que Ella escomo un réplica al natural del Maestro, capaz de modelar a todos aquellos quese le entregan. “Nuestra Señora nos lleva en el calor de su afección. Nosalimenta con la gracia cuya plenitud posee. De la sangre de Jesús forma en síla leche de la gracia que adapta a nuestra tierna edad."
EL MOLDE.
Y para aclarar bien esto, nada parece mejorque transcribir lo que San Grignon de Montfort nos dice al respecto en el“Secreto de María”:
“De dos maneras puede un escultor sacar alnatural una estatua o retrato: primera, con fuerza y saber y buenosinstrumentos, puede labrar la figura en materia dura e informe; y segunda,puede vaciarla en un molde. Largo, difícil, expuesto a muchos tropiezos en elprimer modo; un golpe mal dado de cincel o de martillo, basta a veces paraecharlo todo a perder. Pronto, fácil y suave es el segundo, casi sin trabajo ysin gastos, con tal que el molde sea perfecto y que represente al natural lafigura, con tal que la materia de que nos servimos sea maleable y de ningúnmodo resista a la mano.
El gran molde de Dios hecho por el EspírituSanto, para formar al natural un Dios-Hombre por la unión hipostática y paraformar un Hombre-Dios por la gracia, es María. Ni un solo rasgo de divinidadfalta en este molde; cualquiera que se meta en él y se deje manejar, recibe allítodos los rasgos de Jesucristo, verdadero Dios y esto de manera suave yproporcionada a la debilidad humana, sin grandes trabajos ni agonías; de manerasegura y sin miedo de ilusiones, que no tiene aquí parte el demonio, ni tendrájamás entrada donde está María; de manera, en fin, santa e inmaculada, sin lamenor mansilla de culpa”.
COMO ENTREGARNOS.
Por lo cual, ya que no podemos, ciertamente,como Jesús, entrar en su seno para que nos transforme, pues se trata de algoespiritual, “ni vivir en Ella, como vivimos en Dios, ni puede Ella vivir ennosotros como Dios vive, presente por esencia y por la gracia, podemos, sí,pero para suplir aquello, poner nuestro corazón en el de María (y con esto nosignificamos otra cosa que entregarnos a su amor y para siempre, ya que nuestratransformación en Cristo sólo se termina con la muerte), para que Ella que “nosve, que nos ama y se ocupa de nosotros más cerca que nuestro ángel de laguarda, en cierto sentido, más cerca que nosotros mismos”, nos transforme en Él.Esta entrega debe ser total para que pueda ser real, y nuestro corazón, comodice un autor, “estará así encorazonado en el Corazón de nuestra Madre”, moldedonde vaciamos nuestro corazón en el de Cristo.
En los momentos de turbación, cuando lascosas salgan mal, suframos contratiempos y no sepamos atinar cómo salir deellos. Cuando todo es oscuro en torno nuestro, en fin, cuando la contrariedadnos abata, digamos confiadamente: “EN TI SEÑOR ESPERO, en el CORAZÓN DE NUESTRA MADRE: ¡NOSERÉ CONFUNDIDO!"
Y entonces, aplicando a nuestra Madre, lo quealguien escribiera del corazón de Jesús, podemos decir: “el Corazón de María esel tesoro de los que todo lo entregan; Ella da sus tesoros a quienes le dan lossuyos, porque nuestra Señora no quiere que sus criaturas la venzan engenerosidad.
¡Qué cambio tan ventajoso para nosotros! ¿Quéson nuestros pobres bienes espirituales comparados con la riquísima mina de eseCorazón Divino?
“Nosotros podemos ofrecer un regalo del mássubido precio: nuestro corazón. “Dios te quiere a ti mismo mas bien que tuofrenda”. “Dar el corazón es más que dar el oro del mundo, más que toda lamirra y todo el incienso del universo”. “María es la Reina del Cielo y de latierra por gracia, como Jesús es el Rey por naturaleza y por conquista; y comoel Reino de Jesucristo consiste principalmente en el corazón y en el interiordel hombre, según estas palabras: “El Reino de Dios está dentro de vosotros” ytambién el reino de laSantísima Virgen está principalmente en el interior del hombre,es decir, en su alma, y ésta es la razón porque Ella es, en unión de su Hijo,más glorificada en las almas que en todas la criaturas visibles, pudiéndola porconsiguiente, llamar con los santos: Reina de los corazones”.
SEMEJANZA DE ESTAENTREGA.
Y esta nuestra entrega será semejante al Fiat(SI) que pronunció Ella para que Jesús se encarnase y entonces el Verbodescenderá sobre nosotros y tomará allí posesión de nuestro corazón y denuestra alma por medio de la gracia y el Espíritu Santo se constituirá ennuestro Maestro y emprenderá la tarea de enseñarnos a formar juntamente connuestra Madre, a Jesús en nuestras almas y San José nos recibirá bajo suprotección (ya que todo debe hacerse bajo una paternidad), como a Jesús, y seránuestro padre nutricio y el Padre nos cubrirá con su sombra para que nada puedasepararnos de su amor y hará que todo contribuya a nuestro bien por medio de suProvidencia y lo santo que nacerá y se desarrollará en nosotros por nuestracontinúa entrega será llamado hijo de Dios, porque “tal es el amor que nos hamanifestado queriendo que nos llamemos hijos de Dios y lo seamos en efecto”,“Por manera que, si algún fiel tiene a Jesucristo formado en su corazón, puedeatreverse a decir: “Gracias mil a María; porque lo que yo poseo es su efecto ysu fruto y sin Ella jamás lo gozaría”.
A QUE SE EXTIENDE.
Mas esta, nuestra entrega, (la del corazón),para que sea perfecta no se contentará con vaciarse en este molde, sino que iráaún más lejos. Entregaremos nuestro cuerpo y nuestra alma con sus potencias,según Consagración, que luego haremos; el valor satisfactorio y propiciatoriode todas nuestras buenas acciones; todas las indulgencias que podamos lucrar yaquellos méritos que nos son propios e intransferibles, para que nuestra Madrelos emplee primeramente en bien de los demás y en segundo lugar los guarde ylos haga fructificar para nuestro bien, ya que a una sola cosa obliga estaConsagración, y que es como el centro de toda actividad: el entregarlo todo ypara siempre, a fin de que Dios disponga de nosotros y a renovar esta entregaen un abandono cada vez más completo a la voluntad del Padre, en el Corazón denuestra Madre. Proceder de otro modo sería coartar la obra del Espíritu Santo yponer coto a esa maravillosa diversa floración del mismo “que sopla dondequiere” y lo matiza todo de armonía con amplia libertad, que ayuda aldesarrollo de la propia personalidad y al logro de la fisonomía espiritual ysemejanza con Cristo que Dios ha previsto para cada uno y que al formar más lapropia personal individualidad, según el corazón de Dios, hace más fecunda laobra de la Iglesia, formadora de hombres perfectos, cada uno dentro de su modalidad, para gloriay alabanza de Dios.
Pedido.
¡Oh Madre mía! Yo quiero renunciar a mipropio espíritu para ser conducido “por” vuestro propio espíritu. Vuestroespíritu es el espíritu de Jesús; cuanto más decrezca mi propio espíritu, mayorserá la influencia del vuestro, y, por lo mismo, mejor seré por Jesús. Porque,Vos, Madre mía, no queréis conducirme por vuestro espíritu, sino para que mejorme gobierne el espíritu de Dios.
MADRE EN TUCORAZON MI CORAZÓN
TODO LO QUEESTOY HACIENDO Y ME PASA
Número 4
Hacemuchos años dejaba de aparecer la publicación “Cenáculos”. Así se titulaba la revistaque el Instituto Cenáculo de María, dio, por unos años, a la luz pública. Sufin era difundir la consagración a la Santísima Virgen,a través de la esclavitud mariana, para todos aquellos que se sintieranllamados a ello. Después de tantos años la hemos sacado del ostracismo con otronombre: “A María con Amor”. La perspectiva que nos dan los años, las vivenciasy sobretodo las experiencias acumuladas, nos permiten una claridad más diáfana.Nos ayudan a tener una visión mucho más clara de lo que significa para un almaentregarse a Jesús por María y, por medio de Ella, buscar el logro del idealque Dios tuvo al crearnos. No fue, sólo para que fuéramos alabanza de sugloria, sino que para ello nos hiciéramos semejantes a Jesucristo, llevando ennuestros corazones los sentimientos del suyo. Así nos transformamos eninstrumentos de bien, por los cuales Él puede pasar por nosotros haciendo elbien.
CAMINO A RECORRER.
Largoes el camino que hay que recorrer para realizar cada uno en su propia vida, elideal de Dios. Largo también el tiempo que nos lleva tener luz de pensamiento,gracias a la acción del Espíritu Santo, que es quien ilumina, esclarece, daimpulso y vigor para andar por este camino. Sabemos que el mismo no es fácil.Que ya desde sus comienzos está signado con la cruz, de acuerdo a las propiaspalabras del Maestro, que dice con sinceridad, que el que quiera ser sudiscípulo debe tomarla y seguirlo. Conocemos de sobra que la lucha más ardua seentabla con nuestro propio yo. Este viene herido por el pecado que, allá en lanoche de los tiempos, cometiera nuestro padre Adán. Sus secuelas las llevamosinsertas de tal forma dentro nuestro que mueve a compasión al propio Dios,luego del diluvio, y le hace exclamar que nunca más enviará una catástrofe detal magnitud sobre la tierra, visto que el corazón del hombre está inclinado almal desde su mocedad. Esa es la razón de la lucha de éste para alcanzar laperfección y para que los logros de Dios se manifiesten en cada uno de sushijos a los que amó desde toda la eternidad y previó para ello un grado degracia y de gloria que es, en definitiva, el gozo eterno junto a Él.
INICIO DE LA ESPIRITUALIDAD.
¿Cuáles pues el arranque o el inicio de la espiritualidad que venimos presentando enotros números? Hay un descubrimiento que hace el devoto de María, que busca através de Ella, su inserción en Jesús. Hace el hallazgo de que María es elcamino seguro para ir hacia Él, y que por otro lado, ese camino lo inició elpropio Jesús cuando a través del anuncio del ángel se entregó a Ella y graciasa la donación de María, por medio de su sí (fiat), tomó un cuerpo como elnuestro y un alma como la nuestra. Pudo, en razón de ello, nacer en el seno deuna familia, ser igual en todo a nosotros, menos en el pecado y, de esa forma,entregar a los hombres su mensaje de salvación. Compartió con María los largosaños de espera de esa hora en que comenzaría como enviado del Padre atransmitir la BuenaNueva. Este sería en definitiva el mensaje que dejaría atodas las generaciones, para que, cada una de ellas se encontrase con Él yhallase así, por Él, el camino de salvación. De este punto arranca nuestraespiritualidad. Si Jesús, quiso venir a nosotros por María. De Ella nacer,crecer en gracia y sabiduría hasta la adultez y al pie de la cruz tenerla. Quese hallase presente en el Cenáculo cuando llegara el Espíritu Santo. Que fueraMadre de la Iglesiay que los apóstoles y los primeros discípulos recibieran su acción y que losque venían llegando a recibir el mensaje de salvación, tuvieran la gratísimapresencia de María. De sus labios salía la sabiduría para enseñar la llegada aesta tierra del Señor, su vida escondida y sobretodo la perfección divina queemanaba de su persona y lo convertía en el Hijo amado del Padre a quien habíaque escuchar. Como Ella lo había escuchado largo tiempo, no trasmitía sino loque sus oídos oyeron, sus ojos vieron y sobretodo su corazón guardó y meditó.Esto lo daría luego a los que escuchaban, no sólo hablar con el amor de la Madre, sino con el fervor dela fiel discípula que lo había aprendido todo de Él. ¡Cómo no tener confianzaentonces en la donación personal a María, que transcribiremos más adelante!Ella, esposa fiel del Espíritu Santo, que por gracia del mismo se formó Jesúsen su seno, e indisolublemente unida a Él, acompañó al Maestro paracomprenderlo mejor, sobre todo después que Él se fue a los cielos. Ello le diola perspectiva total de la misión de Cristo, de lo que fue en Ella y de lo que la Iglesia, que recién nacía,iba a significar para los hombres de todos los tiempos.
RAZONES DE ESTE PROLOGO.
Comprenderáel lector la razón de este prólogo, antes de exponer en las páginas siguientesla consagración, para poder ir dando en sucesivas entregas, las nociones denuestro por qué, la vivencia de esta espiritualidad, y porque María representaun punto clave en nuestra vida de entrega a Jesucristo. Es por medio de Ella,que buscamos el ideal de Dios en nuestras vidas y queremos convertirlo, dentrode nuestras miserias, en realidad. Cada uno tiene su grado de gracia y cada unoestá llamado a una función diferente dentro del Cuerpo Místico de Cristo. PorMaría queremos llegar a ocupar plenamente ese lugar y ser de esa maneraalabanza de la gloria del Padre. Vayamos a la consagración.
Deconformidad a lo que hemos explicado en nuestro prólogo, como en númerosanteriores cuando hablamos de María como una Estrella en el Camino. Comonuestro gran medio. El Molde en el cual debíamos vaciarnos, vamos a pasar ahoraa decir como debe ser de palabra y por escrito nuestra entrega. A concretarlosi se siente llamado.
Madre:
Pongo mi corazón en eltuyo, para que allí Cristo, como en una nueva Anunciación, por medio delEspíritu Santo, tome completa posesión del mío y lo haga semejante al suyo,para que pueda amar y glorificar al Padre en mí y pasar de nuevo por el mundohaciendo el bien.
Entrego mi cuerpo encalidad de esclavo, mi corazón y mi alma con sus potencias, el valorsatisfactorio y propiciatorio de mis buenas acciones, todas las indulgencias,los méritos que me son propios e intransferibles, todas mis buenas acciones, atodos los que amo, todas mis faltas y pecados.
A SAN JOSE.
Ydespués, para imitar en todo al Divino Maestro, nos pondremos bajo laprotección de San José para que como lo fue de Jesús, sea nuestro Padrenutricio y así crezcamos bajo su protección en sabiduría y gracia delante deDios y de los hombres y acudamos a él en todas nuestras necesidades paraencontrar en su amparo, el remedio a todos nuestros males, según la voluntad deDios.
“SóloMaría es la que ha hallado gracia delante de Dios, ya para sí, ya para todos ycada uno de los hombres en particular; que ni los patriarcas, ni los profetas,ni todos los santos de la ley antigua pudieron hallarla” (Grignon de Montfort)
Ellaes según el mismo santo, la que al Autor de toda gracia dio el ser y la vida, ypor eso se llama Madre de laGracia.
MADRE, EN TUCORAZÓN MI CORAZÓN TODO LO QUE ESTOY
HACIENDO Y MEPASA
TODOlo que haga a su prójimo en cualquiera de las escalas que conforman su relacióncon nuestra vida. Todo acto de servicio, de amor, de entrega por su bien. Loque signifique vencer una repugnancia interior hacia otra persona. Aquello, quenos lleva a superar nuestra antipatía, nuestro deseo de alejarnos y todo,decimos nuevamente, cuanto signifique relación personal con quien representa aCristo ante nosotros por ser parte de su cuerpo Místico, hagámoslo diciendo:
A TI, SEÑOR,TE LO HAGO, SIN ESPERAR POR ELLO RECOMPENSA ALGUNA
Número 5
NUESTRA JACULATORIA.
Para que nuestra Consagración mantenga la actualidad, debe ser renovadaconstantemente, porque es la forma de mantener siempre ardiente el llamado ahacerla que por medio de María Dios nos otorgó.
En los números que hemos idodando a la luz, el lector habrá advertido que siempre hemos publicado en formadestacada una jaculatoria: MADRE EN TU CORAZÓN MI CORAZÓN, TODO LO QUE ESTOY HACIENDO YME PASA. En ella sintetizamos la renovación constante de esaconsagración. Cada vez que la decimos como veremos ahora, estamos haciendo unacto explícito de vivenciarla y al mismo tiempo actualizamos todas lasintenciones de la misma.
Cuandodecimos: Madre, en tu corazón mi corazón, no estamos sino haciendo realidad ennuestra vida el deseo íntimo de vivir en el Corazón de nuestra Madre. Ello nosindica que nosotros aceptamos estar allí y que en cualquier momento del día, elque uno quiera preguntarse: “¿Dónde estoy?”, pueda responderse con acierto queestá allí, en el corazón de laMadre que ha elegido por madre suya y en él vive. Está y esguardado por el amor maternal de María. Todo el que diga: Madre, en tu corazónmi corazón, no hace sino significar que vive en el sitio en que tiene queestar. Lo ha elegido por su morada desde el momento que libremente,voluntariamente y decididamente ha entregado su corazón y lo ha ubicado allípara siempre. Ha renovado su entrega. Cuando el que renueva su consagracióndiga: todo lo que estoy haciendo, no hace sino significar que entrega a María,colaborando en su obra de salvación de sus hijos extendidos por toda la tierra,todo el valor satisfactorio e impetratorio y meritorio de cuanto hace. Todo sutrabajo se convierte de esa manera en una fecunda floración de oraciones portodos los hombres, aunque no piense en ello. Esa ha sido y es la intención conque hizo la consagración. Todo lo ha entregado para que de esa manera, unidassus acciones a la de todos aquellos que colaboran en la misma forma en la obrasalvífica del mundo, se conviertan por la intercesión de María en una lluvia degracia sobre la tierra. Pero no es eso solo. Así como damos esa parte del valorde nuestras buenas obras para ser empleado a favor de los demás, damos tambiéna María, en cada jaculatoria, aquella parte de nosotros mismos que es nuestra,propia intransferible y que es la que hace aumentar nuestra gracia santificantepara que María la guarde, la defienda y la proteja como cosa y posesión suya.Esto nos hace decir que esa gracia de hacer hecho este acuerdo con María dedárselo todo para nosotros y para los demás, nos hace vivir en una continuadependencia de Ella, de forma que nada de lo que hagamos se pierda sino que porel contrario se transforme. Aún lo más pequeño, porque para Dios no haypequeñeces sino que la gracia todo lo transforma y lo embellece por limitadoque sea.
Cuandodecimos: todo lo que estoy haciendo y me pasa, no hacemos sino unaactualización de la entrega que hicimos de todo cuanto pueda ser un dolorfísico o anímico. Contradicciones, sufrimientos que el trato con los demás nosocasiona o el trabajo produce. Las angustias que puedan envolvernos. Lasincomprensiones que podamos suscitar. Todo aquello que viene a producir ennosotros ese algo que nos hace movilizar nuestra sensibilidad o al mismo tiemponos ocasiona incertidumbre con respecto a lo que estamos haciendo. Que a vecesnos deja en la duda con referencia al porvenir o a lo pronto que puede darse desufrimiento en nuestro ser. Si aprovecháramos todas las circunstancias que lavida nos produce. Si cada problema lo asimiláramos, no sólo para resolverlo, sise puede, sino también para convertirlo en el apostolado más eficaz que podamoshacer. Es precisamente el del sufrimiento unidos a Cristo paciente, sí, quepodemos decir que haremos la obra más espléndida de nuestra consagración, quees la de pasar por el mundo haciendo el bien. Recordamos que unidos a Cristopaciente, es como realizamos como Él la obra más eficaz de purificacióninterior y de cooperación para laIglesia y párale mundo, redimiéndolo, unidos a Cristo, con lopequeño o lo grande de nuestro sufrimiento.
Consagrado:vive todo el día tu entrega con la renovación perpetua de tu consagración. Tedas cuenta cuánto bien para ti mismo y para los demás puedes hacer, si tucorazón vive como una antorcha encendida dentro de tu ser. Si se va entregandoy consumiendo en una entrega continua que esta jaculatoria simple y sencilla teofrece. Pero lo que más haz de tener en cuenta es que vives en María y al viviren María estás viviendo en Jesús, porque Ella no puede darte otra cosa que no seaÉl. “Cuando tu dices: ¡María!, dice Grignon de Montfort, Ella dice Dios. Maríaes eco admirable de Dios, que cuando se grita: María, no responde más que Dios;y cuando, con Santa Isabel, se la saluda bienaventurada, no hace más queengrandecer a Dios”.
Repiteentonces, una y mil veces: MADRE, EN TU CORAZÓN MI CORAZÓN TODO LO QUE ESTOYHACIENDO Y ME PASA. Ya sabes porque tienes que decirla y ya sabes cuáles sonsus frutos y sus beneficios. El primero de todos es que te hace vivir deacuerdo a lo que dice el santo, en el párrafo anterior, en unión con Dios. Todatu vida estará envuelta en el infinito amor del Padre, en unión con Jesús y enla acción continua del Espíritu Santo que fecunda tu alma como fecundó el senode María.
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Hoyque estamos tan sujetos a los problemas de viajes, accidentes, dificultades detodo tipo en el tránsito. Que se enfrenta a la muerte constantemente, digamosal viajar, con fe y abandono, a nuestra Madre: MADRE: VAMOS EN TU CORAZÓ. MADRE: ESTOY EN TUCORAZÓN. PADRE MÍO SAN JOSÉ: BAJO TU PROTECCIÓN.
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ACLARACIONES A LA CONSAGRACION.
A QUIEN HACEMOS ESTA ENTREGA.
Laentrega que hacemos según lo publicado, no es sino a Jesús por María. Es elperfecto reconocimiento de lo que decíamos al principio, de que nuestraadoración al Padre debe ser en espíritu yen verdad, por cuanto es todo elhombre, con sus bienes naturales y sobrenaturales el que se entrega paraservirle.
CENTRO DE LAMISMA
Yel centro de nuestra entrega es nuestro corazón, porque en él significamos eldon de nosotros mismos.
Damosel corazón y lo hacemos con una doble finalidad: para que sea semejante al deJesús y luego para que Él pueda pasar de nuevo en nosotros haciendo el bien porel mundo. Lo primero va directamente enfocado hacia nosotros mismos, hacianuestra vida interior; lo segundo hacia los demás, como consecuencia de loprimero, ya que “el bien es difusivo de sí mismo” y lo realizamos principalmentepor la entrega de todas nuestras obras y de todos nuestros actos para que envirtud del dogma de la “Comunión de los Santos” redunde en bien de los otros. Yasí, por esta entrega nosotros constituimos un pacto, de modo que nos damospara que Jesús y María se den por nosotros y por nosotros Él se dé a los demás.Esta consagración traerá como consecuencia principal una devoción interior yprofunda. Interior, porque ataca directamente y hace que entreguemos la fuentede todos nuestros males y el origen de todos nuestros bienes, pues sobre él selevanta toda nuestra vida, que es nuestro propio yo.
VIRTUDES QUE NOS HACE PRACTICAR.
Ciertamenteque nuestra entrega, siendo en definitiva una entrega a la voluntad de Dios,hará florecer y como adorno de ella misma, todas las virtudes. Pero de unamanera especial hará que practiquemos cada vez con más perfección las tresvirtudes teologales, ya que ejercitando la fidelidad a las mismas y a nuestraentrega haremos crecer de día en día nuestra fe y viviremos en ella; viviendoen el deseo de nuestra transformación y de llegar a lo que Dios quiere denosotros, practicaremos la esperanza y renovando toda nuestra entrega por aamor a Dios y al prójimo, a quien queremos entregar todos nuestros méritos,creceremos cada vez más en la caridad. Se “ejerce la caridad de una maneraeminente, pues se da al prójimo por las manos de María, todo lo que se tiene demás caro que es el valor satisfactorio e impretatorio de todas las buenasobras, sin exceptuar el menor pensamiento bueno y el más pequeño ofrecimiento;conciente en que todas las satisfacciones que se han adquirido y las que hastala muerte se adquirirán, se empleen, según la voluntad de la Santísima Virgenen la conversión de los pecadores o en librar a las almas del purgatorio”. Así Grignionde Montfort. También en la mayor santificación de las almas buenas y santas quetanta gloria dan a Dios, añadimos, pues, “nos hace dar sin reservas a Jesús yMaría todos nuestros pensamientos, palabras, acciones y sufrimientos y todoslos momentos de nuestra vida, de modo que ya velemos, ya durmamos, ora bebamos,ora comamos, bien realicemos las más grandes acciones, bien hagamos las máspequeñas, siempre podamos decir que lo que hacemos, aún cuando en ello nopensemos, es siempre de Jesús y de María, en virtud de nuestro ofrecimiento, amenos que lo hayamos expresamente retractado”. Palabras del mismo santo.
Seráun excelente medio de practicar la verdadera pobreza de espíritu al darlo todoy no guardarnos nada para nosotros, abandonándonos al Providencia de Dios y suMisericordia.
Viviremospobres de espíritu para que con nuestra pobreza otros se hagan ricos en graciade Dios e imitaremos al Maestro que siendo rico se hizo pobre para que ennosotros sobreabundase la gracia.
SU FRUTO: LALIBERTAD.
Quienvive verdaderamente esta vida obtiene como fruto precioso de ella la libertadinterior porque vive en la verdad y da a Dios el culto por medio de ella y laverdad le hace libre. Por una paradoja, en la esclavitud mariana se encuentra lalibertad de sí mismo y de los demás por la donación que hace de sí propio, desu ser y de todas sus cosas a Dios nuestro Señor, en el Corazón de nuestraMadre, para hacer que toda su riqueza como decimos arriba, sean los corazonesde Jesús y María y por ellos Dios. “Cuando Dios llega a ser lo único necesariopara mí, entonces es también mi único Señor. Sé que cuando me hago esclavo dealguno para obedecer a su imperio, quedo esclavo de aquel a quien obedezco, seadel pecado para recibir la muerte, sea de la obediencia para recibir lajusticia. Ahora me emancipo de toda servidumbre y me hago esclavo de Diossolo”.
EXHORTACIÓN.
¡Oh,sí! “Abandonemos en María todo lo que nos pertenece, nuestro cuerpo y nuestraalma, nuestra sensibilidad, nuestra imaginación, nuestra inteligencia, nuestralibre voluntad, nuestros méritos. Que todo esto esté bajo su poder: que dirijanuestros pensamientos y nuestros deseos, que gobierne nuestra actividad. Seamosverdaderamente suyos, para ser totalmente de Dios”.
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MADRE: EN TU CORAZÓN MI CORAZÓN PARA QUE MIENTRASMIS OJOS DUERMEN, MI CORAZÓN VELE EN EL TUYO LATIENDO DE AMOR POR DIOS Y PORLAS ALMAS.
Número 6
MARÍA Y LACOMUNIÓN.
La consagración a la Santísima Virgendebe entrar, o tener su influencia, en todos los actos de nuestra vida ypenetrar los íntimos resquicios del ser. Nada escapa a la entrega ni a suinflujo, porque si así fuese, dejaría de ser total o nos habríamos reservadoalgo para nosotros mismos. Uno de los puntos neurálgicos en el cual semanifiesta nuestra donación, es en la Comunión. Comprenderáel lector, que si hay un momento en nuestra vida espiritual que tiene mayorsignificación en ella, es el instante en que recibimos a Jesús en la Eucaristía. Pesade nuestra parte lo difícil que es tener debidamente concentrado todo elinterior en ese acto por el cual el Maestro se dona totalmente a nosotros, y loarduo que es el hecho de tener concentrada toda nuestra atención, pararecibirlo con la unción que tal acto requiere. Pasan por nuestra mente todaclase de pensamientos. Venimos al altar quizá con el último problema que hemostenido y que conmueve nuestros sentimientos más íntimos. Vienen a nuestramemoria todos los hechos que en lugar de enfervorizarnos, ponen de relieve todala miseria que nos rodea, pero más que rodear, que anida dentro de nosotros. Nosin motivo cayeron en la exageración los jansenistas, que ponían tantasexigencias para recibir a Jesús. Es que siempre se consideraban indignos ynunca llegaba el momento de que se creyesen suficientemente capacitados comopara acercarse a la mesa del Señor. Tenían delante de sí, un hecho cierto: lamiseria del hombre frente a la santidad de Jesucristo. Pero se olvidaban de queCristo no había venido para los sanos, sino para los enfermos y como todosestamos en esa situación de alma, ya que estamos heridos por el pecadooriginal, e inclinados al mal, todos necesitamos de esa fuerza renovadora yenergizante que es la Comunión. Másque eso, buscamos la unidad, a través de la gracia, con el Cristosacramentalmente presente bajo las especies sacramentales. En lugar de ser todoello un obstáculo, se constituye en una necesidad la unión con el Cristo de la Comunión que,sacramentalmente presente, nos trae todas las gracias del amor, de la fuerza,de la luz, que a través de ella recibimos.
¿Qué tiene que ver en todo esto María? Es a lo que vamos.
Lo que importa pues es que, frente a este panorama, que en mayor o menorrealidad se da en nuestra vida para recibir a Jesús, pongamos medios concretosque nos ayuden a recibirlo cada vez mejor. Con más confianza. Con másseguridad. Y sobre todo con más deseo de sacar de la Comunión, el verdaderofruto que ella nos viene a traer. Vayamos entonces al momento en que nosacercamos a recibir a Jesús en la Eucaristía. Acérqueseel consagrado con los sentimientos más íntimos de humildad y arrepentimiento,si ve y siente que su interior no está lo suficientemente preparado para irhacia Cristo, y sobre todo, si experimenta en todo su ser el peso de su miseria.Tome confianza. Vaya a recibir al Señor en el Corazón de nuestra Madre.Encorazonado en Ella para que Ella por el influjo de la gracia que puedeobtener de su Hijo Jesucristo, nos prepare en paz y sencillez para recibirlo.Renuncie antes de recibirlo a su propio espíritu. Y luego, al recibir la Hostia, póngala deinmediato en el Corazón de la Virgen.Entréguelo a su amor, para que Ella lo adore y le de graciaspor nosotros. Dígale así: MADRE: PONGO A JESÚS EN TU CORAZÓN PARA QUE ALLÍ TU LOADORES Y LE DES GRACIAS POR MI, y abandónese totalmente al influjode María frente a Jesús. El silencio es la mejor palabra. “Ella lo recibiráamorosamente, le colocará dignamente, lo adorará profundamente, lo amaráperfectamente, lo abrazará estrechamente y le hará en espíritu y en verdadmuchos oficios que nos son desconocidos por estar nosotros envueltos en espesatiniebla”. Así Grignion de Montfort.
Haga la experiencia y verá que paz y que seguridad se experimenta cuandoa pesar de nuestras limitaciones, nosotros sentimos por nuestra parte elinflujo de Jesús Eucaristía, presente en nosotros, y de María envolviéndonos ensu Amor. Influencia que se seguirá sintiendo al abandonar la Iglesia, porque de esamanera sentimos en nuestro interior, no sólo lo que Jesús hace por lacomunicación de vida a través de su presencia, sino lo que María realizaguardándonos en su Amor y llevando en él, la presencia dentro nuestro a JesúsEucaristía.
“Acuérdate de que, cuanto más dejes a María obrar en la Comunión, tanto más seráJesús glorificado: y dejarás más obrar a María para Jesús y a Jesús en María,cuanto más profundamente te humilles y más los escuches con paz y silencio sinque te importe nada el ver, el gustar o el sentir; porque el justo vive en todode la fe, y particularmente en la SagradaComunión, que es el acto de fe más profundo”.
CONTINUNADO.
Siguiendo con el número anterior. Nos referiremos a las intenciones conque entregamos nuestro cuerpo y nuestra alma y luego nuestros bienes interioresy exteriores.
Entregamos nuestro cuerpo, pero al hacerlo no pedimos doloresextraordinarios ni pruebas, sino que aceptamos lo que cada momento y cada díanos ofrece. Si alguno se sintiera llamado a pedir dolores o pruebasextraordinarias, es al confesor o director a quien toca dictaminar si está encondiciones de hacerlo o no. Tampoco entendemos excluir de ningún modo lasmortificaciones que siempre han estado en uso en nuestra santa madre la Iglesia, sino que cada unousará de ellas según su libertad y el consejo de quien le dirige.
“Al consagrar a María nuestros sentidos y nuestro corazón hemos de hacercuenta que especialmente le consagramos la castidad y pureza de nuestra carne ycuerpo, deseando espiritualizarla, virginizarla y elevarla a esa vida todapura, toda casta y toda virginal que nos enseña singularísimamente nuestraMadre la Virgen2.
Al consagrar el alma a Jesús por nuestra Madre, es devolver al Señor pormedio de Ella el dominio de todo lo que dentro de nosotros le pertenece porderecho y por conquista y que le roban con tanta frecuencia nuestro orgullo ynuestro amor propio y el buscarnos a nosotros mismos en todas las cosas. Y alhacer la consagración de nuestro cuerpo y de nuestra alma con las intencionesindicadas ya en laConsagración, nos unimos y participamos de las tres pruebasque sufrió Cristo en su pasión: en su cuerpo, en su alma y en su honor, por laaceptación cotidiana de las pruebas que Dios permite que nos sobrevengan paranuestro bien, en cada uno de estos aspectos.
Y nos entregamos completos, (nuestro cuerpo y nuestra alma) con todo suhaber y su poseer, para desarrollar y adquirir la verdadera piedad, porque “elcuerpo de la piedad, (el conjunto de nuestra vida interior) se compone demiembros; estos miembros son todos y cada uno de los conocimientos de miespíritu, todas y cada una de las virtudes de mi corazón, todas y cada una delas acciones de mis fuerzas. No hay manifestación alguna de la vida humana queno pueda y no deba ser un miembro del cuerpo de la piedad”.
NUESTROS BIENES INTERIORES Y EXTERIORES.
Al hacer entrega de nuestros bienes interiores y exteriores, para queDios nuestro Señor los use por intermedio de nuestra Madre, lo hacemos con laintención de que el Señor quiera usarnos como instrumentos de misericordia suyaen medio de los hombres. El puede o no, aceptar nuestra entrega, pero encualquiera de los dos casos queda igualmente glorificado por la donacióncompleta que le hacemos de todo nuestro ser.
Resumiendo, podemos decir que “entregamos todo lo que tenemos en elorden de la naturaleza y de la gloria y todo lo que podemos tener en lovenidero en el orden de la naturaleza, de la gracia o de la gloria, sinreservarnos nada, ni un céntimo, ni un cabello ni la más pequeña acción. Y estopor toda la eternidad y sin pretender ni esperar ninguna recompensa de suofrecimiento y servicio más que el honor de pertenecer a Jesucristo por Ella yen Ella, aún cuando esta amabilísima Señora no fuese como en realidad lo es lamás liberal y agradecida de las criaturas”. De modo que para nosotros, todanuestra riqueza, todo nuestro poseer son los corazones de Jesús y de María, enlos cuales hemos puesto todo lo nuestro para que Ellos nos den lo suyo y esoconstituya toda nuestra riqueza. La ofrenda que por la perfecta consagraciónhacemos a la Virgen,y por Ella a Dios de todas nuestra acciones pasadas, presentes y futuras y detodo su valor impetratorio y satisfactorio, nos desposee de todo: es larealización, de cuanto puede hacerse fuera de los votos de la vida religiosa,de las palabras de Jesús: “El que no renuncie a todo lo que posee, no puede sermi discípulo”. “Cuanto más el hombre se vacía de sí mismo, tanto más le llenaDios2.
Y finalmente, es un prueba grande deamor que damos a Dios nuestro Señor, porque renunciamos realmente cada día atodo y a nosotros mismos, para darlo a los demás, y “nadie tiene amor másgrande que aquel que da la vida por sus amigos”. Y damos la vida, dándole todo,momento a momento, paso a paso en el correr de cada día en un completoabandono, entregándolo todo en manos de Jesús por María y abandonando aún en elCorazón de nuestra Madre, nuestra vida espiritual y nuestro crecimiento enElla.
PARTICIPACION DE LA FE DE MARÍA.
Lo que vamos a citar pertenece a san Grignion de Montfort y suyas son estaspalabras: “La Santísima Virgente hará participar de su fe, la cual ha sido en la tierra mayor que la de todoslos patriarcas, los profetas, los apóstoles y todos los demás santos. Ahora quereina en los cielos, ya no tiene esa fe, porque ve con claridad todas las cosasen Dios, por la luz de la gloria. Sin embargo, añade el santo, con elconsentimiento del Altísimo. Ella no la ha perdido al entrar en la gloria, sinoque la ha conservado para guardarla en la Iglesia militante a sus fieles ciervos y ciervas.Cuando más ganes, pues, la benevolencia de esta augusta Princesa y Virgen fiel,tanto mayor será la pura fe que guiará todos tus actos; fe pura tal, que haráque apenas atiendas a lo sensible y extraordinario; fe viva y animada por lacaridad, en virtud de la cual no realizarás tus obras más que por el motivo depuro amor; fe firme e inquebrantable como una roca, por la cual permanecerásfirme y constante en medio de las tempestades y tormentas; fe efectiva ypenetrante, que, como misteriosa ganzúa, te permitirá la entrada a todos losmisterios de Jesucristo, en los fines últimos del hombre y en el corazón delmismo Dios; fe valiente, para emprender y llevar a cabo sin titubear, grandescosas por Dios y por la salvación de las almas; fe, en fin, que será tuantorcha encendida, tu vida divina, tu tesoro escondido de la divina Sabiduría,tu arma omnipotente de todo lo cual te servirás para alumbrar a los que estánen las tinieblas y sombras de la muerte, para abrazar a los que son tibios yhan menester el oro encendido de la caridad, para dar la vida a los que estánmuertos en el pecado, para tocar y derribar, por tus palabras dulces ypoderosas los corazones de mármol y los cedros del Líbano, y, en fin, pararesistir al diablo y a todos los enemigos de la salvación”.
Número 7
PARA QUE PASE HACIENDO EL BIEN.
NuestraConsagración es el acto por el cual nosotros poníamos, si lo hacíamoslibremente, nuestro corazón en el Corazón de nuestra Madre, para que allí,Cristo, por medio del Espíritu Santo, como en una nueva Anunciación, tomasecompleta posesión del nuestro y lo hiciese semejante al suyo, para que pudieseamar y glorificar al Padre en nosotros y pasar de nuevo por el mundo haciendoel bien. En el número 6 dijimos cómo comulgar de acuerdo al espíritu de nuestraentrega a Jesús por María. Hoy, vamos a ver, como colaborar con Jesús para queÉl pueda pasar por nosotros haciendo el bien. Lo haremos a luz de la Comunión, en la cual,Cristo, se nos brinda todo y nos da la posibilidad de que nosotros nos demos aÉl, de tal forma que le abramos el camino, para que pase por nosotros haciendoel bien. Decíamos en el último número ya citado, que vista la miseria denuestro interior para recibir dignamente a Jesús, una vez recibido, lopusiéramos en el Corazón de nuestra Madre. Que lo entregáramos a su amor, paraque Ella lo adorase y le diese gracias por nosotros. Vayamos ahora más haciaadelante y demos un paso más decisivo. Las especies duran en nosotros hasta queson asimiladas por nuestro organismo y entonces, y sólo entonces, Jesús, comoverdadero hombre, permanece en nosotros. Queda en nuestro interior el Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.Aprovechemos esta circunstancia para suplantar, si así pudiéramos decir, aCristo Hombre, entregándole, antes de retirarnos a nuestras casas, todo nuestroser como una “humanidad suplementario” para que use y pase a través de nosotroshaciendo el bien. Vivenciamos profundamente esta expresión de una monja santa,Sor Isabel de la Trinidad,que al unirse a Cristo en laEucaristía, en el momento de disolverse en ella las especiessacramentales, bajo las que oculta la divina presencia Dios Hombre, le suplicaque reemplace su santa humanidad por la pobre humanidad de su sierva y que obrea través de ella.
EL COMPROMISO.
Esto que puede parecer algo muy difícil, no es sino la colaboracióníntima del alma con Cristo para hacer realidad en nosotros lo que decimos en laconsagración: que pase por nosotros haciendo el bien. Nos crea, indudablemente,un compromiso. El cristiano debe obrar de acuerdo con esta donación, de talforma que sea un obstáculo, sino un auténtico instrumento que Dios use, parapasar por nosotros haciendo el bien. Si nosotros multiplicáramos las almas queen verdad se dan con generosidad para vivir auténticamente su bautismo,profundizar su vida cristiana, que se entregan a Él en la Comunión, indudablementeque se daría un aporte extraordinario de cristos que pasan por el mundohaciendo el bien. Cada uno que hace donación generosa se convierte por el hechode darla en un genuino instrumento de bien y realiza plenamente los términos dela consagración que emite, cuando siguiendo generosamente el llamado de Dios,se entrega todo a Jesús por María. El compromiso, a no dudarlo, crea unesfuerzo de conquista de sí mismo, para ser fiel a Cristo en el Corazón denuestra Madre y para que en ese Corazón, Él pase por nosotros haciendo el bien.
LA IRRADIACIÓN.
Cuando escribimos sobre nuestra jaculatoria: “Madre en tu Corazónnuestros corazón todo lo que estamos haciendo y nos pasa”, dijimos de ella quenos daba la oportunidad de renovar nuestra Consagración, de hacer de todonuestro día, a través de su renovación, un verdadero espíritu de oración. Porél colaboramos entregando, no sólo nuestro interior con nuestro corazón, contodo lo que estamos haciendo en el momento que decimos la jaculatoria y lo quenos pasa en nuestro cuerpo y en nuestra alma, como también con los que nosrodean. Pero ahora vamos más profundo. No sólo a ser instrumentos de oración queindudablemente hacen el bien, ya que se lo damos a María todo, para que Ella loconvierta por la gracia en una lluvia de rosas sobre la tierra. Aprovecha todoel mérito impetratorio que nuestra jaculatoria tiene y nuestro corazón nosdicta. Pero ahora vamos a otro aspecto fundamental: la irradiación de Cristopor medio de nuestra entrega generosa a Él en la Comunión, para que Él,por nosotros, pase haciendo el bien. Son dos aspectos fundamentales: unorenovación constante de nuestra consagración por medio de la oración, quenuestra jaculatoria nos lleva a realizar. El otro, ser humana y auténticamentea través de nuestro ser y por medio de Cristo, un instrumento de bien.
COMO UN IDEAL.
No escapa al lector que todo lo que venimos diciendo ahonda en nosotrosun ideal. Ese ideal es el que descubrimos un día al entregarnos como Jesús aMaría en la Encarnación,para allí adquirir una semejanza espiritual con Cristo como Él logró en su senola naturaleza corporal. Pero esa imagen espiritual de Cristo tiene que irsemanifestando cada día más y esa manifestación se lleva a cabo por esa donaciónque hacemos en cada jornada, o cada domingo para toda la semana, de que Jesúspueda pasar por nosotros haciendo el bien en el Corazón de nuestra Madre. Einsisto en esto: en el Corazón de nuestra Madre. Es que allí es donde nos hemospropuesto alcanzar la semejanza espiritual con Cristo, quien por medio delEspíritu Santo nos ha de tallar o formar semejantes a Él. Así lograremos serinstrumentos de bien. Vuelvo a decir: estamos frente a un ideal que iluminanuestra vida y cuando nuestra vida está iluminada por un ideal, se transfigura.Se da uno razón de todo lo que realiza y enfoca a un punto determinado todoslos hechos de su existencia que tienen esa brújula que despierta el ideal.
CONSECUENCIAPRÁCTICA.
Todo nos lleva a una consecuencia práctica. Esta es la de que ennosotros aparezca lentamente las virtudes de Cristo, que serán el reflejoexterior de nuestra unión interior con Él. El amor, la paciencia, la fortaleza,la mansedumbre, la humildad, la generosidad, el espíritu de sacrificio, lahonestidad y demás virtudes, la sonrisa en nuestro rostro, nos llevan amanifestar siempre al Señor. Todo hará que nuestra vivencia, en el Corazón denuestra Madre, sea una constante para lograr nuestro objetivo: nosotrosviviendo en el Corazón de nuestra Madre, instrumentos de Cristo, por el que Élpuede pasar en cada uno de nosotros haciendo el bien.
No pienses en tu miseria. Lo débil del mundo eligió Dios para confundira los fuertes.
Después que hayas recibido a Cristo y puesto en el Corazón de nuestraMadre, entregado a su Amor y adorado junto con María, en silencio, dile, antesde partir de la iglesia de ésta u otra forma, que concrete nuestro ideal dedarnos a Jesús, para que Él pueda pasar por nosotros en el mundo haciendo elbien:
SEÑOR: TE ENTREGO TODO MISER COMO UNA HUMANIDAD SUPLEMENTARIA, PARA QUE TU, DURANTE ESTE DÍA, O ESTASEMANA, PUEDAS PASAR POR MÍ HACIENDO EL BIEN. TE DOY MI INTELIGENCIA, MICORAZÓN, MI VOLUNTAD, COMO INSTRUMENTOS TUYOS PARA QUE TU PASES POR MI.
PARA GLORIA DE DIOS.
Este será el fin esencial de nuestra Consagración y de nuestra entrega,porque es el fin esencial de nuestra existencia, ya que para eso nos creó elSeñor, para que fuésemos la “alabanza de su gloria”. Buscarla, no es sinocumplir con el fin para el cual hemos sido creados y nuestra entrega “es unacto de religión profunda, por el cual el alma abismándose en su nada, rinde aDios humilde homenaje de cuanto es y cuanto ha recibido”. Como los términos deesta consagración lo atestiguan, este homenaje es total, porque nuestradependencia es absoluta y nuestra ofrenda sin reserva. Del Corazón Purísimo deMaría, donde lo depositamos, como en un incensario vivo, sube hasta Dios enreconocimiento de su dominio soberano. Puede decirse que todos nuestrossacrificios de orden interno y privado, es en esta consagración el másexcelente que realiza en toda su plenitud la adoración en espíritu y en verdad,que es, en fin, eco fiel del “he aquí la esclava del Señor”.
QUE ES DARLEGLORIA.
Darle gloria, será darle o devolverle nuestro ser todo entero paraemplearlo únicamente en su servicio en el estado a que fuimos llamados.“Dedicar a su conocimiento, a su amor y en su servicio los recursos de vida quehay en mí, y por el empleo de mis facultades intelectivas, volitivas y activas,referir a Él mi ser entero”. Es usar y hacer fructificar los talentos que Éldepositó en nuestro cuerpo y en nuestra alma, para que con ello lo conociéramos,amáramos y sirviéramos. Así, entonces, todo en nosotros por esa entrega real yefectiva cantará la alabanza de su gloria, en agradecimiento a su bondad quenos hizo participar libremente de lo que otros seres de la creación por faltade entendimiento están obligados a hacer por necesidad o por instinto.“Contemplad el universo que nos rodea: todas las criaturas dan gloria a Dios,cada cual a su manera; pero esa misión la cumplen únicamente en cuanto seconforman con las leyes que regulan su naturaleza. Los astros de los cielosalaban a Dios en silencio, en sus movimientos armoniosos a través de losespacios inconmensurables”; las aguas de los mares alaban a Dios “conteniéndoseen los límites que Dios les ha señalado”; igualmente la tierra, “en cuanto alas leyes de su estabilidad”; los arbustos, dando sus flores y frutos según suespecie, en las estaciones; los animales siguiendo el instinto que en ellos hadepositado el Creador.
Cada orden de seres tiene sus leyes especiales, que regulan su existenciay que manifiestan el poder y la sabiduría de Dios y constituyen cada cual unamanera de alabanza a su gloria. Por eso exclama el real Profeta: “¡Oh Señor!,¡cuán admirable es tu nombre en toda la redondez de la tierra!”. Por último elhombre, a quien el Señor hizo rey de la creación, tiene también leyes quedeterminan su naturaleza y actividad como criatura racional. El hombre, lomismo que todas las criaturas, ha sido creado para glorificar a Dios; pero nodará gloria a Dios sino ejecutando actos conformes a su naturaleza, de modo queresponda así al ideal que Dios formó al crearle.
Sólo de esa manera le dará gloria aDios y le será agradable”.
EL POR QUE.
Y decimos que es en laConsagración hecha y vivida que damos a Dios, Uno y Trino, laperfecta gloria y alabanza, según lo acabamos de ver. Libremente, entregamostodo lo que constituye al hombre capaz de hacer actos conformes a sunaturaleza. Y lo devolvemos, comprometiéndonos a usarlo únicamente en suservicio, puesto que le damos el cuerpo con sus sentidos “como una hostia viva,santa y agradable a sus ojos, que es el culto racional que debemos ofrecerle”.
Y como a vista de nuestra debilidad y nuestras miserias nos sentimosincapaces por nosotros mismos de alcanzar el fin y el ideal de nuestraConsagración, es que nos entregamos totalmente para poder lograrlo, y, ennuestra Madre, procuramos por la misma entrega que de otro modo rendiríamos tanimperfectamente.
Le damos nuestra alma con sus facultades, porque el precepto del Maestronos manda: “Amarás al Señor tu Dios con toda el alma, con toda tu mente y contodo tu corazón”. Nos comprometemos a hacer real y efectiva esta entrega,viviendo una “Vida de Consagración” en el Corazón de nuestra Madre, comoveremos más adelante. Queremos desarrollar para nosotros y para los demás lasriquezas que Dios nos dio, porque nuestros talentos tienen también un sentidosocial. No nos los entregó sólo para nosotros, sino también para los demás.“Santa Catalina de Sena advierte a menudo en El Diálogo, dice el padreGarrigou-Lagrange, que laProvidencia nos ha dado a cada uno cualidades muy diferentespara que nos ayudemos mutuamente y tengamos ocasión de practicar la caridadfraterna”, y a fin de que en unión con todo el Cuerpo Místico contribuyésemosal crecimiento total del mismo y así procurásemos cumplir lo mejor que podemoscon el “amarás a tu prójimo como a ti mismo y por amor de Dios”.
Número 8
EN EL CORAZÓN DE NUESTRA MADRE
Al comenzar este número, queremos advertir al lector que todos los que venimospublicando y publicaremos, en el futuro estarán íntimamente relacionados losunos con los otros. Cuanto más vamos remontando la cuesta más claro se ve desdela altura lo que va quedando atrás y más atractiva la belleza del paisaje. Asíha de suceder en la medida que vayamos escalando nuestra espiritualidad. Conmás claridad vamos a ir viendo la entrega a Jesús por María. Descubriremos laprofundidad de la entrega y nuestro corazón se regocijará de vivir en elCorazón de nuestra Madre, ya que allí tendremos todo nuestro tesoro. De él,como dice Jesús, podremos sacar todo lo bueno que se logra ver, porque allíestá nuestra riqueza y el que tiene un tesoro tiene abundancia de bienes que nose agotan, sino que de él saca todo lo que ha de colmar su vida espiritual.María no puede dar otra cosa que sea Dios y sólo eso podremos sacar de suCorazón. Decir Dios es decir Padre, Hijo y Espíritu Santo. Decir Dios es decirJesús, Dios y hombre verdadero. Decir Dios, es decirlo todo.
Nada escapa a esta Consagración, porque desde el punto de vista de Maríavemos todo lo demás. Desde la visión de María, Dios veía todo lo que luegohabría de suceder con su famoso “fiar” – sí - . Sin él no se hubiese podido darla Encarnaciónni toda la revelación consiguiente, que Jesús nos hizo de Dios como Padre y dela acción del Espíritu Santo. De su existencia y la de la Trinidad. Ella era una piezaclave en la Redencióny por ello fue tan necesaria. Partimos de María, como Jesús. En Ella encontrótodo en el momento de laEncarnación y desde Ella arrancó todo. ¿Qué de extraño tieneque nosotros partamos de Ella, no porque sea necesaria absolutamente, sino porel simple hecho de que hacemos como Jesús? Todo lo empezó por Ella.
Toda nuestra vida se desarrolla en María. Su Corazón es el ámbitonatural donde vamos a lograr nuestra transformación en Jesús. Como Jesús, queen su seno, logró en Ella un cuerpo como el nuestro y un alma como la nuestra.De allí nuestra insistencia en hacer todo en el Corazón de la Virgen, donde estamos “encorazonados”:En María, con María, por María.
Nuestro alumbramiento tendrá consumación en el momento de la muerte enel que seremos dados a luz para la eternidad, con la esperanza de Cristo quehayamos logrado. De allí que en Ella estamos, en Ella vivimos y en Ella somos.En Ella, que al recibir primero al Verbo en su Corazón inmaculado, merecióluego recibirlo en su seno virginal. No es una exageración de nuestra parte.Nosotros hemos elegido para conformarnos con Jesucristo, el mismo camino que Éleligió. Y el eligió antes el Corazón yluego el seno de su Madre para venir. Nosotros, su Corazón, para lograr unasemejanza con Él. Un feto no sale del seno de su madre antes de sualumbramiento y si lo hace, pasar a ser un aborto. Tiene necesariamente quevivir en su madre para hacerse hombre o mujer. Tenemos – si hemos elegido estecamino – que vivir necesariamente en el Corazón de nuestra Madre, entregados asu amor, para alcanzar la semejanza con Cristo. No es que no existan otroscaminos para ir hacia Él. Nosotros, vuelvo a decir, hemos elegido éste,llevados por la imitación de Jesús, que fue el primero que lo eligió. Es unacto de fe y de confianza en la maternidad de María, que en este hechoencuentra su pleno cumplimiento y realización.
Lo que parece desdeñable a los ojos de los hombres, es sabiduría a losojos de Dios y vivir siempre en María, por nuestra unión con Jesús, es ir aalcanzar por Ella el deseo del Padre: “que seamos conformes a la imagen de suHijo”. Los que vamos por este camino declaramos enfáticamente que solos nopodemos alcanzar ese deseo del Padre. Sí, en María. A Ella la constituyó Cristopor Madre nuestra, y le dio para ejercerla su amor maternal y su omnipotenciasuplicante que la hace capaz de lograr para nosotros, en su Corazón, dealcanzar, lo decimos nuevamente, uno de los fines del Padre al crearnos: “quefuésemos, conforme a la imagen de su Hijo”.
De allí que en María, volvemos a repetir, estamos viviendo y somos comoel ser en gestación lo es en el seno de su madre. En Ella estamos; en Ellavivimos; en Ella somos.
Una forma de vivenciar este hecho permanente de vivir siempre en elCorazón de nuestra Madre, es decirle a María en repetidas oportunidades MADRE ESTOY EN TUCORAZÓN, VIVO EN TU CORAZÓN, SOY EN TU CORAZÓN. Ello actualiza elhecho de vivir permanentemente en el Corazón de nuestra Madre para lograr allí,por la acción del Espíritu Santo, nuestra semejanza con Cristo.
Número 9
NUESTRAS JACULATORIAS: SU IMPORTANCIA.
Hay distintas formas por las cuales el alma eleva durante el día sucorazón hacia Dios. Una de ellas son las jaculatorias. Oraciones breves yfervorosas. Elevaciones del alma, que de esa forma, permanece unida a Dios yactualiza constantemente su unión con Jesús y María. Las jaculatorias son unmodo. Existen los suspiros, las miradas a una imagen, los actos de amor por loscuales el alma se abre hacia el Señor. Las miradas dirigidas a nuestro interioren las que el ser, adora allí al Creador. Todo lo que el amor humano ejercitaen su fuego, el amor divino lo lleva a cabo de un modo humano, pero que lotransforma entero en Dios. Con las jaculatorias el alma repite una y mil vecesdichos aprendidos o elevaciones del corazón, que son como piropos que dirigehacia Dios. Tienen la virtud de que se pueden decir en cualquier lugar ycircunstancia. Mantienen el alma unida con Él y su elevación constante setransforma en una forma de respirar. Las jaculatorias se dicen caminando;cuando se hace un alto en el trabajo; antes de dormir, si uno se despierta durantela noche, viajando en un auto o yendo en “micro”. El lugar no interesa. Laforma tampoco. La posición menos. Lo que importa es levantar la mente y elcorazón a Dios, por medio de las jaculatorias, que nos hacen vivir en elCorazón de nuestra Madre, en unión íntima con Jesús, entregados al EspírituSanto y bajo la mirada del Padre.
¿Qué puede tener de extraño entonces que publiquemos en nuestra Hojadistintas jaculatorias y decires, para hacer vivir la Consagración? Porellas nosotros extraemos el jugo que cada uno resume de lo que hacemos o nospasa. Mantienen en vilo el alma para que por ese medio, y aprovechando lasocasiones y los momentos, saque de ellos el fruto apetecible que essubsistencia para el alma y da claro sentido a la vida que se vive en elCorazón de nuestra Madre. Saca fruto propicio de todo: cuando trabaja, cuandoduerme, cuando sufre, cuando es feliz y cuando se angustia, en todo y de todoextrae fruto y lo aprovecha para vivir en el Corazón de la Virgen en unión íntima conJesús. Por ella busca lograr la configuración con Él y hace de toda su vida unavida de oración. Es un modo de conversar con Dios sobre cualquier cosa que nosacaece. Por eso abarcan tantos aspectos y lentamente las vamos dando a luz.Toman todo el hombre y todos sus hechos.
SUGERENCIAS.
Nosotros sugerimos como hacerlas. Cada uno extrae el sumo y lo bebe,dentro de nuestro espíritu, siguiendo los dictados de su corazón.
Debemos repetir las jaculatorias con todo el corazón. Con amor. No deuna manera mecánica, como alguien que las contase y las repitiese por rutina,sino a medida que se presenta la ocasión. Es el corazón el que habla, la menteque se eleva. Es Dios el centro de nuestra vida, en el Corazón de nuestraMadre. Las jaculatorias nos ayudan así a alcanzar una profunda vida de oracióny a vivir más unidos a Él, a Jesús y María. Continúa la acción de nuestra oración personal, el fruto de la Comunión, de nuestraentrega a Jesús para que Él pase por nosotros haciendo el bien. Esto lo hemosexpuesto.
FIDELIDAD A ESTA PRÁCTICA.
Si somos fieles a la práctica de las jaculatorias, al terminar cada díanos vamos a encontrar estrechamente unidos al Señor, en el Corazón de nuestraMadre, donde lo hemos pasado. Más llega el momento -¡y ojala llegue!- en que elalma vive más íntimamente unida a Dios y no necesita ya las jaculatorias, sinoque con una elevación del corazón lo manifiesta. Con sólo cerrar los ojos lodice. Con mirarlo lo repite. Es que el alma vive en Dios y con Dios ya no senecesitan las palabras, sino que con sólo mirarse con Él, lo declara. Seria unpaso trascendente en nuestra vida espiritual este logro, que con esto entra enuna etapa superior de la oración. El amor no siempre necesita decir. Con sólo mirar y amar, con sólo cerrar losojos, todo lo puede repetir o decir.
ELEVACION DEL ESPIRITU.
Elevemos nuestro espíritu por medio de jaculatorias propias ypenetrarnos profundamente del espíritu de la Consagración. Quenos recuerden donde está nuestro corazón y de esa forma vivir “encorazonados”en María. Las jaculatorias hacen continua nuestra vivencia y místicamente realel hecho de ser allí, de estar allí y de vivir allí. Son propias de laespiritualidad que vivimos y llevan el espíritu del Evangelio y nos ayudan avivir más y más en el Corazón de nuestra Madre, que como ya hemos visto es ellugar donde hemos puesto el nuestro y allí existimos. Centro de nuestrasjaculatorias es la que hemos comentado MADRE EN TU CORAZÓN MI CORAZÓN, TODO LOQUE ESTOY HACIENDO Y ME PASA. Por ella renovamos nuestra Consagración yvivenciamos continuamente nuestra entrega.
Cuando te aplaudan, te alaben, sientassatisfacción íntima por algo que te ha llenado de gozo, sigue el consejo deJesús y allí di en tu interior:
SIERVO INUTIL SOY, LO QUE DEBI HACERHICE, y añade: en el Corazón de nuestra Madre.
¿DÓNDE ESTÁ MI CORAZÓN?
Todo lo hacemos allí. En María. Nuestra investigación tiene queconsistir durante el día en cuál es nuestra actitud en ese Corazón. ¿Dóndeestá? ¿Allí o anda en cualquier parte? Todos los movimientos que operan sobre él,las tensiones a que está sometido y que considera en ese momento. Pararectificar sus errores y aprovechar todas las coyunturas, están lasjaculatorias que sacan fruto de todo y nos sirven para encauzarlo todo a lagloria de Dios.
Por ellas, dirigidas todas a orar con nuestro corazón, en todo, en elCorazón de nuestra Madre, podemos darnos cuenta enseguida donde está nuestrocorazón, ya que en todos los momentos del día, extraemos el sumo de lo que nospasa o sucede. Todo él, sabemos donde está nuestro corazón. “Es un golpe devista. Es simple y rápido: sería preciso –dice un autor- que el alma no tuvieseidea alguna de su interior, ningún hábito de entrar dentro de sí misma para nodarse cuenta de ello”. En Ella estoy, en Ella soy y en Ella vivo. Es suCorazón. El corazón es el centro más íntimo de uno mismo y buscar el corazón espenetrar en lo más recóndito de nuestro interior: “unas veces veré que ladisposición que me domina es el ansia de aplausos, o el deseo de alabanza, o eltemor de una censura; otras veces es el desabrimiento, nacido de unacontrariedad, de una conversación o de un proceder que me ha mortificado, obien el resentimiento, procedente de una reprensión agria y dura; otras veceses la amargura producida por la suspicacia, o el malestar mantenido por unaantipatía, o tal vez la cobardía inspirada por la sensualidad, o el desalientocausado por una dificultad o un fracaso; otras veces es la rutina, fruto de laindolencia, o la disipación, fruto de la curiosidad y de la alegría vana, etc.,o, por el contrario, el amor de Dios, la sed de sacrificio, el fervor encendidopor un toque señalado de la gracia, la plena sumisión a la voluntad de Dios, elgozo de la humildad, etc., buena o mala, lo que me urge averiguar es cual seala disposición principal y dominante, porque hay que ver el bien lo mismo queel mal, pues lo que se trata de conocer es el estado del corazón: es precisosque vaya directamente a examinar el gran resorte que hace mover todas laspiezas del reloj”.
EL GOLPE DE VISTA.
Todas las jaculatorias están dirigidas a hacerlo todo y vivirlo en elCorazón de nuestra Madre. Allí vivimos. Allí estamos. Allí somos. Así decíamos.Lo que importa es saber donde está el corazón, que ya sabemos por nuestraentrega, que está en el de María. Pero esa mirada a nuestro interior, ese decirque decimos, nos lo recuerda que está en María, donde un día lo pusimos.Tenemos que verificar si está allí. En todos los vaivenes del corazón, esdifícil mantenerlo inalterable y con toda confianza, en el Corazón de nuestraMadre. Los embates coletean para tenerlo intranquilo. “Para hacerme cargo yapoderarme de él me hago esta sencilla pregunta: “¿dónde está mi corazón?"En el instante mismo en que me pregunto eso, tengo la contestación dentro demí. Esta pregunta me hace dirigir un golpe de vista rápido sobre el centro másíntimo de mí mismo, y enseguida veo el punto saliente; presto el oído al sonidoque da mi alma, e inmediatamente recojo la nota dominante: es un procedimientointuitivo, instantáneo. No hay necesidad de investigaciones de la inteligencia,de esfuerzos de la voluntad, de ejercicios de la memoria: veo y comprendo. Esun golpe de vista. “Un abrir y cerrar de ojos”.
LAPREGUNTAÍNTIMA.
Una pregunta íntima, volvemos a decir, debemos hacernos en cualquierlugar y momento del día: “¿Dónde está mi corazón?”. El que renueva nuestrajaculatoria: MADRE EN TU CORAZÓN MI CORAZÓN, TODO LO QUE ESTOY HACIENDO Y MEPASA. Cae de su peso que a través de ella sabemos donde está nuestro corazón.Cuanto más perturbado está éste, más debemos estar en el Corazón de María, pornuestra unión con Jesús, para encontrar allí la paz y dar mayor dimensión anuestra vida espiritual y ello se adquiere con nuestra jaculatoria, dichaprofundamente, con todas las fuerzas de nuestro ser.
DE NUEVO EL GOLPE DE VISTA.
Volvamos al golpe de vista. Este produce en nuestro interior grandesefectos, pues mantiene o restablece, según los casos, en la única vía y dirigeal único fin la resultante de las fuerzas del corazón. Y de hecho, nada se leescapa, puesto que se apodera del centro de todo. El centro es el corazón, enel Corazón de María. “Cuando por los cien pequeños agujeros- dice bellamente elPadre Tissot- de una regadera, salta el agua como de un surtidor, ¿no sería untrabajo largo y penoso ir cerrando, uno tras otro todos los agujeros parasuprimir dicho surtidor? Y si un poco más abajo hubiera una llave que bastaríacerrar para suprimir de un solo golpe la salida del agua, sería insensatofatigarse en cerrar los pequeños agujeros, tanto cuanto que nos expondríamos aque volvieran a abrirse unos a medida que cerrábamos los otros. El que en suexamen se detiene en detalles y en lo externo pierde el tiempo cerrandopequeños agujeros… el golpe de vista interior cierra la llave del agua.Detenerse en detalles y en lo exterior, es permanecer en la circunferencia yobrar en la superficie del alma. Yo voy al centro y abarco mi alma cuando echoeste golpe de vista profundo sobre la disposición dominante”.
LAIMPORTANCIA DELAS JACULATORIAS.
Todas nuestras jaculatorias se dirigen a nuestro corazón. Debemosmantenerlo firme allí donde está. Allí resolveremos todo y allí haremos crecernuestra vida interior, que en la medida que se ahonda, más se une a Jesús y porÉl al Padre en el Espíritu Santo.
El golpe de vista: la pregunta quedebemos hacernos durante el día es esta: “¿DÓNDE ESTÁ MI CORAZÓN?”
Habiéndolo mantenido en nuestras manos,el que es el centro de nuestro amor y la respuesta, nos denuncian si seencuentra donde lo hemos puesto y permanece allí, en María, fiel a Dios o no.
QUE ME DICE EL ROSARIO.
Así dice un autor: El Rosario sigue siendo la oración de todas las horasy momentos. No necesita lugar determinado y todos le son útiles. Puedo rezarloen medio de la multitud, orando por ella. Sentado en un tren, un micro,caminando por la calle. En medio de los trabajos que lo permiten. Tiene elpoder de convertirse en apóstol de oración y ser la auténtica respiración de mialma. Forma parte integrante de mi vida, sea material o espiritualmente. No esuna devoción que practico por temporadas o accidentalmente. No. Es parte de mi vida. Para todos los grandes opequeños eventos, en que necesito la fortaleza de Dios, tomo entre mis manos alRosario. Fortalecido con él como si fuera un escudo de protección, doy mibatalla. Nunca que lo he hecho con fe, ha dejado de producir sus frutos, y yode sentir en mi interior la fortaleza en mi voluntad, la luz en mi inteligenciay el amor en mi corazón. Sigo las huellas de Montfort: “los apóstoles delfuturo tendrán en una mano el Rosario y en la otra la Cruz”. Experimento así –junto a mí- la presencia de María que me llena de confianza y sobre todo decompañía para no sentirme solo en ningún momento de mi vida.
Número 10
LAUNIÓN CONJESÚS Y MARÍA
Estas hojitas con para difundir la vida sobrenatural. El camino a Jesúspor María. Todo lo que excede las fuerzas de la naturaleza en el campoespiritual. La vida en la que actúa Dios de un modo superior.
El sostiene al hombre en todo lo que hace: “en Él nos movemos, estamos ysomos”. Está en todas las instanciasde la vida. Donde más se encuentra y de un modo muy especial, es en el alma quelo ansía, que quiere unirse con Él. A todos los que lo buscan para estarleunido, es a los que nos dirigimos y a los que expresamos nuestro sentir en estenúmero. Vamos a escribir la unión con Jesús. No puede hacer amor verdadero aMaría sin Jesús ya que Él es el fruto bendito de su vientre y si María, está ennuestra vida, es para llevarnos a Jesús. Y si alcanzamos la unión con Él, hemosdescubierto la verdadera devoción a María. Por eso decíamos en el título: “Enunión íntima con Jesús y María”. Por él entramos en el plano sobrenatural y esen él donde tiene que desarrollarse nuestro escrito y nuestra vida. Por esonuestra forma de escribir tiene que ser así: sobrenatural. Por eso, también,puede parecer difícil.
PLANO SOBRENATURAL.
Ubiquémonos, pues, en un plano absolutamente sobrenatural. Nosotrospodemos comer, dormir, trabajar, pensar, hablar, en un plano humano. Pero siqueremos que nos reditúe para la vida eterna, lo tenemos que hacer con Jesús.En unión con Él. El forma parte integrante de nuestra vida. Su gracia esnuestra vida. Por ella vivimos y por ella somos. Nos fue dada en el bautismo.Tenemos que hacerla crecer hasta lograr el grado de gracia que Dios ha previstopara cada uno de nosotros desde toda la eternidad. En la medida que crecemos enella, crecemos en nuestra unión con Jesús. Cuando más gracia hay en nosotros,más íntimamente vive Jesús como Verbo en nuestro interior y la gracia nos vatransformando en Él, como María llena de gracia fue transformada en Él ydespertó la admiración del ángel que la llamó así. Ella es Madre de la gracia ynos la guarda. “Ella es la que al autor de toda gracia dio el ser y la vida, ypor eso se la llama Madre de laGracia”. Nosotros se la hemos dado en nuestra Consagraciónpara que la cuide, como custodia nuestra unión con Jesús. Todo en el Corazón denuestra Madre, porque allí estamos, nos movemos y somos. Es que estar en Maríaes estar en Dios, ya que Ella lo único que puede dar, es Dios. Es Jesús. Es elEspíritu Santo. Porque en Ella se realizó la unión más íntima que hubo en latierra con Jesús, ya que le dio su propia sangre y la sangre de Cristo fue lasangre de María.
UN PUNTO CLAVE.
Toda nuestra vida espiritual se centra en un punto clave: la unión conJesús. Todo tiene valor a partir de allí. “Sin Mí nada podéis”. Jesús es comoun sol del cual salen rayos en todas las direcciones. Por Él vamos hacia elPadre. Nadie puede ir hacia Él, si el Padre no lo atrae. Si estamos unidos conJesús, en el Corazón de nuestra Madre, nadie puede contra nosotros, porquenuestra fuerza está en Él. Lo decíamos en el número 7 referente a que Jesúspase por nosotros haciendo el bien, y de que durante el día se vaya dando esto,como es el amar y glorificar al Padre en nosotros. No puede tener realización,si no hay cada vez más unión íntima con Él. Imposible. Seremos nosotros los quelo haremos, pero Cristo en nosotros. El alma toma conciencia de suimposibilidad de hacer nada sobrenatural, si no es con Jesús. Es la aceptaciónplena de la incapacidad del hombre para hacer lo sobrenatural sin estar unido aJesucristo. Que la entrega que hacemos a Él de nuestro ser, como una humanidadsuplementaria, no puede darse sino estamos unidos con Jesús. Esta es la saviaque circula en abundancia en el interior de los santos y se manifiesta en suvida de unión con Él y la aparición de las virtudes que conducen a la santidad.
La gracia es la participación de la vida divina y por eso tan personalla acción de Cristo en el alma, ya que es su misma vida la que juega un papeldeterminante en nuestra vida sobrenatural. Es la que llenaba el alma de María,cuando, como ya dijimos, el ángel se extasió ante Ella, para anunciarle lasmaravillas que le iban a suceder.
En los momentos de dificultades, problemas, dudas, desaciertos, digamosde corazón: ENTI SEÑOR ESPERO EN EL CORAZÓN DE NUESTRA MADRE NO SERÉ CONFUNDIDO.
TODO CON JESUS.
Sin Jesús, lo dijimos, no podemos nada en el orden sobrenatural. Uno lotoca con las manos cuando debe hacer las obras de Dios. Sin su ayuda no podemosnada. Pienso que una de las cosas más difíciles es que Dios calla. No dicenada. No se manifiesta. No muestra su poder. Guarda un silencio total quepareciera que no existiera. Que prueba la fe, como el día que dormía en elcabezal de la barca y la tormenta arreciaba. Los apóstoles se sentían abandonadosa su suerte. ¡Y con Él adentro! Él permite que uno toque con las manos lo quedijo en la parábola de la vid y los sarmientos: “Sin mí nada podéis”. Por másque hagamos fuerza, es la lucha del que aparentemente está librado a su suertey siente y experimenta su nada, su incapacidad. Al principiante debe parecerleduro. Tiene que comprender que la única forma como uno puede entender que sinÉl no se puede nada, es precisamente experimentando el vacío de Dios y la nadade nuestras fuerzas. No para lo humano, que sí lo tenemos, sino para losobrenatural, lo que excede nuestra capacidad y que sólo con la ayuda de Diosse lo puede experimentar. Y Dios está ahí, aunque a uno le parezca que no está.Esa es la pedagogía de Dios: por la ausencia a la presencia. Por la nada altodo ¡Y cómo crece el alma así! De esa manera Dios está en su vida para ser sutodo.
CRECIMIENTO Y UNIÓN.
No se puede hablar de crecimiento en la vida espiritual, sin una unióncada vez más íntima con Jesús. La razón ya la dimos: de Él viene la savia quealimenta a todas las ramas, que es decir cada uno en particular. Sólo el queestá unido está abierto a su acción. Por eso son tan pocos los que crecen en lainterioridad con el Señor. La unión con Cristo puede llegar a ser tan íntimaque hace que el apóstol San Pablo exclame como en un deshago: “¿Quién podrásepararnos del amor de Cristo? ¿La tribulación? ¿O la angustia? ¿O el hambre?¿O la desnudez? ¿O el riesgo? ¿O la persecución? ¿O el cuchillo? Pero en mediode todas estas cosas triunfamos por la virtud de aquel que nos llamó. Por locual estoy seguro, de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados,ni virtudes, ni lo presente, ni lo venidero, ni la fuerza o violencia, ni loalto ni lo profundo, ni ninguna criatura podrá jamás separarnos del amor deDios que se funda en Jesucristo nuestro Señor”.
El lector puede deducir cuan estrechísima puede llegar a ser la unión deun alma con Jesús. Es tal lo que ha hecho por nosotros y hace, que de esa uniónrecibimos gracia por gracia.
SÚPLICA.
Señor Jesús: ayúdanos a crecer en gracia en unión contigo. Que la hagaaumentar por mi comunión frecuente, por mis obras buenas, por mi oraciónconstante, por mis sacrificios aceptados y ofrecidos, por mi cruz abrazada, portodo cuanto me lleva a que seas más Tú en mi vida y menos yo.
A QUIEN NOS DIRIJIMOS.
Estas líneas tienen otra característica. Son para los que volamostodavía bajo. Quiera Dios que llegue el momento en que podamos elevarnos ennuestro vuelo y entonces la visión de Dios será distinta. Que aprendamos aestar más unidos con Jesús. Aprendamos a crear un clima en nuestra vida. Paraello debemos buscarlo en María, aunque esté dentro de nosotros y todavía nohayamos puesto nuestra atención en Él. Hay que aprender a gatear en este caminode la unión con Jesús. Aprender el primer paso que es vivir en gracia. Noofenderlo con el pecado. Podemos decir cosas extraordinarias de la unión conJesús, pero de nada sirve la cúspide si no tiene los cimientos. Cimiento esdefender la vida de la gracia recibida de Cristo en el bautismo. De nada sirvelo superior si no se hizo pie en lo inferior, que es donde comienza la vidainterior dentro de nosotros. Un niño recién nacido tiene la vida en su fuente,en su origen. En ella irá creciendo y abundando cuando se vaya desarrollando.Así sucede en la vida sobrenatural. Al nacer por el bautismo, recibimos lacantidad de gracia que Dios tiene dispuesta para cada uno. Es en la que iremoscreciendo en la medida que pongamos todo aquello que es necesario de nuestraparte para que se desarrolle la vida y la vida se aumente en abundancia en elalma.
LAPUSIMOS ENMARÍA.
En María, lo sabemos, queremos llegar al grado de gracia que Dios haprevisto para cada uno desde toda la eternidad. Le entregamos en el momento denuestra Consagración la cantidad de ella que teníamos en nosotros, que es decirnuestra alma en el momento de nuestra entrega. Se la dimos para que la guarde ydefienda como cosa y posesión suya y la haga crecer en la medida que Dios tieneprevisto para cada uno de nosotros. Esto es, le entregamos nuestra unión conJesús, para que nos haga crecer en ella. Nosotros ignoramos en que cantidad oque cantidad debemos alcanzar en nuestra vida. Ella lo sabe en Dios y haciaallí vamos. “Gateemos”. Ya llegaremos a andar con la frente levantada, siempreque nosotros hagamos lo que debemos.
QUE DEBEMOS HACER.
La unión con Jesús supone la ausencia de pecado, porque éste y la graciason irreconciliables. Mas para que la gracia crezca debe haber purificación deaquellas faltas que nos separan de Dios y que impiden un mayor crecimiento enella y sobre todo crecer en la caridad que cubre la muchedumbre de los pecados.Unámonos a él sirviendo a nuestro prójimo. Allí lo vamos a encontrar seguro ypor medio de él, vamos a estar unidos a Cristo. No sólo interiormente sinoexteriormente en nuestros hermanos y en María, como lo encontraron lospastores, los magos, Simeón, la profetiza Ana y todos los demás.
Acostumbrémonos a vivir sin ofenderlo. A evitar lo que le desagrada. Enuna palabra, lo que debemos hacer es mantenernos en gracia para dar después elempujón hacia la altura. Impidamos todo lo que aje nuestra vida interior, quese funda en Cristo Jesús. Realizar estas cosas es ambicionar crecer en la unióncon Cristo. Es descubrir que de esta unión depende todo. Es codiciar, una vezdescubierta, la necesidad de crecer y crecer porque en ello está la vida.Pensemos en lo que dijo Cristo a este respecto:”He venido para que tengan viday la tengan en abundancia”. Para que abunde hay que abrir el corazón a lagracia, que es decir la unión con Jesús. Para que nuestra Consagración se vearealizada y alcance su fin y se de la unión con Jesús, entra de forma evidenteel Espíritu Santo, que siendo el Espíritu del Maestro, tiene que tomar posesiónde nuestro corazón.
JESÚS EN NUESTRA VIDA. LAUNIÓN CON ÉL LA POSIBILITA.
Quizá recién abramos los ojos a la importancia de la gracia y se nosrevele en toda su amplitud lo que significa para nuestra alma. No importa. Aprendamosa darle todo su valor y trascendencia. Aprendamos a "gatear”.
Evitemos, volvemos a decir, todo lo que aje nuestra vida interior, quese funda en Cristo Jesús. En unión con Jesús en el Corazón de nuestra Madre.Viviendo en María lo vamos a encontrar siempre. Toda Ella está transformada enJesús y nuestra unión con Él se ha de acrecentar en María, decimosmachaconamente.
CONCLUCIONES.
Toda vez que un hombre de fe, lleva la cruz con paciencia; se sacrifica,puesta la mirada en Cristo, por sus hermanos; persevera en la virtud; tienefortaleza para sobreponerse a las dificultades; realiza todo lo que compone latrama de su vida espiritual, es a no dudarlo la gracia la que obra en él. Dios,por medio de ella, se hace presente en el alma y actúa en forma eficaz,llevando el ser suavemente hacia la unión. Es el mundo sobrenatural en que viveun alma de fe y que crece y crece en el interior del bautizado. En una palabra:la gracia es la que hace esas maravillas. Dios con toques de ella vaesculpiendo en las almas la imagen de Jesús. Es la que tiene tantos matices yse manifiesta por tantos nombres, que siendo una, es distinta en sus formas deadaptarse al hombre
Número 11
EL ESPÍRITU SANTO Y MARÍA.
El Espíritu Santo forma parte determinante en la vida de todo hombre.Nos ha sido dado en ese acto central de nuestro nacimiento espiritual, quellamamos bautismo, por el cual venimos a la vida sobrenatural, como hijos deDios y se nos da la gracia santificante. El Espíritu Santo es el que obra encada alma que es fiel a Él, la imagen de Jesucristo. En el número anteriorhemos hablado de la unión con Jesús. No puede haber Espíritu Santo, si el almano está entregada a Jesús. Se habla de los toques de su gracia. De susinspiraciones. De los distintos movimientos que la conmueven para unirla máscon Dios. El Espíritu Santo desempeña un papel protagónico en ella, puesto quees tan importante en nuestra vida, que ni siquiera el nombre de Jesús podemosdecir si no es en Él.
Con María forman y conforman al alma a semejanza de Cristo. Es que dondeestá María está el Espíritu Santo, su único e indisoluble esposo. Toda alma quequiere progresar en la vida espiritual, y alcanzar los logros de la Consagración, nopuede, de ninguna manera despojarse de la acción del Espíritu Santo. Tengapresente el lector que, cuando un ser se entrega a Jesús por María, segúnnuestro espíritu, lo hace para que el Espíritu Santo tome completa posesión delcorazón, lo haga semejante al de Cristo y ponga en él los sentimientos del Maestro.Esto no se puede hacer sin la acción tesonera y escondida del Espíritu de Dios,que de mil maneras motiva al alma, para lograr una entrega cada vez más fecundaa Jesús, de quien le viene toda gracia y por quien, el Espíritu Santo, realizala obra maravillosa de la transformación de un alma. El Espíritu Santo obra enlo escondido de todo ser. Al obrar no lo acerca sino cada vez más íntimamente aCristo y al Padre. María por su oración intercesora, obtiene de Él por sobrelas miserias que nos rodean, una acción fecundante, ya que su Maternidad Divinala lleva a desarrollar su acción maternal en el alma que se entrega a Ella.
En un alma consagrada es inseparable la acción de María y del EspírituSanto. Es tan íntima, que el alma opta, como en una nueva Anunciación, para queel Espíritu Santo, en el Corazón de nuestra Madre, como lo hizo en su seno,forme a Jesús en nosotros. Esto exige fidelidad del alma que quiere andar poreste camino y oído atento a los movimientos de la gracia dentro de uno. Si nosotroscreemos que el Espíritu Santo obra dentro, no se hace oír con palabras sino conmovimientos interiores, iluminaciones e inspiración. Son las que van dando alalma la tónica para que pueda andar por los caminos de Dios y descubrir cadavez con mayor intensidad lo que es imitar a Jesús. Lo que significa llevar elamor sobrenatural dentro de uno. Todo cuanto cuesta alcanzar estos logros.Gracias a la presencia viva del Espíritu Santo se va convirtiendo en realidadpues, de otra manera no podría realizarse, la transformación interior en laimagen de Jesús. Al Espíritu Santo lo podemos comparar con un artista, sea élun diestro pintor, un hábil escultor, un famoso artesano, ya que aquí seentiende mejor lo que decíamos más arriba, todo lo referente a los toques de lagracia, que en definitiva son como el pincel, el escalpelo o la herramienta quecada uno de aquellos usa para su arte. Sólo cuando el alma profundiza en todasu dimensión lo que es estar entregado en el Corazón de María, y vive en Élcomo en un seno materno, puede comprender la significación que tiene elEspíritu Santo en un alma entregada y que sólo aspira a comprenderlo. Está taníntimamente ligada, volvemos a decir, en nuestra Consagración, la acción deMaría y del Espíritu Santo que aquí podemos repetir: sólo en la hora de lamuerte seremos dados a luz después que se haya formado en nosotros y en lamedida de nuestra correspondencia, la imagen de Jesús.
El Espíritu Santo que se desposa con María y en Ella, por Ella y de Ellaprodujo su obra maestra, el Verbo encarnado, Jesucristo, como jamás la harepudiado, continúa produciendo todos los días en Ella y por Ella a lospredestinados por verdadero aunque misterioso modo.
No nos debe desanimar una imagen tan grandiosa como la que damos de laacción del Espíritu Santo en nosotros, sino por el contrario, reconfortarnossabiendo que estamos tan unidos a Dios en el Corazón de nuestra Madre, que enElla se da ese hecho que tanto el Padre deseó para cada uno de nosotros: quefuésemos conformes a la imagen de Jesús. Nosotros hemos elegido el mismo caminode la Encarnaciónpara que así fuera. En nuestra humildad y sencillez sólo aspiramos a que seconvierta en realidad, aunque nuestra preparación no sea tan alta como paravolar como pájaros en este tema. Lo que sabemos y creemos es que si somosfieles a vivir en el Corazón de laVirgen y entregados al Espíritu Santo, se dará en nosotros laimagen de Jesús y nada puede entrar en el cielo que no tenga alguna semejanzacon Cristo obtenida por medio de la gracia.
Si llamamos a María Madre nuestra, no es tan solo por un sentimiento depiedad y gratitud, en retorno de su amor y su protección, sino porque tanrealmente es nuestra Madre por la gracia como Madre de Cristo por la carne.Esta maternidad espiritual de María, consecuencia de su Maternidad Divina, esuna de las verdades en que se funda la devoción de San Grignon de Montfort.
EL HUÉSPED.
Huésped es la persona alojada en una casa. Hospedero el que hospeda ensu casa a otro.
Nosotros hospedamos al Espíritu Santo. Lo tenemos como un huésped ennuestra casa. Vive en ella alojado. La Iglesia lo llama “dulce huésped del alma”. Elhuésped es digno de toda atención de quien le brinda alojamiento. En ella tienesu posada. Su lugar de estar. Su comodidad. Vive como en su casa y tiene todala atención de quien le brinda su hogar.
Brindar alojamiento a un huésped es demostrar hacia él la distinción deque le queremos hacer objeto. Darle la comodidad, el trato. Dispensarle laatención que entendemos se merece. El huésped, por su calidad de tal, seconvierte en el centro de la casa y todas las finezas están dirigidas hacia élpara que se encuentre cómodo en el ámbito que se le brinda. Cuando uno hatenido la suerte de ser huésped, de haber sido atendido con toda distinción, escuando se valora toda la gracia que ha significado el honor de ser hospedado,considerado uno más en la familia, de haber sido objeto de las finezas de ésta.
El Espíritu Santo por el hecho de habernos sido dado, se ha transformadoen nuestro huésped y es Él el que merece el trato de que hablamos arriba. Elque quiere vivir en nuestro interior y formar parte de nuestra vida. Al huéspedse lo honra, se le dirigen las mejores palabras. En la medida que lascondiciones se van dando, se da también la intimidad. La conversación escordial. Se establece entre el huésped y el hospedero una relación que se vahaciendo cada vez más cordial e íntima. Nace la confianza y por confianza vienela comunicación y ésta trae la intimidad. Esta es la historia del que descubreque el Espíritu Santo vive dentro suyo. Que es su huésped. Que entre él y elhuésped se van dando todas las notas que poníamos sobre lo que es el huésped.Pero este huésped trae sus dones, comunica sus carismas y por los dones y loscarismas, al intimar en su interior, le hace sentir toda la fuerza que nace deesa comunicación que decíamos se establece y origina de la cordialidad.
“Dulce Huésped delalma”, le dice la Iglesia. Yote digo con amor, con fe y con confianza: habita en mí, vive en mí. Que yo telleve en mi interior como el huésped recibido de Dios, como un don que es frutodel infinito amor del Padre, que Él da a todos los que se lo piden conconfianza.
El gran molde deDios, hecho por el Espíritu Santo, para formar al natural un Dios Hombre, porla unión hipostática, y para formar un Hombre Dios por la gracia, es María. Niun solo rasgo de divinidad falta en este molde; cualquiera que se meta en él yse deje manejar, recibe allí todos los rasgos de Jesucristo, verdadero Dios; yesto de manera suave y proporcionada a la debilidad humana, sin grandestrabajos, ni agonías; de manera segura y sin miedo de ilusiones, que no tieneparte aquí el demonio ni tendrá jamás entrada donde esté María; de manera, enfin, santa e inmaculada, sin la menor mancilla de culpa.
EJERCITACIÓN PRÁCTICA.
NOVENA DEL ESPIRITU SANTO.
¡Oh Espíritu Santo! Espíritu Divino de luz y de amor, yo os consagro mientendimiento, mi corazón y mi voluntad, todo mi ser en el tiempo y en laeternidad. Sea siempre dócil mi entendimiento a las inspiraciones del cielo y ala doctrina de la Santa IglesiaCatólica de la cual sois guía infalible; esté siempre inflamado mi corazón deamor a Dios y al prójimo; esté siempre conforme mi voluntad con la voluntad divinay sea toda mi vida una fiel imitación de la vida y de las virtudes de nuestroSeñor Jesucristo.
Venid, oh EspírituSanto, Espíritu de Sabiduría, purificad nuestro corazón para queaprendamos a amar los bienes celestiales y anteponerlos a los terrenos.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principioahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Venid, oh EspírituSanto, Espíritu de Entendimiento, iluminad nuestra mente para queconozcamos mejor los misterios de la fe y los abracemos con fidelidad.
Gloria…
Venid, oh EspírituSanto, Espíritu de Consejo, asistidnos en todas las dificultadespara que busquemos siempre lo que más convenga a nuestra eterna salvación.
Gloria…
Venid, oh EspírituSanto, Espíritu de Fortaleza, inflamad nuestro corazón para que enlas tentaciones y adversidades jamás nos apartemos de Vos.
Gloria…
Venid, oh EspírituSanto, Espíritu de Ciencia, haced que conozcamos y despreciemosla vanidad de los bienes de este mundo y no deseemos conocer otra cosa queJesús crucificado.
Gloria…
Venid, oh EspírituSanto, Espíritu de Piedad, encended en nuestro corazón laverdadera piedad para que amemos a Dios sobre todas las cosas.
Gloria…
Venid, oh EspírituSanto, Espíritu de Temor de Dios, grabad vuestro santo temor en nuestrocorazón para que evitemos siempre todo lo que sea desagradable a vuestros ojospurísimos.
Gloria…
Oración final:
Venid, oh Espíritu Santo y enviadnos desde el cielo un rayo de tu luz.Venid, oh Padre de los pobres y lumbre de los corazones; venid consolador,huésped y suave refrigerio de las almas. Venid y enriquecednos con vuestrosdones y dadnos con ellos vuestros preciosos frutos. Embriagadnos con el don deSabiduría, alumbradnos con el don de Entendimiento, regidnos con el don deConsejo, confortadnos con el don de Fortaleza, enseñadnos con el don deCiencia, heridnos con el don de Piedad y traspasad nuestro corazón con el donde Temor de Dios. Así sea.
Número 12
MARÍA Y EL PADRE.
El Padre aparece en la vida de María y entra en su conocimiento, en elmomento en que el Ángel le pide el consentimiento para que sea la Madre de su hijo. “La virtuddel Altísimo te cubrirá con su sombra”, le dice. Desde el instante en que Maríadijo que sí, el Padre, como lo había asegurado el Ángel, la cubrió con susombra y la hija predilecta fue envuelta en su amor. Comenzó la etapamaravillosa de la gestación de Jesús en sus entrañas, hasta el día que tuvo queofrecérselo en la cruz, colaborando en la Redención del hombre, junto con su Hijo.
El Padre aparece en la vida de los hombres, gracias a Jesús, que esquien lo anuncia. Es todo su amor.Habla de Él embelesado y lo comunica a todos con amor entrañable. Cada vez quelo nombre Él lo hace con tanto cariño que se trasuntan los sentimientos de sucorazón y la pasión que siente por su Padre. A su vez el Padre, las veces quehizo oír su voz, fue para hacer conocer a los hombres su Hijo. “Este es mi Hijomuy amado, escuchadle”. “Lo he oído y lo oiré siempre”, dice en otra ocasión.Del amor eterno que como Dios se tienen entre sí procede una persona: elEspíritu Santo. Es el que comunica al hombre el amor de Dios, especialmente enel sacramento de laConfirmación, que es donde se da con plenitud, con sus sietedones. “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones, por elEspíritu Santo que nos ha sido dado”. Nadie puede conocer al Padre sino el Hijoy aquel a quien quieran revelarlo. A San Pedro le dijo Jesús, luego de suconfesión: “bienaventurado eres Jonás, hijo de Juan, porque ni la carne ni lasangre te lo ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos”.
El hombre recibe directamente de los labios de Jesús el anuncio de queDios es su Padre. La única oración que enseñó a los apóstoles fue el PadreNuestro. Su espíritu es el que clama dentro de nosotros a Dios: “Abba”, esdecir, Padre”. El bautizado tiene dentro de sí el Espíritu que lo impulsa adirigirse con gozo a Dios como Padre o a recurrir a Él como Jesús en losmomentos de tribulación: “Padre: si se posible que pase de mí este cáliz”.
El que quiera tener a Dios como Padre, debe tener a María como Madre. La Virgen que concibe a lacabeza del cuerpo, que es Cristo concibe también espiritualmente a todos sushijos que son los miembros de ese cuerpo, del que Él es la cabeza, a los que daa luz en la cruz, entre las angustias de la muerte de su Hijo. Así como cadahijo del Padre nace en el bautismo y a cada bautizado le dice el sacerdote:“este es y se llama hijo de Dios”, también puede decirle y con justicia: “estese llama y es hijo de María”.
“Así como en elorden de la naturaleza es necesario que tenga el niño padre y madre, así en elorden de la gracia es necesario que el verdadero hijo de la Iglesia tenga por Padre aDios y a María por Madre, y el que se jacte de tener a Dios por Padre, sin laternura de verdadero hijo para con María, engañador es, que no tiene mas padreque el demonio” (Grignon de Montfort)
El plan del Padre.
El Padre pensó en nosotros desde toda la eternidad. Nos quiso para quefuésemos la alabanza de su gloria, conforme a la imagen de su Hijo. Quisoamarnos en Él. Nos dio y previó para nosotros un grado de gracia para que cadauno alcanzase la medida de la misma, que nos diese la santidad y con ella elgrado de gloria a disfrutar en la eternidad. Quiso ser Padre para siempre y para que así fuese nos dio el cielo enherencia. Todo lo previó en su querido Hijo, disponiendo, que con Él,formásemos un cuerpo del que Cristo sería la cabeza. Nada dejó librado al azar.Todo lo planeó maravillosamente porque al hombre lo había hecho para Él y paraque estuviese siempre con Él.
Nos ama en su querido Hijo y en Él nos otorga todas las gracias quenecesitamos. Ama tanto al hombre que no quiere que ninguno se pierda, sino quetodos lleguen al conocimiento de la verdad y a todos está dispuesto a darles lagracia que necesitan para ello.
Su amor nos envuelve.
El amor del Padre envuelve al hombre. Así como su sombra cubrió a María,así, a su semejanza, cuida a cada uno de sus hijos, hasta el punto que noquiere que caiga de su cabeza un solo cabello sin su permiso.
Amó tanto al mundo que le dio su Hijo único, para que todo aquel quecree en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna. “Bendito sea Dios, Padrede nuestro Señor Jesucristo, que nos ha consolado en todas nuestrastribulaciones para que con la misma consolación con que somos consolados, osconsolemos a vosotros, dice San Pablo. Cuando el hombre descubre el infinito amor del Padre o siente dentro desí la fuerza impelente del Espíritu que le hace exclamar: “Abba, Padre”,experimenta un profundo gozo que es obra del mismo Espíritu, pero tambiénexperimenta prácticamente lo que es ser hijo y el amor de Dios, obrando dentrosuyo, para que se pueda dirigir a Él como un auténtico hijo que es que el Padreengendró por la gracia que Jesucristo nos obtuviera.
Este Padre que nos ama tanto, que está dispuesto a dar el Espíritu buenoa todos los que se lo pidan. Hay que rogarle con insistencia, para que nosotorgue lo que le pedimos. Así lotiene dispuesto. Quiere que el hijo le demuestre su confianza. Que se muestrehijo, que crea en su paternidad, con actos de confianza, aunque a veces noshaga esperar.
María nuestro recurso.
Nosotros tenemos el gran recurso de María, la hija predilecta del Padre.La que ofreció su Hijo al pie de la cruz. La que forma en Cristo, gracias a laacción del Espíritu Santo, a todos los que el Padre predestinó desde toda laeternidad para que fuesen semejantes a Él.
Cuan cierto es, volvemos a repetir, que el que tiene a Dios por Padre,debe tener a la Virgenpor Madre. Que la que engendró y dio a luz a la Cabeza del Cuerpo, lo debehacer con todos sus miembros para que conformemos una unidad, unida y biencompacta. Nuestro seno, en el cual el Padre nos cuida con su sombra por mediode su Providencia admirable, es el Corazón de nuestra Madre. El que logradescubrir esta paternidad y esta maternidad, ha descubierto el gran secreto dela formación de Cristo en nosotros, el que lo vive, experimenta cuan cierto es,que el Padre mandará a sus ángeles para que nuestros pies no tropiecen en laspiedras del camino. Que es verdad que nos ama como la pupila de sus ojos y deque María es nuestra Madre, obteniéndonos las gracias que necesitamos.
Que verdad es el dicho: “el que puede entender que entienda”. Sólo laluz del Espíritu Santo hará claridad en nuestra inteligencia y podremoslograrlo.
Padre: en Jesús,con Jesús y por Jesús, en la unidad del Espíritu Santo, en el Corazón denuestra Madre, bajo la protección de San José, en la Iglesia, con la Iglesia y por la Iglesia, todo este díapara tu mayor gloria y alabanza.
LOS CAMINOS DEL PADRE.
El Padre tiene sus caminos para cada uno de nosotros. “Mis caminos, diceÉl, no son los caminos vuestros”, y Dios se manifiesta en nuestra vida por losacontecimientos. Los hechos son los que van mostrando en la realidad loscaminos del Padre y nos vamos sintiendo metidos en ellos por las circunstanciasde que está rodeada nuestra vida. Así, por una senda o por otra, nos vamosencontrando en el real camino que Dios ha querido que tuviéramos para ir haciaÉl. Los hechos más insignificantes así lo muestran. Lo que no nos concede anuestras instancias, y luego vemos como Dios ha querido otra cosa mejor paranuestra existencia, lo ponen de relieve. La verdad es, que cuando uno busca aDios, Él nos lleva por sus sendas y uno lo descubre más y más a medida que vacreciendo en la vida. Cuanto más al tope de ella uno se encuentra, uno ve, comose equivocó tantas veces de caminos, y como el Señor, por sendas torcidas, nosllevó, sin embargo a la suya, que es la única que nos conduce a Élverdaderamente.
Uno de los ejercicios del amor del cristiano, debe ser descansar en la Providencia amorosadel Padre. Dejarse en sus manos. No es un hecho fácil el abandono, no porque elPadre no nos cuide en virtud de su amor, sino por nuestra natural desconfianzay retraimiento a hacerlo. Cuando uno se da, Él cuida de todo y nada escapa a sumirada. Nos guarda a pesar de nuestradesconfianza y la frase de Jesús: “¿Por qué teméis hombres de poca fe?”, latiene que repetir el Señor una y mil veces. Él no falta nunca. Los que faltamossomos nosotros. Él no nos deja nunca. Los que nos alejamos somos nosotros.
¡Padre providente! El de la mirada larga y el amor pleno. El que todo lopenetra, aún lo más oculto. El que se ocupa de los lirios del campo y de lospájaros andariegos. El que tiene contados nuestros cabellos. El que todo lotiene presente: el pasado, el presente y el futuro. Al que nada se le escapa ensus cálculos y todo lo hizo con peso, número y medida. El que hizo una moradaeterna para sus hijos, para que compartieran su vida por toda una eternidad.
Yo te doy graciasPadre, te digo con Jesús, porque escondiste estas cosas a los sabios yprudentes y las revelaste a los pequeños. Gracias Padre: el del amor sin fin ysin tiempo.
Número 13
SAN JOSÉ EN NUESTRA VIDA.
Todos sabemos de sobra el papel preponderante que tuvo José en la vidade Jesús y de María. Esposo virgen de ésta y padre nutricio de Jesús, protegióla fama de María y de su Hijo y tuvo la dicha inmensa de ser llamado con eldulce nombre de padre. Para todos lo fue. El secreto era suyo y de su esposa.Los tres eran dueños del misterio y sin embargo la Virgen le ha de decir aJesús al hallarlo en el Templo: “Tu padre y yo te andábamos buscando”. Existela creencia de que Dios le dio entrañas de padre, esto es, amor de padre y queamó a Jesús como a un verdadero hijo, aunque no lo fuese.
Constituyó con Jesús y María una auténtica familia. ¿Es que acaso lospadres adoptivos no aman a sus hijos, como si fueran tales? ¿Por qué le hemosde quitar este carisma y este derecho a José?
Fue el jefe de la familia. A él se dirigieron los avisos divinos. El fuequien decidió instalarse en Nazareth a la muerte de Arquéalo. Sobre él recayóel sustento de la casa y para todos, de hecho, apareció como el que estaba alfrente de ella. “¿No es éste el hijo del carpintero?”. Tal lo que dijeron en lasinagoga de su pueblo.
Después de María fue el gran amor de Jesús. A éste también lecorrespondía cumplir con el cuarto mandamiento y su padre adoptivo le brindo suamor, su cariño, su cuidado y su dedicación. De Jesús, dice el Evangelio, queles estaba sujeto, no sólo a su Madre sino también a José. Era su familia, y elque enseñaría el valor de la misma, comenzó practicándolo Él y viviendo en elseno de un hogar. La Iglesiala llama Sagrada Familia y su vivienda es puesta como ejemplo de todos e invitaa imitar sus virtudes. A practicarlas en el seno de cada hogar. José es unaparte importantísima de ella.
Fue el guardián y protector de la Cabeza del Cuerpo Místico. José guardaba la Iglesia que se escondía enNazareth, que nació en Belén, que crecía a su sombra. Así lo entendió ésta, queen tiempos difíciles se puso bajo su patrocinio, su oración y su custodia. Cadafiel que ha nacido por el bautismo y que forma parte del Cuerpo Místico, la Iglesia, está bajo suprotección. La Iglesiaes en todo. La reunión de todos los que están bautizados, practican la mismafe, reciben el Espíritu Santo, tienen a Dios por Padre y creen en JesucristoNuestro Señor. San José tiene bajo su protección al todo. Todos estamos bajo sucuidado. La Iglesiano puso solamente su cuerpo orgánico bajo su tutela, sino, y de modo especialsus componentes que son los que más sufren las consecuencias de los embates delmal. Por eso, todos y cada uno, los que formamos la Iglesia, estamos bajo suprotección. Si somos otros Cristos, con nuestra unión con Él, José hasta el finde los siglos cuidará de todos y cada uno como lo hizo con Jesús. Si faltanuestra devoción a San José, falta el amor al padre adoptivo de Jesús ycarecemos de uno de los principales afectos humanos y divinos de Jesús ennuestro corazón, que es el amor a José. “Debéis llevar en vuestros corazones,los mismos sentimientos que llevó Cristo en el suyo”, dice el apóstol. José esuno de ellos. Dios lo mantuvo oculto por siglos, a pesar de decir de él elEvangelio que era un varón justo. Cuando fue oportuno lo manifestó y su gloriaresplandeció. El silencio y la oscuridad fueron su signo. Con él apareció unpadre providente para los cristianos como lo fuera en su momento de Jesús ysiempre que se recurre a él con confianza viene en ayuda de aquel que lo busca.Ignoramos cual fue su muerte y cuanto el tiempo que vivió. La antigua Iglesialo ignoró, porque tenía que hacer conocer a Cristo. Hoy tiene su brillo propio.La Iglesiacree que murió en los brazos de Jesús y de María; por ello lo declara protectorde la buena muerte.
Consagrarse a María, a su Corazón, como en una nueva anunciación, esponerse allí para formar a Jesús en nuestro corazón por medio del EspírituSanto, pero no puede faltar el padre adoptivo, San José. Que como a Él noscuide. Él fue para Jesús y María el representante de la Providencia del Padre,que se valió de José cuando aún Jesús y María necesitaron de él. Ponerse bajosu admirable protección es abandonarse confiado a la Providencia del Padre,para que en todas las circunstancias de nuestra vida, como cuidó de su Esposa yde su Hijo Adoptivo cuide de nosotros. Es creer que nosotros reproducimos ennuestra vida la Sagrada Familia,que como Jesús, unidos a María y a José, marchemos por los caminos de la vida,como ellos lo hicieron, mientras vivió José.
CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ.
Después de haber puesto mi corazón en el denuestra Madre, dulce José, para que con el Espíritu Santo, forme a Jesús en mí,vengo a vos, y esto para imitar mejor al Maestro. Te pido que, como lo fuistede Él, seas también mi protector y guardián. Me libres de todos los peligrosque amenazan la vida de mi alma y de mi cuerpo. Te constituyas en mi padrenutricio para que yo acuda a ti en todas mis necesidades, tanto espiritualescomo materiales. A este fin, a imitación suya me sujeto a Vos, no pretendiendover en ello sino laProvidencia del Padre que me cuida y sustenta por tu mano,como lo hiciste con Jesús, que mientras el Espíritu Santo lo va formando en mí,en el Corazón de nuestra Madre, yo como Él, bajo tu tutela, siguiendo la verdadcon caridad en todo, vaya creciendo en Cristo, nuestra Cabeza, en sabiduría, engracia y en edad, delante de Dios y de los hombres, que sea instrumento degracia y de misericordia en medio de ellos, hasta que llegue la hora de mimuerte, que por tu intercesión espero pasarla santamente, para poder cantarcontigo eternamente las alabanzas del Padre.
VENID A MÍ.
“Venid a Mí todos los que andáis agobiados y cargados, y Yo os aliviaré.Tomad mi yugo sobre vosotros y Yo os aliviaré. Aprended de Mí, que soy manso yhumilde de corazón y hallaréis el reposo para vuestras almas. Porque mi yugo essuave y mi carga ligera” (Mt. 11, 28-30)
Si en las horas de dolor y pesadez fuéramos al Señor a llevarle nuestroagobio, sentiríamos el alivio de que Cristo nos ayuda a llevar la cruz, laangustia, la carga.
Es una invitación de Cristo. Si por un lado dice que el que quiera sersu discípulo debe tomar la cruz de cada día y seguirlo, por otro convida a queuno, agobiado por ella vaya a Él. Que esa cruz que invita a llevar, Él aliviarásu peso. Asume nuestros dolores y nuestras penas se hacen livianas. Lo queparecía imposible seguir llevando, se hace posible y lo que semejabainsoportable se hace liviano.
La cruz hay que llevarla con humildad y mansedumbre de corazón. Ser porambas dueño de sí mismo, en lugar de desasosegarse por los acontecimientos. Elque es manso y humilde posee su alma ¡Se posee! ¡Es señor de sí mismo! Era loque era Cristo. Dueño de sí y los acontecimientos no lo doblegaban, sino quelos asumía y la paciencia, gracias a su mansedumbre y su humildad, resplandecíaen su alma. Ella resplandece en el alma de todo aquel que lleva adentro mansoel corazón y humilde sus sentimientos y la consecuencia es que halla el reposo.Reposar es dejar caer todo el ser sobre algo y allí descansar.
Cristo promete el reposo, la serenidad, la tranquilidad, a todo aquelque toma sobre sí su yugo, lo hace con mansedumbre y humildad y encuentra eldescanso. Pone una condición: ir a Él y yendo a Él se produce el milagro: lacarga se hace ligera y el yugo se hace liviano.
¡Señor! Enséñame a ir a Ti cuando ande agobiado y cargado para encontrarel reposo interior, la serenidad y la tranquilidad.
La cruz ha sido siempre compañera inseparable del hombre. Por lo tanto,la experiencia nos enseña, que si por un lado tenemos que cargar con ella, porotro, Cristo es nuestro gran medio, y gracias a su fuerza interior, podemossobrellevar las contrariedades de la existencia. Lo importante es que nosacordemos de Cristo, en el Corazón de nuestra Madre, cuando vengan horas en queolvidado de todo, lamentablemente, nos olvidamos de que Cristo ha dicho que sinÉl nada podemos. Como Él mismo lo enseña, si lo recordamos, aparece como unaluz en el horizonte de nuestra oscuridad y como una fuerza interior en medio denuestra debilidad.
SEÑOR:QUE TODO SIRVA PARA HUNDIRME MÁS EN LA HUMILDADY EL DESPRENDIMIENTO INTERIOR, EN EL CORAZÓN DE NUESTRAMADRE.
Digamos esta jaculatoria en los momentosde prueba, especialmente cuando nos sentimos achatados por las humillaciones,errores o críticas que nos puedan sobrevenir.
Número 14
OBJETIVO DE LA CONSAGRACIÓN.
Toda laConsagración tiene este objetivo: amar y glorificar al Padreen mí por parte de Jesús y de que Él pueda pasar por mí haciendo el bien.
Esto modifica mi vida espiritual y le da un rumbo, una posicióninterior: no ya yo, sino Cristo en mí. Escondo dentro de mí una vida sóloconocida por mí, desapercibida en apariencia para los demás, pero visible porsus efectos. Dentro de mí hay un mundo: el mundo del Padre al cual ama el Hijo.El mundo del Hijo que vive su vida en mí. El mundo del Espíritu Santo que obrala obra de mi santificación. El mundo de María, ya que estoy en su Corazón yallí vivo, pero todo oculta a Cristo para que ame y glorifique al Padre y pasepor mí haciendo el bien.
COMO VERLO.
Cristo vive dentro de todo aquel que está unido a Él por la gracia. Poreso puede amar y glorificar al Padre dentro de cada bautizado y pasar de nuevopor el mundo haciendo el bien. Para que ello sea completo, obra dentro de cadauno en el corazón de nuestra Madre. Cada bautizado es un portador de Cristo ypor eso todo lo puede hacer en unión con Él. Todo su ser es un instrumento de Cristo.El Maestro piensa en él, ama en él, obra en él, todo lo hace en él.
Para lograr esa unión en plenitud, el devoto de María pone su corazón enel de Ella, para que allí Jesús, por el Espíritu Santo, pueda amar y glorificaral Padre en uno y pasar de nuevo por el mundo haciendo el bien.
El cristiano ya no vive él, es Cristo quien vive en él. Encierra dentrode sí ese tesoro, Por la gracia Cristo vive en uno y con Él, uno todo lo puede.
“Facilitadme Señor, por la vidalitúrgica, esta piedad sublime y generosa que sin detrimento del combateespiritual, ofrezca a Dios abundantemente la alabanza: esta piedad caritativa,fraternal y católica que abarca todas las almas y se interesa por todas lasnecesidades de la Iglesia”(Abate Chautard).
NECESIDAD DE CONVENCIMIENTO,
Hay que estar convencido de que Cristo vive en uno y adherirse a Él contoda la firmeza de la fe. De que uno es un templo que lleva a Cristo y quedonde quiera que se encuentre Cristo vive en uno y de mi actitud depende que Élpase por mí o no, haciendo el bien. Tieneque haber la íntima convicción de que uno es instrumento de Cristo en elCorazón de nuestra Madre. Que en Ella crece Jesús en mí en edad, sabiduría yciencia delante de Dios y de los hombres. Que éstos ven aparecer en mí lasvirtudes de Cristo que son en definitiva las que manifiestan si en mi interiorse está realizando laConsagración, por la cual yo deposité mi corazón en el deMaría, para que allí Cristo, por el Espíritu Santo, tome completa posesión delmío y lo haga semejante al suyo para que se de lo que enunciamos: amor yglorificación del Padre y pasar de nuevo por el mundo haciendo el bien.
Yo amo, yo rezo, yo hablo, yo trabajo, aunque no lo explicite cada vez,la intención está en mí; quiero con mi actitud, amar y glorificar al Padre y míy hacerlo pasar a Cristo, también en mí, haciendo el bien.
Cristo está en mí y yo tengo que llegar al convencimiento que viene dela fe, que si pongo los medios, Cristo se hará visible en mí por sus virtudes.
CRISTO MI FUERZA.
Pero Cristo será mi fuerza. Se dará en mí lo que en San Pablo: “todo lopuedo en aquel que me conforta con su gracia”. Y tengo que buscar dentro de míesa fuerza. Si Cristo está en mí: ¿Quién contra mí? Hay que confiar en ella,descansar en ella, esperar en ella. Esverdad que cuanto más débil soy, más fuerte soy, no yo sino la gracia de Diosen mí. Su fortaleza se manifiesta en medio de nuestra debilidad y lo que pareceimposible, se hace posible, gracias al don de Fortaleza. Se la siente en elactuar, en la serenidad, en la paz. Es Dios que se comunica al interior y seexperimenta la fuerza sin saber de donde viene, pero está. Como es todo Cristoel que está unido al hombre por la gracia, son todos los dones de Cristo losque actúan dentro nuestro. Sólo dejando obrar a Dios, se puede comprender loque decimos y sólo se lo experimenta en la medida que el interior del hombre seabre a Dios por la fe.
LAFE ESLA QUE DA LA LUZ.
Todo lo que venimos diciendo lo conocimos por la fe y es la que proyectasu luz en el interior de cada hombre, que de verdad quiere estar unido conCristo. El hombre hace su experiencia y la vive dentro suyo y la puedecomunicar con el fervor que da su espíritu.
Solamente en fe se puede creer que uno es instrumento de Cristo y sóloen fe se puede disponer para serlo. Viviendo en ella realiza en sí todos losobjetivos de laConsagración y creyendo que Cristo vive en su interior, sesiente fortalecido para encarar su vivencia.
Nadie que no crea que Cristo está en su interior por la gracia, puederealizar en sí la Consagración. Larazón es muy simple: amar y glorificar y pasar de nuevo por el mundo haciendoel bien significa que hay algo que obra en nosotros y ese “Algo” si lopudiéramos llamar así no es otro que Cristo, de modo que ora vivamos, oradurmamos, Cristo realiza en nosotros su obra.
Que panorama distinto ofrecería el mundo si se multiplicasen los quedejasen obrar a Cristo en ellos y pasar por ellos haciendo el bien.
La entienden bien los que entregan a Cristo todo el ser como unahumanidad suplementaria, especialmente en la comunión, para suplir en nuestroser la desaparición de las especies sacramentales. Entonces, para suplirlas, aCristo le damos todo nuestro ser que las suplante y Él tenga en ello essuplemento de lo que desaparece siguiendo las leyes de la naturaleza.
Jesús nuestro granamigo, se ha dado a nosotros sin reserva, entregándonos su cuerpo y su alma,virtudes, gracias y méritos. Dice San Bernardo: “me ha ganado totalmentedándose todo entero por mí”. ¿No debemos, pues, por justicia y gratitud, darletodo lo que le podemos dar? El ha sido el primero en mostrarse liberal connosotros. Seámoslo nosotros con Él también y le encontraremos todavía másliberal, durante la vida, en la muerte y por toda la eternidad.
Concientemente uno admite ser instrumento de Cristo y para que así seada todo su ser como una humanidad de suplemento. Es aceptar plenamente por estemedio y de una forma práctica el objetivo de la Consagración.
El libro de los Hechos de los Apóstoles nos dice que Jesús empezó ahacer y a enseñar. Y su hacer fue pasar por su tierra, según el evangelista,haciendo el bien. Todos los Evangelios contienen estas dos cosas: lo que hizo ylo que enseñó. Lo que hizo fue el bien y fue tanto lo que realizó que San Juandice que “si se escribiera una por una todas estas cosas, creo que no cabríanen este mundo los libros que se escribirían”. En la Consagración,nosotros, al poner nuestro corazón en el Corazón de nuestra Madre, lo hacemos,volvemos a repetir para que su espíritu tome posesión de nuestro corazón, yJesús en nosotros ame y glorifique al Padre y pase de nuevo por el mundohaciendo el bien. Que por medio nuestro continúe Él haciendo el bien y paraello le damos todo nuestro ser como una humanidad suplementaria y seremos suinstrumento por el que pase haciéndolo mejor, todo lo que hagamos lo tenemosque hacer de tal forma que en la medida de nuestra entrega a Cristo semanifieste en nosotros. Son nuestras buenas obras, acciones, conversaciones,trabajos, los que lo ponen de manifiesto. Viviendo en el mundo como Él, pero nosiendo del mundo, le brindaremos a éste nuestro servicio, que es el de serinstrumento de Cristo. Nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestra inteligencia, nuestralengua, nuestros ojos, todo al servicio de Cristo para que Él continúe pornosotros haciendo el bien.
Es imprescindible la unión con Cristo para que Él viviendo en nosotrosnos pueda usar de instrumentos. Cuantos menos impedimentos pongamos a Cristo, másnos podrá usar y hacer el bien.
EL BIEN EN TODO LUGAR.
Todo lugar es apto para hacer el bien: el hogar, el trabajo, lasdiversiones honestas, nuestro trato con el prójimo y en especial el sitio queelegimos para hacer nuestro apostolado, como también todos pueden recibir elinflujo de nuestra personalidad cristiana y se asimilan sus virtudes,especialmente en nuestro corazón, para que verdaderamente, nuestro amor,elevado por el Espíritu Santo, Cristo lo pueda usar para amar al Padre y alprójimo en nosotros para hacer el bien. Lo que obra es la fe con que lo hagamosy nuestro descanso en Cristo.
LO QUE SUPONE.
Esto supone que uno debe poner todos los medios a su alcance para quetoda la persona sea instrumentos de Cristo. Esto es, hacer de parte de uno loque es oportuno para transformarse en instrumento de bien.
Todo cristiano puede hacer esto. No es necesario ser un almaprivilegiada. Dios la gracia la da a los hombres de buena voluntad. Es loprimero que pide y quien la tiene, obtiene de Dios sus dones. Esa buenavoluntad es necesaria para que Jesús pueda pasar por nosotros haciendo el bien.Todo bautizado que está libre de pecado grave está unido a Cristo por la graciay cada uno en su medida puede ayudarlo a hacer el bien. Está el que lo sirve enun grado eminente y el que dentro de sus posibilidades le da lo mejor. Cada uno en su medida y con su gracia, perotodos, como miembros de su cuerpo haciendo lo que cada miembro realiza en elcuerpo. Unos con funciones más nobles y otros no tanto, pero necesitándosetodos para la unidad del organismo y cada uno cumpliendo su misión.
Se encuentran los que descuellan y ponen su granito de arena, pero todosjuntos, sumando, haciendo al crecimiento del cuerpo. Nadie podrá decir que a élno le toca. Cuando un miembro delcuerpo no anda se reciente el todo.
Tu amor, Señor hasido derramado en nuestros corazones. Que asuma mi amor humano y lo use paraglorificarte con todo mi ser, a ejemplo de María, para que mi espíritu seregocije en Ti.
JESÚS PASÓ POR MARÍA HACIENDO EL BIEN.
Jesús pasó por María haciendo el bien. Cuando Ella se encontró con SantaIsabel y Juan el Bautista saltó de gozo en el seno de su madre, por lapresencia de Jesús en las entrañas de María.
Pasó por Ella haciendo el bien cuando lo mostró a los pastores y a losmagos en su visita. Cuando fue al Templo y Simeón tomándolo entre sus brazos,de entre los brazos de laVirgen, cantó de gozo por haber visto al Salvador quellevaron María y José al Templo y su presentación llenó de alegría a laprofetiza Ana.
Jesús pasó por María haciendo el bien en las Bodas de Caná, cuando a suinsinuación cambió el agua en vino para favorecer a los novios que habíancontraído enlace y le hizo adelantar la hora de su manifestación.
Estuvo junto a Jesús, al pie de la cruz, haciendo de corredentora yayudándole con su compasión a salvar a los hombres.
Fue un instrumento en el Cenáculo, siendo la medianera para que la Iglesia recibiese elEspíritu Santo.
Fue instrumento de Jesús en la Iglesia primitiva enseñándole los misterios de la Concepción, Nacimientoe Infancia de Jesús y trasmitiéndole su profundo amor a Él.
Por Ella, sigue hoy haciendo el bien, descubriéndoles a Jesús, siendoespecialmente en sus santuarios el instrumento de la misericordia del Padre ydel amor de Jesús, ya sea por los milagros que en ellos se realizan o por lasconversiones y acercamientos que se dan con Él por medio de los Sacramentos.
Número 15
GLORIFICACIÓN DEL PADRE.
Dos puntos fundamentales hay en nuestra Consagración: que Jesús ame yglorifique al Padre en nosotros y como consecuencia que pase por nosotroshaciendo el bien. Esto encierra un punto clave: vivir en el Corazón de nuestraMadre, entregados al Espíritu Santo, por nuestra unión con Jesús, bajo lamirada del Padre, a quien por Cristo, como vemos, se dirige todo nuestroobjetivo. Hay un punto de mira concreto: el Padre. Hay un camino seguro:Cristo. Un artífice: el Espíritu Santo y un gran medio: María.
Viviendo el alma estos medios, marcha segura hacia su fin: hacer nuestrocorazón semejante al corazón de Jesús, entre las vicisitudes de la vida, lavoluntad de beneplácito de Dios, nuestro deber de estado.
Veamos ahora algunas ideas sobre la glorificación del Padre y su paso ennosotros haciendo el bien.
OBRA DE TODO BAUTIZADO.
Amar y glorificar al Padre tendría que ser obra de todo bautizado. SiDios es su Padre, es lógico, que como tal lo ame. Esta paternidad hay quedescubrirla. El descubrimiento trae la admiración al ver cuanto ha sido eseamor del Padre y es propio del alma ingeniarse cómo hacer para agradarle ydemostrarle el amor. Nosotros para lograrlo hemos puesto nuestro corazón en elCorazón de nuestra Madre, para que allí el Espíritu Santo tome completaposesión del nuestro y lo haga semejante al de Cristo y éste pueda amar yglorificar al Padre en nosotros y pasar de nuevo por el mundo haciendo el bien. Sentimos nuestra impotencia parahacerlo por nuestra cuenta. Sabemos que sin la ayuda del Espíritu Santo se noshace muy difícil. Si somos hijos del Padre debemos mostrarnos hijos. El Padrese mostró tal dándonos a su Hijo y actualmente su ternura nos envuelve pormedio de su Providencia, conduciendo nuestra vida suave y lentamente al finpara el que fue creada.
EL EJEMPLO DE JESÚS.
Jesús se nos muestra hecho hombre amando entrañablemente a su Padre yglorificándolo con toda su vida. Toda ella estaba puesta al servicio del Padre.Todo su ser estaba a su querer. Así debe ser nuestra vida. Todo nuestro yopuesto al servicio del Padre: nuestras condiciones personales, nuestro corazón,nuestra inteligencia, nuestra voluntad. Todos nuestros actos al servicio delPadre. Cada cosa nuestra está así a su obsequio y usamos bien de ellas si ledamos gloria, puesto que lo hemos recibido de sus manos. La cosa clama o llamaa su dueño. Quiere servirlo.
A nosotros, por nuestra condición de heridos por el pecado, nos cuestamucho el hacerlo. Si tuviéramos un amor desinteresado sería fácil. Mas el amorde nosotros mismos nos impide realizarlo con la limpieza que debiéramos.Sustituimos u olvidamos a Dios y la gloria la buscamos para nosotros. Por esoCristo nos enseña a decir ante el aplauso o la alabanza: “siervo inútil soy, loque debí hacer hice”. Recordemos que nos enseña a poner cuidado ante losaplausos. A que no nos llevemos la alabanza, como si nuestras condicionesfueran nuestras. No se puede ocultar y son vistas de los hombres. Dios no lorechaza. Quiere que los hombres viendo nuestras buenas obras alaben al Padreque está en los cielos. Así como cada uno dentro de sí tiene que dar la gloriaal Padre por lo bueno que hace, así quiere Dios externamente ser glorificadopor todos, viendo su obra en aquellos que hacen bien las cosas con los donesque Él le ha otorgado.
LO QUE DAMOS.
Para que nuestra alabanza y glorificación del Padre valga, a pesar denuestros defectos, es que damos el corazón con todo: nuestro cuerpo, nuestraalma, nuestra inteligencia, nuestra voluntad, nuestra memoria, nuestraimaginación, nuestros bienes, la gracia que poseemos. Todos nuestros familiaresy amigos. Todo lo que dimos en la Consagración, si es que la hemos efectuado.Unidos a Cristo en el Espíritu pedimos que con todo eso que es nuestro,glorifique y ame al Padre en nosotros. Es decir, que todo está puesto a suservicio y que por esa unión con Él, todo lo que el Padre nos dio loglorifique. Es decir, que los hombres, como nosotros interiormente, glorifiquenal Padre. Lo que vale es la unión con Cristo, en el Corazón de nuestra Madre, yla recta intención con que hacemos lo que hacemos.
LAACTITUD DEMARÍA.
Así lo hizo María. Santa Isabel la alaba diciéndole que erabienaventurada porque había creído al ángel y que era bendita entre todas lasmujeres porque era bendito el fruto de su vientre. Y Ella contesta: “Mi almaglorifica al Señor y mi espíritu se regocija en Dios mi salvador”. No se quedacon nada. Todo lo refiere a Dios. Nuestra Madre todo se lo había entregado alPadre.
MIREMOS A MARÍA.
Mirando a María, aprenderemos que nuestra vida debe ser un canto dealabanza a la gloria del Padre. Qué sentido claro tenía nuestra Señora de laalabanza de Dios y como todo en Ella tenía que cantar la gloria del Padre.Cuando no lo hacemos así, nos apropiamos de lo que no es nuestro, sino delPadre, y en vez de ser nuestra alma como una lira que toca el cántico degloria, se queda encerrada dentro de sí y produce notas discordantes que noacompañan el cántico que nuestras acciones interiores y exteriores deberíanproducir para alabar a Dios. El cántico es fruto del amor y el amor es unsentimiento hondo y profundo que hace que todo lo que uno hace, esté envueltopor él y que la alabanza sea cada vez más perfecta. Cuanto más amor se pone enlo que se hace, más gloria se da al Creador y el ejemplo de Cristo y María noslo ponen de manifiesto. Si tanto amó Dios al mundo que le dio a Cristo, tambiénCristo y María nos amaron tanto y amaron tanto al Padre que todo lo quehicieron lo pone de manifiesto y porque amaron en profundidad fueron capaces dedarnos tanto y legarnos con ello nuestra salvación.
LAGLORIA DEDIOS Y EL AMOR.
No puede haber gloria de Dios sin amar, porque a la gloria le faltaríasustento y Cristo de ninguna manera podrá amar al Padre, porque faltaría ennosotros el elemento esencial de nuestro aporte, que es nuestro amor sublimadopor el de Cristo. María amó y por eso glorificó, porque en virtud del amor todolo dio y lo puso al servicio de Dios. De allí que su alma glorifique al Señor ysu espíritu se regocije en Dios su Salvador. En la medida que amemos daremos yen tanto cuanto demos glorificaremos porque todo estará usado para glorificaral autor de todo bien de quien nos vienen todas las cosas.
CADA UNO OTRO CRISTO.
La Palabrade Dios dice de Él que pasó haciendo el bien. Todo el Evangelio es la narraciónde esos hechos. Es hacerlo continuar su obra por medio de nosotros, siendo susinstrumentos. Si formamos con Él un cuerpo, como parte integrante del mismo, Élnos usa, si nosotros se lo permitimos, para continuar su obra. Cada uno denosotros es otro Cristo, ya que si lo vemos en los demás, ellos deben verlo encada uno de nosotros, y cada uno si fuera fiel a la unión con Él, sería otroCristo haciendo el bien. Es cuestión de entenderlo: ¿No es así? Sólo la luz delEspíritu Santo puede concederlo, máxime que no es una cosa que esté en boga yhay que hacer la luz sobre ella.
No tiene nada de extravagante, sino que es una auténtica realidad. Sacaal cristiano de sí mismo, de ser centro, para llevarlo por convencimiento asentirse siempre útil: en la salud o la enfermedad. En las buenas o en lasmalas. En las contradicciones y en los gozos. Como dice nuestra jaculatoria:“en todo lo que estamos haciendo y nos pasa”. Es todo el hombre el que sirve aCristo como instrumento. Todo depende de su fidelidad. De la relación confiadacon Él. De vivir profundamente el estado de gracia.
CRISTO NUESTRO TODO.
Cristo es nuestra fuerza. Si le entregamos todo nuestro ser para quepueda amar y glorificar al Padre en nosotros y Él vive en nosotros, seconstituye en nuestra fuerza, en el Corazón de nuestra Madre. El que así seentrega comprende a Pablo cuando exclamaba: “¿Quién podrá separarnos del amorde Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, ladesnudez, el peligro, la espada? En todas estas cosas triunfaremos gracias aAquel que nos amó. Porque persuadido estoy de que ni muerte, ni vida, niángeles, ni principado, ni cosas presentes, ni cosas futuras, ni potestades, nialtura, ni profundidad, ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor deDios que está en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Rom. 8, 35-39).
Nada podrá separarnos del amor de Dios que se funda en Cristo Jesús.Pero también debemos escucharlo cuando exclama: “Todo lo puedo en Aquel que meconforta con su gracia”
Cristo es nuestra fuerza en María. Su fuerza está en nuestro interior,donde fortalece nuestra voluntad y clarifica nuestra inteligencia por medio desu Espíritu que vive en nosotros.
¡Qué difícil que es hacer todo esto! El que lo hace es capaz de grandescosas, porque si Cristo está en nosotros, quién, volvemos a repetir, contranosotros.
Número 16
NUESTRO IDEAL
Con esta vida de Consagración queremos llenar nuestro ideal: IDEAL DE CONSAGRACIÓN E IDEAL DETRANSFORMACIÓN.
De transformación en Jesucristo, en el Corazón de nuestra Madre, paragloria del Padre y alcanzar así el grado de santidad, gracia y gloria que Diosha previsto para cada uno de nosotros desde toda la eternidad.
De Consagración a Dios en nuestro prójimo, transformados cada vez más enJesús por una unión cada vez más íntima con Él y por la imitación de susvirtudes, para ser instrumentos más aptos de las misericordias del Padre en elCorazón de nuestra Madre, en medio de los hombres y se pueda decir de nosotrosmismos el elogio de Jesús: “Pasó haciendo el bien”.
Forjamos un ideal grande, pero lo alcanzaremos principalmente a base decosas pequeñas, de sacrificios ocultos y desconocidos, de entregamientos quizásdolorosos, pero sin apresuramientos inútiles, (ya que Dios no lleva pasoapurado, pero sí constante), en la obediencia y la paz, pues “el justo es comoun árbol plantado junto a las corrientes de las aguas que da fruto en elmomento oportuno”. Y siendo, como es, nuestro ideal, completamente espiritual,buscaremos encontrar en él la fuerza y el aliento necesarios para la obra denuestra santificación y volcarlo así en nuestras obras de apostolado, ennuestros trabajos, en nuestro hogar, porque queremos ser de los que junto alMaestro por todos los caminos de la vida espiritual, quieren estar a su lado yayudarle, a pesar de la propia miseria, a conquistar de nuevo a los hombrespara su Corazón, persuadidos de que a ese ideal y a colaborar con Cristo, hemossido llamados únicamente por la misericordia de Dios que quiso asociarnos a Élen la redención de las almas “por un puro afecto de su buena voluntad”.
NORMASEGURA PARA LOGRARLO.
La obediencia a Dios, a María y a nuestros superiores legítimos será lanorma segura para lograr ciertamente nuestro ideal y alcanzar de este modo serllevado seguramente a lo que Dios quiere de nosotros.
“Mas se adelanta en poco tiempo que estemos sumisos y obedientes aMaría, que en años enteros que hagamos nuestra voluntad propia y nos apoyemosen nosotros mismos; porque un hombre obediente y sumiso a esta divina Señoracantará victorias muy señaladas sobre todos los enemigos”.
Por la obediencia en todo y sin dilación, imitaremos a Jesús que se hizoobediente hasta la muerte y muerte de cruz, por lo cual recibió un nombre queestá sobre todo nombre en la seguridad de que cumpliremos, por medio de ella,la voluntad de Dios, porque “toda autoridad viene de Él”.
Decimos, en una palabra, conformidad absoluta con la voluntad de Dios.La consecuencia maravillosa de la obediencia de Cristo fue nuestra Redención.La consecuencia de nuestra obediencia: nuestra transformación en Cristo y laredención de nuestros hermanos, a la que contribuiremos con nuestras obrashechas en ella y en la sumisión a la voluntad del Padre. Sabemos que estamoscontribuyendo a la edificación del Cuerpo de Cristo cuando construimos a Cristoen nosotros, pues damos fisonomía de Cristo a esa parte del Cuerpo total quesomos cada uno de nosotros y al mismo tiempo contribuimos a la construcción delCristo total en los demás por la gracia que se les comunica a cada uno de ellosen razón de nuestro sacrificio, nuestro esfuerzo y nuestro apostolado,asociándonos al mismo ideal de Cristo que “amó a la Iglesia y se sacrificó porella para santificarla”.
PERSONALIDAD.
En este ideal de Consagración norenunciamos a nuestra personalidad sino que, en la Consagración y en ellogro de nuestro ideal, queremos hallar la plenitud de ella, pues se trata deno anular a nuestro yo, sino de perfeccionarlo. Consagrados a Dios en nuestrotrabajo, en nuestro hogar, en el mundo, en el apostolado, ya no nospertenecemos, sino que pertenecemos al que posee la plenitud de todo y nuestravida encuentra su verdadero y único sentido: no vivir ya para nosotros mismos,sino para el que murió y resucitó por nosotros. Y esto viviendo la “Vida deConsagración” porque, “el cristiano es un artista que modela aquí abajo, en unagran arcilla la maqueta de su eterno destino, ya que por la Consagración, que noes sino vivir la vida de la gracia, penetra toda nuestra vida, la transforma ypor medio de esto podemos decir que la diviniza, asimila así a cuanto de buenohay en nuestra naturaleza, nuestra educación, nuestro hábitos adquiridos,perfecciona y sobrenaturaliza todos estos elementos y los endereza hacia elúltimo fin, que es la posesión de Dios por la visión beatífica y el amor que deésta brota”.
Y así como el que vive consagrado a un ideal falso, lo hacesatisfaciendo su yo y terminando en él; nosotros en el Corazón de nuestraMadre, satisfacemos nuestro yo encausándolo a Cristo para terminar en Él yencontrar la plenitud y siendo todos de Cristo ser en Él todos de Dios.
“En la vida sobrenatural debemos conservar nuestra personalidad en loque tiene de bueno; en eso hay una parte de la verdad y de la sinceridad que lavida de la gracia reclama. La santidad no es un modelo que haga desaparecer lascualidades naturales que caracterizan la personalidad de cada uno para formardespués nada más que un tipo uniforme. Por el contrario, Dios al crearnos, nosdotó a cada uno en particular de dones y talentos y privilegios especiales.Cada alma tiene su belleza natural, particular: una brilla por su inteligencia,otra se distingue por su mucha caridad. La gracia respetará esas bellezas comorespeta la naturaleza de donde resalta, solamente añadirá al esplendor naturalun brillo divino, que lo eleva y transfigura. Es que Dios es su acciónsantificadora respeta la obra de la creación, pues Él es quien dispuso en ellaesos reflejos de divinidad y cada alma al reproducir uno de los pensamientosdivinos, ocupa su lugar propio en el Corazón de Dios.
Estas líneas están dedicadas a aquellos que en medio del mundo quierenvivir una vida de irradiación apostólica y de Consagración a Jesús por María, yen Él al Padre.
FECUNDIDAD DE ESTE IDEAL.
Este ideal de consagración tiene que llevarnos a ser más fecundos ennuestro apostolado, aunque no viéramos el fruto de nuestra entrega, porque asíDios lo dispusiese, más dispuestos a hacer el bien, en cualquier asociación, enla vida parroquial, en la acción católica, en los distintos movimientos deirradiación apostólica, de acuerdo siempre con las obligaciones del propioestado. Nos ayudará también a hacer mejor lo que hacemos porque queremos, conla entrega, dar un desarrollo pleno a nuestros talentos y usar de los dones queDios nos confió en mayor o menor cantidad, para lograr el desarrollo pleno denuestra personalidad, donde su Providencia nos quiera colocar. El Señornecesita de estas almas que quieran ser de Él, que quieran consagrársele enmedio del mundo para repararle por los que en ese mismo mundo pordesconocimiento o por abandono, o por malicia, no le aman o le ignoran. Muchasveces la Consagraciónal Corazón de Jesús o al Corazón de María, no llega a ser una realidad porqueno invade toda la vida de consagrado o no la encauzan en ese sentido. “Es quese consagran casi sólo con los labios sin darse cuenta de la importancia de la Consagración, y comode esta manera sienten poco o ningún efecto en sus almas y abandonan lapráctica interior, si acaso en ella comenzaron a ejercitarse”.
Cuando uno se da, debe darse totalmentehaciendo que esa donación llegue a ser una realidad y no una nueva fórmula quesimplemente se repite con los labios pero que no se siente ni influye en elcorazón ni en la vida.
QUE BUSCAMOS.
Buscamos pues, vivir o hacer una bella realidad esas consagraciones,poniendo nuestro corazón en el de María, para alcanzar allí, que Jesús, por elEspíritu Santo, lo haga semejante a su Divino Corazón.
Consagrados para que Jesús sacie en nosotros su sed de amor.
Consagrados para que por nosotros haga el bien, mientras crecemos en suamor y la imitación de sus virtudes, en el Corazón de nuestra Madre.
Hay que vivir la vida de Consagración como Jesús fue todo de María,consagrado a Ella, y María toda de Jesús, consagrada a Él, bajo San José. Asítenemos que ser todos de Jesús y de María bajo San José para que el Padre seaglorificado y el Espíritu Santo cumpla en nosotros su obra en el mundo.
Esto es difícil, no sólo difícil sino muydifícil, porque nosotros sentimos también como cualquier hijo de Adán, losatractivos del mundo y las miserias de nuestra naturaleza caída, pero en lalucha por un ideal grande y heroico se valora la grandeza de nuestra vida:morir a nosotros mismos en cada instante para ser todos de Dios en el Corazónde nuestra Madre, porque “El reino de los cielos padece violencia y es de losque lo arrebatan”: seamos de éstos.
LAENTREGA DENUESTRO CUERPO.
Todo consagrado entrega su cuerpo en calidad de esclavo para no hacerlosino a beneplácito y gloria del Padre y para que Jesús lo pueda ofrecer a Élcomo una hostia viva, pura, santa y agradable y todo sufrimiento lo acepte enprimer lugar en expiación de los propios pecados y luego para sufrir en sí loque falta sufrir a Cristo en pro de su Cuerpo que es laIglesia.
Cuánto bien se haría sobre la tierra si cada bautizado, viviendo engracia, ofreciese a Dios todas las penalidades, las dificultades, las molestiasy los dolores de su cuerpo. Se une así a Cristo que quiso redimirlos a travésde los dolores de su carne y que fue tanto el sufrimiento que sabía que leesperaba que lo llevó a exclamar a su Padre de que si era posible pasase de Élese cáliz.
Cada día y porque no cada hora nos da ocasión de ofrecer a Dios y poneren el Corazón de la Virgentodos los sufrimientos que van pasando por nuestro ser a lo largo de las horas.No son, quizá, los sufrimientos más grandes los que nos hacen sufrir más, sonlos que podríamos llamar alfilerazos que tenuemente hieren nuestra carne y nosproducen sufrimientos que nos dan ocasión de ir ofreciendo lentamente a lolargo del día muchos actos meritorios de sufrir en nuestra carne lo que faltasufrir a Cristo en pro de su Cuerpo que es la Iglesia. Es un dolor de cabeza.Es una afección en nuestras muelas, es un dolor de cualquier tipo que nosafecta honda o brevemente pero que nos hace sentir escozor de la carne. Sabemosde sobra que dolores grandes no se presentan frecuentemente en nuestraexistencia, pero los cotidianos, los que nos producen sinsabor, los que noshacen sentir que llevamos un cuerpo que nos recuerda que todo sufrimiento tieneun valor reparador y satisfactorio. Gracias a él podemos reparar la molicie quenos invade, la pereza que nos envuelve, la gula que nos afecta y todo aquelloque tiende a querer hacernos sentir el cuerpo como un medio de placer ypretende hacer que olvidemos que Cristo quiso cargar con nuestra carne parallevar en sí las penalidades de ésta. Es cuestión de que el alma se acostumbrea ofrecer en unión con Cristo los dolores del cuerpo, pero que también recuerdeel ser que la cruz aceptada, por pequeña que ella sea, es la que nos redime denosotros mismos y nos hace capaces de participar en la medida de nuestrasposibilidades de los sufrimientos y de los dolores de Cristo.
Sufro en mí lo que falta sufrir aCristo en pro de su Cuerpo que es la Iglesia.
Cuando el hombre se acostumbra a darle a sus dolores un sentidotrascendente es cuando colabora de corazón y con alegría en los sufrimientos deCristo y aprende que sólo aceptando con amor todo lo que pueda ser penalidadfísica, es como uno se configura con el Cristo de la cruz al que nuestranaturaleza caída tiende presto a rechazar, porque el dolor nos aflige y lovemos siempre como una carga pesada o una injusticia que se ceba en nuestrocuerpo, en lugar de una fuente de redención para todos los que les llega miaceptación y la aceptación de mi dolor, sea el pequeño o grande.
Número 17
Fundamentos de Nuestra Consagración.
Vamos a ver en esta hojita los fundamentos humanos en los cuales seapoya nuestra consagración. Nuestra entrega a Jesús por María. En qué medio sedesarrolla esa vida que se origina en el Corazón de nuestra Madre, en el cualel Espíritu Santo, por nuestra unión con Jesús, produce la transformación denuestro corazón para hacerlo semejante al de Cristo y de ese modo Él puedapasar de nuevo por nosotros en el mundo haciendo el bien.
De la unión de nuestro cuerpo y de nuestra alma, nace no sólo unanaturaleza humana, sino que también procede una persona a la cual se leatribuyen todas las operaciones de la vida, no tanto vegetativa sino sensitivae intelectiva. Ello hace que cuando hablamos de nosotros mismos denominemos al conjuntoque informa nuestra persona y que la hace capaz de todos los actos: “NUESTROYO”. Así decimos: yo como, yo leo; digo; mi alma, mi cuerpo, como algo que mepertenece y que sin embargo, siendo yo mismo es distinto de mí.
Este yo, esta persona, está enriquecida con las cualidades de nuestrocuerpo y de nuestra alma que llamamos talentos, pero que al mismo tiempo estáherida por el pecado original y arrastra dentro de sí, un lastre de pasiones ymalas inclinaciones con sus respectivas consecuencias, que denominamos “NUESTRAMISERIA”.
De esta unión de cualidades nace el aprecio de nosotros mismos y elconcepto de la propia dignidad, que si es hombre, se manifestará por lasvirtudes que debe practicar como tal y que son el patrimonio de su sexo, y si esmujer, por las del suyo.
Aprecio y dignidad que en sí son buenos, puestos por Dios nuestro Señorcomo reflejo de sus perfecciones, ya que Dios se ama a sí mismo y tanto se amaque en este amor engendra al Hijo y se denomina así mismo como el que es: “Yosoy el que soy”.
Mas en Dios estas cualidades, son de perfección infinita y en nosotrossólo el reflejo de las suyas, estando heridas por el pecado original y por lotanto llevan en sí un desequilibrio a causa de la lucha del cuerpo y del alma,siendo nuestro trabajo encausarlos a su fin, que se desvirtúa cuando se hacemal uso de ellas.
Del aprecio de nuestras cualidades, y del concepto exacto de nuestradignidad y del fin que tienen en sí, nace el desarrollo de la personalidadtanto en el orden natural como sobrenatural como de la santidad, que es eldesarrollo perfecto de la misma.
Junto a ese aprecio de sí mismo, hay otra tendencia no menos importantee igualmente arraigada que nos lleva al deseo del aprecio de los demás,fundándose en esto la sociabilidad. Pero uno y otro, el deseo de aprecio denosotros mismos y de aprecio de los demás, degenera y lo que autoriza la comúnapelación de orgullo, que se da indiferentemente entre ambos efectos, es queuno y otro tienen por objeto la exaltación del yo: el primero se magnifica asus propios ojos, el segundo quiere ser magnificado por los demás.
Nuestra madre gozó como pura criatura de los dones de los que estamoshablando y por eso destaca los mismos de dos maneras distintas: primerodiciendo que su alma glorifica al Señor y luego frente a su propio yo, que elSeñor miró la humildad de su esclava. También Ella llevó en su ser lastendencias equilibradas del afecto de los demás y no sintió de ningún modo latentación del orgullo, causa de tantos males para el hombre. Si que le podemos decir a la Virgen, en cuyo corazóntenemos nuestro corazón, que lo mantenga en equilibrio y libre, frente a losataques que produce tanto el orgullo como la vanagloria en nuestro interior.Podemos decirle: “Santa Madre haz esto y líbranos de todo mal”.
Definición.
Para nuestro objeto definimos: “Nuestro Yo”, como la concepción de esosdos grandes amores, de estas dos hermosas cualidades que ennoblecen la vida detodo hombre y le dan una razón, aun humana, de ser y de vivir entre los demás.
Sabemos que el hombre está sujeto a desviaciones a causa de suinclinación al mal y que las mismas arrastran los dones que el Señor nos otorgóy nos llevan a consecuencias y posturas completamente contrarias al fin queDios tuvo al ponerlos en nuestro corazón.
El querer hacer nuestra voluntad y no la de Dios y en general todo loque tiende a exaltarnos a nosotros y a posponer a Dios y al prójimo, comonuestra humana manera de ver las cosas y pensarlas, el aferrarnos a nosotrosmismos, el defender o ocultar nuestra miseria, es algo tan intrínseco anosotros, tan completamente nuestro, que nos diferencia de los demás con todossus rasgos y constituye nuestra manera personal de ser.
La palabra yo tiene sólo dos letras; es una de las más insignificantesen el diccionario, pero el ídolo es en verdad tan monstruoso que acapara todala mesa del altar de ese templo íntimo en el que todo bautizado debería adoraren su Dios, al Maestro de laCaridad universal.
Sobre nuestro yo se fundamenta nuestra personalidad a través de sudesarrollo. Ella es el fundamento sobre el cual levantamos nuestra vida deconsagración y santidad, porque somos cada uno de nosotros con sus buenas ymalas cualidades. Las buenas que son los dones que Dios nos ha otorgado; lasmalas, fruto de nuestra naturaleza caída y de nuestros propios pecados.
En la Consagraciónentregamos nuestro yo porque entregamos lo que lo compone, para que tomándolotodo entero, se haga un yo nuevo. Y entonces la transformación de nuestro yoconsiste en la destrucción del hombre viejo que se renueva abrazando lasenseñanzas del Maestro y siendo fieles a sus gracias y la formación del nuevoen Jesucristo: en justicia y santidad verdaderas.
Comprenderá el lector cuán necesario es tener ideas claras para crecerinteriormente en santidad y gracia en el Corazón de nuestra Madre y cómo esecrecimiento se tiene que ir haciendo por esa transformación lenta que se da enel interior de cada hombre, y que no es, en definitiva, sino la gestación denosotros en Cristo en nuestra Madre, para que Ella, con el Espíritu Santo, larealicen y conocer los obstáculos que se oponen a ello y cuál es lapersonalidad que le ofrecemos. Indudablemente que eso clarifica de tal modo lascosas, que nos hace trabajar con limpidez, serenidad y en busca de la verdaderagracia.
El lector podrá comprender con claridad, volvemos a decir nuevamente,que nuestro esfuerzo es suplantar nuestro yo por el de Cristo, e ir poniéndoloen cada uno de nuestros actos y manera de ser y obrar, para que ya nuestravoluntad y querer y obrar no sea el nuestro sino el de Él.
“Vivo yo, ya no yo, sino es Cristo que vive en mí” (SanPablo)
Nuestro yo mal encauzado nos lleva al hombre viejo, el que se viciasiguiendo las insinuaciones de la concupiscencia.
Es el que nos empuja a la “egolatría”, a la adoración y alabanza de símismo por exclusión de todo otro. Encauzarlo es dejar de lado: “la fornicación,la impureza, la liviandad, la concupiscencia y la avaricia, que es una especiede idolatría, por las cuales viene la ira de Dios… pero ahora dice el apóstolPablo, deponed también todas estas cosas: ira, fornicación, indignación,maldad, maledicencia, obscenidad y torpe lenguaje. No os engañéis unos a otros. Despojaos delhombre viejo con todas sus obras y revestíos del nuevo, que sin cesar serenueva, para lograr el perfecto conocimiento, según la imagen de su Creador.
Nuestro yo, bien encauzado nos lleva a la gracia del hombre nuevo, adesaparecer, a dejar a Cristo par que sea Él quien viva en nosotros.
“Vosotros, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos demisericordia, bondad, humildad, mansedumbre, longanimidad, soportándoos yperdonándoos mutuamente, siempre que alguno diere a otro motivo de queja. Como elSeñor os perdonó, así también perdonaos vosotros. Pero por encima de todo estorevestíos de la caridad, que es el vínculo de la perfección”. Y la paz deCristo reine en nuestros corazones pues a ella habéis sido llamados en solocuerpo. Sed agradecidos. La palabra de Cristo habite en vosotrosabundantemente, enseñándoos y exhortándoos unos a otros. Y todo en cuanto hacéis de palabra o de obrahacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por Él.
Qué trabajosa es la obra de la perfección individual, y la de quererhacer nuestro corazón semejante al de Cristo, en el Corazón de nuestra Madre,porque pide todo el hombre y ya vemos cómo está hecho todo el hombre y cuántocuesta la transformación de los sentimientos humanos del corazón en el Corazónde Cristo.
Mi gran familia.
Que pertenecemos a una gran familia podemos decir, y tú lo irásdeduciendo, tú que lees estas páginas, después de considerar nuestro camino, yaque el espíritu de familia invade y le lleva al hacerle vivir nuestra vida detotal entrega. A modo de una gran familia, ha querido el Maestro organizar todanuestra vida espiritual al darnos un Padre, una Madre, un Maestro interior. Alquerer ser Él mismo nuestro hermano mayor, primogénito entre muchos hermanos ydejarnos constituidos en un solo cuerpo del cual es Cabeza. “Esto que vimos y oímos es lo que osanunciamos, para que tengáis también vosotros visión con nosotros mismos ynuestra unión sea con el Padre y con su Hijo Jesucristo y os lo escribo, paraque os gocéis y vuestro gozo sea cumplido” (San Juan)
Con los apóstoles te decimos Señor enséñanos a rezar y paraello te pedimos la gracia de que cada vez penetre más el Padre nuestro ennuestra vida, de esa manera nos sintamos verdaderos hijos junto a tu Hijo,nuestra Madre y el Espíritu Santo.
Y para que “nos amemos los unos a los otros: porque la caridad procedede Dios. Y todo aquel que ama es hijo de Dios, puesto que Dios es caridad. Enesto se demostró la caridad de Dios hacia nosotros, en que envió a su HijoUnigénito al mundo, para que por Él tengamos la vida. Y en esto consiste sucaridad: que no es porque nosotros hayamos amado primero, sino que Él nos amóprimero a nosotros y envió a su Hijo a ser víctima de propiciación por nuestrospecados. Queridos, si así nos amó Dios, también nosotros debemos amarnos unos aotros”.
“Yo pertenezco a la familia de Dios. Pues ya no sóis extraños niadvenedizos, sino conciudadanos de los santos y familiares de la casa de Dios,pues estáis edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, enJesucristo, el cual es la principal piedra angular, sobre quien trabado todo eledificio se alza para ser templo santo del Señor. Por Él entráis tambiénvosotros, a ser parte de la estructura de este edificio para llegar a sermorada de Dios por medio del Espíritu. Dios mi Padre me da todo por María, miMadre, y todos juntos, ángeles y santos participamos de la gracia de nuestroPadre y de nuestra Madre. ¿Qué alma caerá en el desaliento si comprende un pocoel corazón de su Dios y el corazón de María? ¡Oh Dios mío, tengo confianza enVos, estoy seguro de que me haréis santo! ¡Oh María Madre mía, Madre benditaentre todas las mujeres, en vuestros brazos me arrojo y por vuestra mediaciónespero obtener todo: la gracia y la fuerza, la virtud y la vida, la pureza y lagloria. Con vuestro socorro, seré digno de Vos y de Dios, digno de cantar conVos las alabanzas de nuestro Padre común y de gozar en Él con Vos de labeatitud eterna!.
Número 18
25 Años de Consagración. (1961-1986)
El 12 de septiembre de 1961, festividad del Dulce Nombre de María, se constituía en La Plata y en la capilla de la Casa de la Empleada MonseñorDe Andrea, la Pía Unión de Orden Diocesano, autorizada por elSeñor Arzobispo, Monseñor Antonio José Plaza, CENÁCULODE MARÍA. El fin de las que se agrupaban en ese día era, a través de suentrega a Jesús por María, difundir la devoción a la Santísima Virgenpara lograr, por medio de Ella, alcanzar uno de los frutos deseados que tuvoDios al crearnos: la semejanza con suHijo y que consistía en la entrega delcorazón a la Santísima Virgenpara que allí Cristo, por medio del Espíritu Santo, lo hiciese semejante alsuyo, pudiese amar y glorificar al Padre en él y pasar de nuevo por el mundohaciendo el bien. Su segundo objetivo era estar impulsadaspor una vocación de servicio que tiene sus raíces en el Evangelio,encontrando su razón para hacerlo en el ejemplo de Jesús que “no vino a serservido sino a servir” y “a dar su vida por la salvación de muchos”, y deMaría, que fue a servir a Santa Isabel.
Sus integrantes se nutren de la entrega que está dada por suespiritualidad por la cual se consagran totalmente y hacen profesión deperfección a través de los tres votos de pobreza, castidad y obediencia. Consagraciónque se vive en medio del mundo y que se puede desarrollar en todos los ámbitosde la vida humana, como corresponde a los que hacen este ejercicio deperfección, al estilo de los Institutos Seculares.
Esta espiritualidad consiste en una donación completa a JESÚS POR MARÍAy en Él al PADRE y como el MAESTRO a la acción del ESPÍRITU SANTO para luegovolcarla en el servicio del prójimo en obras sociales y espirituales, pues elamor de Dios se manifiesta en el amor a los hermanos.
Es llevada a la práctica por una forma de vida totalmente adecuada aquien tiene que vivir en el mundo consagrada a Dios, de forma que la acción noahogue lo íntimo espiritual y lo espiritual sea el fuego e ideal por el que elalma se convierta en una verdadera irradiadora de Cristo a sus hermanos.
Se justifica entonces, que sea a través de lo que vamos anunciando,fundamental nuestro principio e ideal: “que Jesús, por su Espíritu, tomecompleta posesión de nuestro corazón, en el corazón de nuestra Madre y lo hagasemejante al suyo para que pueda amar y glorificar al Padre en nosotros y pasarde nuevo por el mundo haciendo el bien”.
Desde entonces acá gran número dealmas, no sólo entregadas totalmente a través de la vida consagrada en elInstituto, sino a su espiritualidad han abrazado esta vocación de entrega paralograr por medio de María la semejanza con Jesús y que Él pueda pasar por ellahaciendo el bien.
Siempre habrá almas que sentirán dentro de sí el llamado de Dios deentregarse a Jesús por María, sea en este caso a través del Cenáculo, sea porun deseo individual de vivir en María para ser toda de Jesús.
El logro de este ideal que vamos explicando, se ha de dar si laconsagrada asume un espíritu de presencia o de encarnación en el mundo de hoy,para dar en él un testimonio.
Si se esfuerza por adquirir responsabilidad, firmeza, libertad interior,docilidad, ductilidad, como el aceptar plenamente la cruz de cada día en lanegación de sí misma, para seguir al Señor, en función de servicio.
Con el tiempo se va forjando una personalidad con individualidad propiapara los fines apostólicos, pero dócil, comunitaria y familiar para laintegración de su vida en el Cenáculo, que tiene que serlo en la unidad delamor.
Ubicada en el mundo de hoy, cumpliendo una misión, dando un testimonio,siendo “testigo” ante el mismo, de que Jesús está vivo y en ello funda suesperanza y la razón de su consagración, se va realizando en ella una verdaderaentrega de amor y de servicio por laIglesia y los humanos, cualquiera sea su condición, raza,religión e idea y Jesús pasa así, de nuevo por el mundo, haciendo el bien.
Cumplen lo que afirmaba Pablo VI: “Secularizad indica vuestra inserciónen el mundo. Significa no sólo unaposición, una función que coincide con el vivir en el mundo ejerciendo unoficio, una profesión secular. Debe significar, ante todo, toma de concienciade estar en el mundo como lugar propio de vuestra responsabilidad cristiana.Estar en el mundo, es decir, comprometidos con los valores seculares, esvuestro modo de ser Iglesia y de hacerla presente. De salvaros y de anunciar lasalvación”.
Así entendida la “secularidad”, es perfectamente distinguible de la“secularización”, proceso de enfriamiento de los valores trascendentes y de“secularismo”, ideología inspiradora de una ruptura entre fe y cultura.
Vocación personal.
Como el servicio del prójimo tiene muchos matices y especialidades, cadamiembro tiene la facilidad de servir según su inclinación natural y capacidad,de acuerdo con los compromisos asumidos o no por el Cenáculo.
La elección de la forma de vida secular consagrada, transforma la vidaen un constante apostolado. Pablo VI dice: “De este modo tendréis un campopropio e inmenso en el que podréis desarrollar vuestras obras; vuestrasantificación personal, vuestra alma y la “consagración del mundo”, de la queconocéis el compromiso delicado y atrayente; es el campo del mundo; del mundohumano en su inquieta y deslumbrante actualidad en sus virtudes y en suspasiones, en sus posibilidades de bien y en su inclinación al mal, en susmagníficas realizaciones modernas, en sus secretas deficiencias y constantessufrimientos: el mundo. Vosotros camináis por el borde de un plano inclinadoque intenta el paso a la facilidad del descenso y estimula a la fatiga de lasubida”.
Esto supone que el miembro del Cenáculo tiene que aceptar laresponsabilidad y capacitarse para ella, de estar al frente de obras yservicios, adquiriendo el criterio, la responsabilidad y conocimientosnecesarios, como el de forzarse por su colaboración con la gracia y la accióndel Espíritu Santo, en ser imagen de Jesús en todo su accionar.
Compaginar su acción social con la espiritualidad y ésta con laevangelización y la catequesis. (Muchas de sus integrantes administrandiariamente la Comunióny la llevan a los enfermos y tienen a su cargo capillas y parroquiascoadyuvando en la acción sacerdotal, en todo aquello que les es permitido deacuerdo con la liturgia y apertura actual de la Iglesia) Sin ser numerosashan extendido su acción en tres hogares de ancianos: Hogar Sagrada Familia de La Plata y el homónimo deGonnet, como también el Hogar de Cáritas de Ensenada. En la Casa de la Joven y en el ComedorPopular, en el Hogar de Niños “Los Leoncitos”, la Posada Nuestra Señora de Belén,Villa Catella con su Jardín de Infantes y la atención de la Parroquia como asítambién la Parroquiade Punta Lara. Su Casa Madre se encuentra en 58 y 135, donde vive la Hermana Mayor que dirige elInstituto. Cáritas La Platamantiene su vigencia gracias a las integrantes del Cenáculo, de lasCooperadoras y de muchas almas buenas, de ambos sexos, que han dado su tiempo,para llevar adelante esta obra. Si tenemos que dejar constancia, que sí muchose ha podido hacer en Cáritas ha sido gracias al esfuerzo personal de miembrosdel Cenáculo, que han entregado su vida al servicio del prójimo.
Convengamos que todo esto es posible por la consagración de vida y laprofesión de la perfección cristiana, por ello todos los adscriptos y los quequieran entrar a formar parte como miembros en el más estricto sentido, ademásde aquellos ejercicios de piedad y abnegación a que todos los que aspiran a laperfección de la vida cristiana, es necesario que se dediquen, deben tender aésta eficazmente por los peculiares modos que anuncia Pablo VI en la “PROCIDAMATER ECCLESIA”:
- Por la profesión hecha ante Diosdel celibato y castidad perfecta afirmada con voto, juramento oconsagración que obligue en conciencia, según las Normas de losReglamentos.
- Por el voto o promesa de obediencia detal modo que ligados por un vínculo estable, se entreguen por entero aDios y a las obras de caridad y apostolado, y estén siempre y en todo,moralmente bajo la mano y dirección de los superiores, según las Normasdel Reglamento.
- Por el voto o promesa de pobrezaen virtud del cual no tenga libre uso de los bienes temporales, sino usodefinido y limitado, según las Normas de los Reglamentos.
Entre los miembros que se incorporan al Instituto, nace un vínculo: elvínculo que conviene, que une entre sí al Instituto Secular y a sus miembrospropiamente dichos, deben ser: a) estables, según las Normas de losReglamentos, o perpetuo o temporal, renovable al terminar el plazo; b) muto ypleno, de tal modo que, según laNorma del Reglamento, el miembro se entregue totalmente alInstituto y el Instituto cuide y responda del miembro.
Fiestas del Cenáculo.
El Cenáculo, que vive fundamentalmente la vida de la Iglesia y con ella susfiestas y misterios, y está a su servicio, celebra de un modo especial el díadel bautismo de cada miembro, como el de su Consagración a Dios en el mismo.
En el día de la Consagración, susintegrantes reciben el velo, como símbolo permanente de su vestidura bautismaly la vela como expresión de la luz de Cristo que se encendió en su alma, cuandonació como hija del Padre en virtud del agua regeneradora.
Vivir la gracia bautismalcomo todos los dones anexos del Bautismo es esencial en nuestra espiritualidad,por que en él, está centrado todo lo que el Padre quiere de sus hijos como elideal y gracias a los que los llamó desde toda la eternidad.
Su gran día es Pentecostés,porque así como en la vida personal, el Espíritu Santo en la vida del alma, asílo es todo el Cenáculo como cuerpo, como cuerpo eran los apóstoles y María conlos discípulos en Jerusalén, antes de recibirlo y fueron Iglesia y cuerpo deCristo cuando el Espíritu se dio en plenitud en la mañana que lo recibieron.
Es que el Cenáculo tiene como razón de su existir el AMOR, porque “elamor de Cristo nos ha unido en el Corazón de nuestra Madre”. Es su lema. Él esel único que le puede dar fecundidad espiritual, unidad e irradiación.
Mucho hay que dar gracias a Dios por estos 25 años que un grupo de almasgenerosas y de otras que dieron su esfuerzo y no pudieron luego permanecer, hanhecho por la Iglesiay por los pobres y que sólo esperan como recompensa el que un día el Señor lasllame y les diga: “venid benditas de mi Padre”.
Durante estos 25 años, de una forma o de otra se profundizó la devocióna la Santísima Virgencentrada en una jaculatoria que hoy es ya popular: Madre, en tu Corazón mi corazón, todo lo que estamos haciendo y nospasa.
El Cenáculo ha extendido su acción a un grupo grande de mujeres llamadasCOOPERADORAS, que una vez al mes de reúnen para compartir espiritualmente elideal de entrega a Jesús por María. Ello ha hecho posible que muchas almashayan descubierto toda la riqueza que se esconde en esta espiritualidad y quelas lleva a vivir con mayor perfección en sus hogares, sus lugares de trabajo yel mundo del cual participan.
Las Bodas de Plata nos sorprenden en eficaz trabajo. Quizá no sea muchoel número de sus componentes. Quizá aún no llegó la hora de la explosiónespiritual que encienda en las almas la espiritualidad que practica el Cenáculoy quizá también no hemos sabido ser efectivos instrumentos de bien paraanunciar la Buena Noticiade que un Niño nos ha nacido de una Madre, que Él después nos entregaría comoMadre nuestra y formaría parte integrante de nuestra vida espiritual, afectivay humana.
En apretada síntesis: “A MARÍA CON AMOR”, ha traído a conocimiento delos lectores, esta obra de laIglesia, que un grupo de almas consagradas han ido llevandosilenciosamente a través de los años, haciendo que su mano izquierda ignore loque hace su derecha.
Tú ya la conoces y si este “nuestroideal”, que en apretada síntesis te ofrecemos, puede ser tuyo, te invitamos acompartirlo o por lo menos a que eleves una oración por nosotros.
Número 19
Lo que venimos publicando
Las hojas que venimos publicando, hace ya un tiempo, tienen como misiónespecial hacer conocer no sólo la entrega a Jesús por María, sino también cómoproceder después en la profundización de esa entrega, que un día, llenos deentusiasmo realizamos y que fue la donación de nuestro corazón al Corazón de la Virgen, para hacerlo allí,por el Espíritu Santo, semejante al de Jesús.
Para que esto se dé, para poder ser verdaderas imágenes de Jesús,debemos saber, concretamente, qué es lo que aportamos nosotros en la consagración,en ese contrato que hacemos con nuestra Madre para lograr nuestratransformación. Al ver que es lo que constituye, entonces comprenderemos porquees necesaria nuestra disminución para que Cristo crezca y cómo es posible queno vivamos ya en nosotros, sino que sea Él quien viva en nosotros.
Estas ideas pueden parecerle al lector no avezado, un poco duras. Es quela Consagraciónno es un juego fácil, como no es fácil el Evangelio, que de serlo serían muchosmás los que lo vivirían en plenitud y entonces caminaríamos seguros sobre lashuellas y la palabra de Jesús hacia nuestra conformación con Él.
Yo sé que no todos están en disposición interior de recibir un mensajede semejante magnitud, pero como el llamado de Cristo es universal y dirigido atodos los hombres, es por eso que con el mismo lenguaje nos da su mensaje y através de su decir es como debemos dar el nuestro, que es el suyo, para caminarpor sus caminos y andar por sus sendas.
CONOCERSE.
Cuán importante, entonces, es conocerse a sí mismo, ya que somos lamateria sobre la que tenemos que trabajar.
Cuanto más conoce el artista la calidad de los materiales que ha de usaren su obra, más fácil le es hacerla.
Cuanto más conozcamos “NUESTRO YO”, más fácil se nos hará el caminohacia las cimas de la santidad. Pero es gracia de Dios conocerse. Por eso esÉl, quien debe iluminar nuestro interior para que veamos.
NUESTRO PRINCIPIO.
El principio que ha de regir Nuestro Yo, es decir, la lucha contranosotros mismos, dentro de la consagración, ha de ser este: “ES NECESARIO QUEEL CREZCA Y QUE YO DISMINUYA”. Y es a la luz de este principio que vamos a vertodo lo demás y cuanto sea crecer Cristo y disminuir nosotros; hacer el hombrenuevo en justicia y santidad verdadera y destruir el viejo según la Palabra de Dios, que sevicia siguiendo la ilusión de las pasiones.
Para esto es necesario todo nuestro esfuerzo y deseo de conquista denosotros mismos. Es necesaria nuestraentrega. Para el reino de los cielos se necesita todo un hombre. Se necesitaentrega total. Es menester que el trabajados ponga toda el alma en lo que hace,sin mirar a ninguna otra parte. Además, es preciso tener perseverancia. Loshombres a medias fracasan, no alcanzan su fin. Tampoco saben perseverar.Debemos trabajar sin desmayo, en nosotros mismos y en las almas de los otros.Debemos trabajar constantemente con todo nuestro vigor.
El río arrastra la barca en cuanto ésta no se lanza hacia delante.Nosotros hemos de lanzarnos, ser fieles, perseverantes en todo momento. Nomiremos hacia atrás para cerciorarnos de lo que hemos hecho hasta ahora. Alcontrario, continuemos trabajando. “Lo que hay a mis espaldas lo olvido, dijoSan Pablo, y me lanzo a las cosas que hay delante de mí, Y no fijo mi atenciónen que todavía hay mucho que hacer, sino que obro, hago lo que puedo”.
“Hermanos, dijo San Francisco de Así, empecemos por fin a amar a Dios”.Empecemos. Empecemos, empecemos en todo momento.
Lo que caracteriza el espíritu de los principiantes es el ánimo, lafuerza, la tensión. El principiante no mira la noche. Solamente la mira quienestá cansado. Quien empieza no sabe pararse en el trabajo, hacer ahora aquí enlas cosas pequeñas todo cuanto nos es posible. He aquí el secreto de lagrandeza”. (Mons. Prohaszka).
Todo este hombre, toda esta entrega total la damos con nuestro corazónen nuestra consagración y con nuestra consagración y por nuestra esclavitud,cuando renunciamos totalmente a nosotros, para ser todos de Dios, en el Corazónde nuestra Madre. De modo que para nosotros, nuestro corazón, representanuestro yo.
“Cuando un alma ha comprendido la grandeza de la vida divina, sabe queel principio de la misma está en la unión con Cristo por la fe y la caridad”.Entonces aspira a la perfección de esta unión; anhela la plenitud de esa vida ala cual está destinada según el pensamiento eterno de Dios.
Preguntará alguno: ¿No será un sueño o una ilusión, esa perfección?. No,no es un sueño, no es una ilusión. Ella puede y debe ser una realidad porsublime que parezca.
“Lo que parece imposible a los hombres, esfácil para Dios” (Mt. 19,26).
“Por nuestros propios esfuerzos, lejos de Cristo, no podemos avanzar niun paso en la realización de esa unión, ni tampoco en el desarrollo de la vidaque esa unión engendra.
Sólo Dios es el que nos da el germen, yel conocimiento. A nosotros toca plantar y regar, como dice San Pablo. “Más,los frutos de la gracia eterna, se producen solamente por la savia de la graciadivina que Dios hace circular en nosotros”. (Columba Marmion).
EL PAPEL DE MARÍA.
Entenderá el lector la importancia que reviste para nosotros, paraalcanzar esos logros de nuestra perfección, lo que significa vivir en elCorazón de la Virgeny cuanto ayuda su poderosa intercesión para que nuestro entendimiento alcancela luz, nuestro corazón el amor y nuestra voluntad la fortaleza. Más aún.Entenderá mejor porque en hojas anteriormente publicadas hemos insistido tantoen la jaculatoria: “Madre en Tu Corazón mi corazón, todo lo que estoy haciendoy me pasa”. Es que para entrar dentro de este riesgoso y misterioso camino dela perfección necesita el alma ser sostenida y fortalecida por la acción deMaría y que cuanto más Ella nos envuelva en el amor de su Corazón, másalcanzaremos la gracia que buscamos y que decíamos más arriba: “ser verdaderasimágenes de Jesús”.
Oh Señora nuestra, Oh Madre nuestra: Guardadme y defendedmecomo cosa y posesión vuestra.
De ningún modo debemos apartarnos de nuestro objetivo primordial que fueenunciado al poner nuestro corazón en el Corazón de nuestra Madre y que esbuscar a través de ello, que nuestro corazón sea semejante al de Jesús, paraque Él pueda amar y glorificar al Padre en nosotros y pasar de nuevo por elmundo haciendo el bien.
LO QUE REZA LAIGLESIA.
Para que alentemos esta idea de nuestra consagración y podamosconvencernos de que el camino a seguir no es una ilusión, vamos a ver a la luzde lo que nos enseña laIglesia, que piensa ella de nuestra posición espiritual. Yluego para andar sobre caminos seguros y saber discernir las distintas mocionesque mueven nuestro interior y distinguir cuando son de Dios, cuando espírituhumano y cuando el demonio.
Hay un aforismo que dice en lengua latina: “Lex orando, lex credendi”,lo que traducido con libertad significa, que de la ley que se ha establecidopara orar en el transcurso de los siglos, se hace la ley que ha de creerse,cuando esa oración ha sido santificada por la Iglesia o por la universaldevoción de los cristianos. Por ello vamos a buscar en la oración oficial de la Iglesia, que es lo que nosdice con respecto a nuestra posición espiritual, a nuestra entrega a nuestraMadre y al Espíritu Santo, para que tome completa posesión de nuestro corazón.
Lo interesante con respecto a lo que buscamos es que las oraciones que la Iglesia ha establecidopara honrar al Espíritu Santo, se refieren al corazón, pero corazón en sentidoamplio, como símbolo de santidad de la persona en el cual se centra toda laobra. Por eso hablar de la transformación de todo nuestro corazón en Cristo, estomar todo el hombre, para que en todo él, por medio de ese símbolo, en el cualcentramos dicha obra, labrar la santidad.
QUE SE LE ATRIBUYE.
Así el Espíritu Santo se le atribuyen distintas clases de operacionescon respecto a nuestro corazón: una la de enseñar, otra la de purificar nuestrocorazón y otra la de llenarlo con su amor y hacerlo digna morada.
Antiguamente el día de Pentecostés la Iglesia no rezaba que ilustró su inteligencia,refiriéndose a los apóstoles, sino “que enseñó sus corazones”, es decir, quecambió todo el hombre simbolizado en sus corazones.
Y es evidente que los corazones no pueden ser enseñados si primero no seenseña la inteligencia. Luego es todo el hombre el que ha sido cambiado.
1º La de enseñar: “Oh Dios!Que en este día habéis enseñado los corazones de tus fieles por el EspírituSanto. Dadnos el gustar todo lo recto según el mismo espíritu.
“Oh Dios reparador y amador de la inocencia, dirige hacia Ti loscorazones de tus siervos para que concebido tu espíritu de fervor, seamosencontrados firmes en la fe y eficaces en las obras”.
“Limpia nuestros corazones por la ilustración del Espíritu Santo”.
Así decía la Iglesiael día de la purificación al bendecir las velas que han de entregarse a losfieles: así como estas luces encendidas con un fuego visible ahuyentan lastinieblas de la noche, así nuestras almas iluminadas por el fuego invisible oel resplandor del Espíritu Santo estén libres de la ceguera de todo lo visto,para que, purificados los ojos del espíritu, podamos discernir lo que esagradable y es útil a nuestra salvación, a fin de que merezcamos llegar despuésde las espantosas tinieblas de este mundo a la luz inextinguible”.
Refiriéndose a Simeón así rezaba: Como él fue iluminado interiormentepor el Espíritu Santo, así nosotros, “Concedednos propicio que iluminados porla gracia del Espíritu Santo conozcamos de veras y amemos con fidelidad”.
Confía en lo quedijiste el día de tu Consagración: que el Espíritu Santo tome completa posesiónde tu corazón, en el corazón de nuestra Madre y lo haga semejante al de Jesús.
2º Purifica: “Oh luzbeatísima, llena lo más íntimo de los corazones de tus fieles. Sin tu luz nadahay en el hombre, nada que sea inocente. Lava lo que está sucio, riega lo quees árido, sana lo que está enfermo, ablanda lo que está duro, calienta lo queestá frío, endereza lo que está torcido”. (Secuencia de Pentecostés) y así vaenumerando en esta hermosa oración todas las operaciones que realiza elEspíritu Santo en nuestro corazón por medio de las figuras que propone.
3º Es fuego que devora ypurifica. Es ilustración que enseña. Es amor derramado. “Ven, oh EspírituSanto, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tuamor”.
“Sea tomada (la oblata) por aquel divino fuego, que a los discípulos deCristo, Hijo tuyo, por medio del Espíritu Santo, consumió sus corazones”.
EL POR QUE.
¿Por qué hemos puesto o citado todos estos textos de la Liturgia de ayer y de hoyreferentes al Espíritu Santo? Cuanto más tengamos arraigado el amor al DivinoEspíritu y cuanto más profundas sean las razones que nos demos para vivir enunión con Él y con María, más grande será el fruto y más fecundo en nosotros elamor que el Divino Espíritu ha derramado en nuestros corazones. Yo creoprofundamente, que quien descubre la importancia y trascendencia que el DivinoEspíritu tiene en el alma de cada uno de nosotros, más honda es la obra de Diosen nuestros corazones y sobre todo el objetivo de nuestra Consagración alcanzasu plena realización, ya que es a Él que le pedimos que haga nuestro corazónsemejante al de Jesús para que Él pueda pasar por nosotros haciendo el bien.
Número 20
¿LO HEMOS ENTREGADO?
Através del tiempo ido hablando de la Consagración, es decir, de nuestra entrega totala Jesús por María. Si no nos hemos consagrado ha sido por la desconfianza ennosotros y la pobreza de nuestra fuerza. Y al consagrarnos hemos quedado dentrode nosotros. Y para que todo quede encauzado hacia Cristo, para que la renunciaa nosotros mismos sea efectiva, van estas líneas con deseos de que,encausándolo todo hacia Cristo, triunfe en nosotros su gracia. Y cuanto másdébiles nos sintamos, como dice el apóstol, más fuerte seamos, no nosotros,sino su gracia en nosotros para que los últimos deseos del Corazón de Cristoaniden en nuestros corazones.
“Siel hombre diere toda su hacienda, aún s nada; si hiciere gran penitencia, aúnestá lejos. Y si tuviera gran virtud y muy ferviente devoción aún le falta mucho. Le falta la cosa másnecesaria. Y ésta ¿cuál es? Que dejado todo se deje a sí mismo y alga todo desí y no le quede nada de amor propio”. Así la imitación de Cristo.
Todolo hemos entregado: pero ¿a “Nuestro Yo”? Y al salir de nosotros mismos no lopodríamos hacer sino en el morir cotidiano en la entrega continua, en elsacrificio perenne.
“Nohay alguno más rico, ni más libre, ni más poderoso que aquel que sabe dejarse así en todas las cosas y ponerse en el más lugar” (Imitación)
Yesto no lo haremos con una entrega de una vez, sino con el sacrificio continuo,porque el morir a sí mismo es obra conjunta de Dios y nosotros. Pero sobre todode Dios y de toda una vida de entrega a los más pequeños sacrificios.
Morira sí mismo es el pago que se da por adquirir algo superior y de mayor precio,como: la gloria eterna, méritos, santidad, bien para los demás. Y paranosotros, morir a nosotros mismos, es el pago que damos por adquirir nuestrasemejanza con Cristo y el grado de gracia y de gloria que el Padre quiere decada uno de nosotros.
IMPORTANCIADE CONOCERNOS A NOSOTROS MISMOS.
Parapoder ser verdaderas imágenes de Cristo debemos saber qué es lo que lo queaportamos nosotros en laConsagración, en este contrato que hacemos con nuestra Madrepara lograr nuestra transformación. Y por eso “Nuestro Yo”.
Yal ver que es lo que constituye, entonces comprenderemos porque es necesarianuestra disminución para que Cristo crezca y como es posible que no vivamos yaen nosotros sino sea Él quien viva en nosotros.
Cuánimportante entonces es conocerse a sí mismo, ya que somos la materia sobre laque tenemos que trabajar.
Cuantomás conozcamos “Nuestro Yo” más fácil se nos hará el camino hacia la cima de lasantidad, pero es gracia de Dios conocerse. Por eso es Él quien debe iluminarnuestro interior para que veamos.
SanGrignon de Montfort hablando de nuestra Consagración, que él llama la Santa Esclavitud, dice de ellaque es el verdadero Árbol de la Vida. Elalma, donde este árbol se ha plantado, ha de estar como buen jardinero, sincesar ocupada en guardarle y mirarle. Porque este árbol, que es vivo y debeproducir frutos de vida, quiere que se le cultive y haga crecer con el continuomirar o contemplación del alma. Y éste es el negocio del alma que quiere llegara ser perfecta, pensar en esto con frecuencia, de modo que sea ésta suprincipal ocupación.
Hayque arrancar y cortar las espinas y cardos, que con el tiempo pudieran ahogareste árbol e impedir que diera fruto… es decir, que hay que ser fiel en cortary tronchar con la mortificación y abnegación de sí mismo, todos los placeresinútiles y vanas ocupaciones con las criaturas. En otros términos: crucificarla carne, guardar silencio y mortificar los sentidos.
Ellector se preguntará: ¿Puede ser esto posible en el mundo de hoy? ¿Se puedemortificar la carne, guardar los sentidos y mantener el silencie en un mundoque hace todo lo contrario de lo que afirma San Grignon de Montfort? Pero esindudable que el alma que está en el Corazón de María y que se siente atraídapor el Espíritu, siente necesidad de hacer esto, sea con estas palabras o bajocualquier otra forma, pero indudablemente Dios metido dentro del alma imprime ala misma el sello divino y lo que siempre fue sigue siendo. No nossantificaremos. No viviremos en la verdadera vida de piedad si no entramosdentro de nosotros mismos para encontrarnos allí con Dios, en el Corazón denuestra Madre.
Másduros aún parecen los términos que usa el Santo de la Verdadera Devocióna la Santísima Virgen:“hay que tener cuidado de que las orugas no lo dañen. Estas orugas que comenlas hojas verdes y destruyen las hermosas esperanzas de fruto que el almamostraba, son el amor propio y el amor de las comodidades… porque el amor de símismo y el amor de María no se pueden en manera alguna conciliar”.
Nohay que dejar, dice en forma cruda, que las bestias se acerquen a él. Estasbestias son los pecados que con sólo su contacto podrían matar el Árbol de la Vida.
Ellector comprenderá que hoy es una palabra que casi no se usa, la del pecado,porque los esfuerzos del hombre han tendido a borrar toda huella del mismo y deun modo especial se ha logrado perder el santo Temor de Dios que es el quehacía que los antiguos huyesen del pecado para vivir en la gracia y estarunidos de esa forma a Dios en la fidelidad de su vida.
Terminemoscon estas palabras: “Hay que regar con frecuencia este árbol divino, haciendocon fervor ejercicios de piedad, confesiones, comuniones y otras oracionespúblicas y particulares sin lo cual dejaría de dar fruto”.
NUESTROPRINCIPIO.
Elprincipio que ha de regir “Nuestro Yo”, es decir, la lucha contra nosotrosmismos, dentro de laConsagración ha de ser éste: “ES NECESARIO QUE EL CREZCA YQUE YO DISMINUYA”. Y es a la luz de este principio que vamos a ver todo lodemás y cuanto sea crecer en Cristo y disminuir nosotros; hacer el hombre nuevoen justicia y santidad verdadera y destruir el viejo que se vicia siguiendo lailusión de las pasiones. Pero para esto es necesario todo nuestro esfuerzo ydeseo de conquista de nosotros mismos. Es necesaria nuestra entrega.
“Parael Reino de los Cielos se necesita todo un hombre”. Se necesita entrega total. Es menester que eltrabajador ponga toda el alma en lo que hace, sin mirar a ninguna otra parte. Yademás es preciso tener perseverancia.Los hombres a medias fracasan, no alcanzan su fin. Tampoco saben perseverar.Debemos trabajar constantemente con todo nuestro vigor. Y debemos trabajar sindesmayo en nosotros mismos y en las almas de los otros. El río arrastra labarca en cuanto esta no se lanza hacia delante. Yo he de lanzarme, ser fiel,perseverante en todo momento. No miremos hacia atrás para cerciorarnos de loque hemos hecho hasta ahora.
Alcontrario, continuemos trabajando: “Lo que hay a mis espaldas lo olvido, dijoSan Pablo, y me lanzo a las cosas que hay delante de mí”. “Y no fijo miatención en que todavía hay mucho que hacer, sino que obro hago lo que puedo”.
“Hermanos,dijo San Francisco de Asís empecemos por fin a amar a Dios. Empecemos,empecemos en todo momento”.
“Loque caracteriza el espíritu de los principiantes es el ánimo, la fuerza, latensión. El principiante no mira la noche; solamente la mira quien estácansado. Quien empieza no sabe pararse en el trabajo, hacer ahora aquí en lascosas pequeñas, todo cuanto nos es posible, he ahí el secreto de la grandeza”(Mons. Prohzaska)
Todoeste hombre, toda esta entrega total la damos con nuestro corazón en nuestraConsagración y por nuestra Consagración y por nuestra Esclavitud cuandorenunciamos totalmente a nosotros para ser todos de Dios en el Corazón denuestra Madre. De modo que para nosotros nuestro corazón representa “NuestroYo”.
“Cuandoun alma ha comprendido la grandeza de la vida divina, sabe que el principio dela misma está en la unión con Cristo por la fe y la caridad”. Entonces aspira ala perfección de esta unión; anhela la plenitud de esa vida a la cual estádestinada según el pensamiento eterno de Dios.
Preguntaráalguno: ¿No será un sueño o una ilusión esa perfección? No, no es un sueño nies una ilusión. Ella puede y debe ser una realidad por sublime que parezca. “Loque parece imposible a los hombres, es fácil para Dios”. Así Cristo.
“Pornuestros propios esfuerzos, lejos de Cristo, no podemos avanzar ni un paso enla realización de esa unión, ni tampoco en el desarrollo de la vida que esaunión engendra”.
SóloDios es el que nos da el germen y el conocimiento. A nosotros nos toca plantary regar, como dice San Pablo: “mas los frutos de la vida eterna, se producensolamente por la savia de la gracia divina que Dios hace circular en nosotros”.(Columba Marmión).
Como María es dondequiera la Virgenfecunda, en todas las almas que vive hace brotar la pureza de corazón y decuerpo, la pureza de intenciones y designios y la fecundidad de buenas obras.No creas alma querida, que María, la más fecunda de las puras criaturas, la quellegó hasta el punto de producir un Dios, permanezca ociosa en un alma fiel.Ella sin cesar hará vivir el lama para Jesucristo y hará vivir a Jesucristo enel alma. “Hijitos míos, a quienes doy nuevamente a luz, hasta que se formeCristo en vosotros”. Así San Pablo.
Si como lo fue al naceren el mundo, es Jesucristo fruto de María en cada una de las almas, sin dudaque en aquellas donde particularmente Él habita es singularmente Jesucristofruto y obra suya”.
LA NEGACIÓN DE SÍ MISMO.
Decíamosque para formar a Jesús en nosotros, en el Corazón de nuestra Madre, no íbamosa hacer otra cosa sino “seguir los pasos que siguió Jesús, unidos a Él como anuestra raíz y edificados sobre Él, confirmados en la fe, creciendo más y máscon Ella en acciones de gracias y que nuestro primer paso sería abrazar la cruzde cada día para poder ser sus discípulos y seguirlo por el camino que esestrecho y la puerta que es angosta y poder así entrar y situarnos en el mismopunto de vista que tuvo Cristo para ver las cosas” (así en Vida deConsagración).
Deahí que para procurar vivir el Evangelio y los últimos deseos del Corazón deJesús, no haremos sino lo que el Maestro nos ha dicho y para lo que ha puestouna serie de condiciones que se refieren a nosotros mismos y que hemos decumplir si estamos dispuestos a seguirlo.
“Sialguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo y cargue su cruz ysígame”.
ELCAMINO PARA SEGUIR A JESÚS SE COMPONE DE LOS SIGUIENTE:
1º)Negarse a sí mismo por el conocimiento de nosotros mismos a ejemplo del quecomenzó a edificar, y por ello “Nuestro Yo”.
2º)Esta negación se manifiesta en primer término tomando la cruz de cada uno y poreso “Nuestra Cruz”.
3º)Luego esta negación lleva a poner su amor sobre todas las cosas y estardispuesto a perderlo todo antes que perderlo a Él y entonces entendemos elporque de “la guarda del corazón”.
4º)Esta renuncia de nosotros mismos lleva a dejarlo todo, a renunciarlo todo, porlo menos espiritualmente, por amor a Cristo y por eso hablamos de “nuestrapobreza”.
Siqueremos negarnos a nosotros mismos, hemos de ver primero que es “Nuestro Yo”.Esto es: que somos nosotros mismos y entender como hemos de negarnos. Luegotomar “nuestra cruz” y abrazarnos a ella poniendo a nuestro corazón dentro delamor de Cristo y custodiándolo para que así sea.
Abrazadosa la cruz renunciamos a todo por “nuestra vida de Consagración” con espíritu depobreza para que disminuyendo nosotros aparezca su semejanza y seamosverdaderas imágenes suyas. Y nada nos llevará tanto al vencimiento de nosotrosmismos como la desconfianza sobre nosotros, para ponerla únicamente en Dios.
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