Así vivimos nuestras Fiestas
El porqué de nuestras fiestas
La razón es obvia. Porque en ellas encontramos un motivo de
renovar nuestro fervor y nuestros conocimientos, de avivar nuestra fe
en la meditación y recordación de los misterios, de los hechos y de
los ejemplos que nuestra Santa Madre la Iglesia nos presenta y porque
al rememorarlos cada año y constituir, como los diversos pasos de
nuestra "Vida de Consagración", nos dan ocasión para profundizar el
sentido de nuestra entrega y de nuestra vida interior, considerar
nuestros progresos y nuestros defectos a la luz de esa misma entrega y
de crecer en el amor de Jesús y de María. Como cada una de ellas lleva
en sí la gracia del misterio o fiesta que se conmemora, hace que en
espíritu participemos realmente y recibamos sus beneficios como los que
estuvieron presentes en su realización y ya por el gozo, ya por el
aliento, ya por la alegría que proporcionan son como un aliciente
grande para seguir sin desmayos ni claudicaciones en el camino
emprendido de nuestra entrega, que ciertamente necesita de estos
"oasis" espirituales para refrigerio y ayuda en la difícil marcha de la
conquista de nosotros mismos y del escalamiento de la vida interior.
Estas fiestas debemos vivirlas en la sencillez de nuestro espíritu y en
la entrega filial para encontrar en ellas, el gozo y la alegría de que
hemos hablado.
Podemos dividirlas en dos grupos: las grandes fiestas de la
Iglesia y las nuestras íntimas y espirituales. Las primeras son
aquellas que la Iglesia celebra con especial solemnidad en los grandes
misterios y las segundas aquellas otras que han tenido una importancia
capital para nosotros y han marcado o jalonado una etapa en nuestra
vida. De ambas diremos algo brevemente.
DÍA 19 DE MARZO, SAN JOSÉ
Esposo de Santa María Virgen, San José es el protector del Cenáculo y, todos los miércoles, y el 19 de cada mes, es un día dedicado a él. “Fue el guardián y protector de
la Cabeza del Cuerpo Místico, José guardaba
la Iglesia que
se escondía en Nazareth, que nació en Belén, que crecía a su sombra.
Así lo entendió ésta, que en tiempos difíciles se puso bajo su
patrocinio, su oración y su custodia. Cada fiel que ha nacido por el
bautismo y que forma parte del Cuerpo Místico de
la Iglesia, está bajo su protección.
La Iglesia en
un todo. Todos estamos bajo su cuidado. Si somos otros Cristos, con
nuestra unión con Él, San José, hasta el fin de los tiempos cuidará de
todos y cada uno, como lo hizo con Jesús. Si falta nuestra devoción a
San José, falta el amor al padre adoptivo de Jesús y carecemos de uno
de los principales afectos humanos y divinos de Jesús en nuestro
corazón, que es el amor a José”.
ORACIONES PARA EL MES DE SAN JOSÉ.
Oh gloriosísimo y muy bienaventurado San José: inúndase mi alma de
alegría inexplicable al contemplar las gracias con que Dios os ha
enriquecido. Porque vos, como creemos todos, fuisteis ya santificado en
el seno materno, y siendo Esposo de María fuisteis elegido por ¡Padre
nutricio del Hijo de Dios…!. Qué mucho pues, si sobre todos los demás
santos, a excepción tan sólo de
la Santísima Virgen,
gozáis de tan singular gloria en la tierra y en los cielos. Porque así
como en este mundo Vos y vuestro Hijo y vuestra Esposa estuvisteis
siempre unidos en ánimo y voluntad, del mismo modo estáis unidos en el
Cielo con el más íntimo lazo.
Salúdoos, pues, de corazón Jesús, María y José.
De Jesús muy fino amante,
No me olvides un instante,
Esposo fiel de María,
Tus glorias cante este día.
Atended mis ruegos, dulcísimo José y en este mes dedicado a
honrarte, concédeme la gracia que de corazón te pido, mientras me gozo
en tu protección y en tus glorias.
(Hágase la petición)
ACORDAOS A SAN JOSÉ.
Acordaos, oh castísimo esposo de
la Virgen María
y amable protector mío San José, que jamás se ha oído decir que ninguno
que haya invocado vuestra protección e implorado vuestro auxilio haya
sido desamparado de Vos. Animado, pues, con esta confianza, vengo a
vuestra presencia y con fervor a Vos me encomiendo. No desechéis mis
súplicas, oh padre putativo del Redentor, antes acogedlas benignamente
y dignaos despacharlas favorablemente. Así sea.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Oh Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Oh Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Oh, Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santa María, ruega por nosotros
Insigne descendiente de David, ruega por nosotros.
Luz de los patriarcas, ruega…
Esposo de
la Madre de Dios, ruega…
Padre nutricio del Hijo de Dios, ruega…
Solícito defensor de Cristo, ruega…
Jefe de
la Sagrada Familia, ruega…
José justísimo, ruega…
José castísimo, ruega…
José prudentísimo, ruega…
José fortísimo, ruega…
José obedientísimo, ruega…
José fidelísimo, ruega…
Espejo de paciencia, ruega…
Amante de
la Pobreza, ruega…
Modelo de los obreros, ruega…
Honra de la vida doméstica, ruega…
Custodio de la virginidad, ruega…
Sostén de las familias, ruega…
Consuelo de los miserables, ruega…
Esperanza de los enfermos, ruega…
Patrono de los moribundos, ruega…
Terror de los demonios, ruega…
San José, ruega…
Protector de
la Santa Iglesia, ruega…
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, óyenos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.
Le constituyó señor de su casa
Y príncipe de toda su posesión.
ORACION.
Oh Dios, que por una providencia inefable os dignasteis elegir al
bienaventurado San José para esposo de vuestra Santísima Madre; haced
que merezcamos tener por intercesor en el cielo al que veneramos por
protector en la tierra, Vos que vivís y reináis en los siglos de los
siglos. Así sea.
ORACIÓN FINAL.
A Vos acudimos en nuestra tribulación bienaventurado José, y después
de haber implorado el auxilio de vuestra Santísima Esposa solicitamos
también confiadamente vuestro patrocinio. Por el afecto que os unió a
la Virgen Inmaculada,
Madre de Dios, por el amor paternal con que abrazasteis al Niño Jesús,
os suplicamos que volváis los ojos a la herencia que Jesucristo
conquistó con su Sangre y que nos socorráis con vuestro poder y auxilio
en todas nuestras tribulaciones.
Proteged, providentísimo custodio de
la Sagrada Familia
a la herencia escogida de Jesucristo; protegednos Padre amantísimo de
todo contagio de error y corrupción; asistidnos desde el cielo, oh
fortísimo libertador nuestro en el combate que al presente libramos
contra el poder del enemigo y contra toda adversidad; y como en otro
tiempo librasteis del inminente peligro de la vida al Niño Jesús,
defended ahora a la Santa Iglesia de Dios contra las acechanzas de sus
enemigos y de toda adversidad. Amparad a cada uno de nosotros con
vuestro perpetuo patrocinio, a fin de que siguiendo vuestros ejemplos y
sostenidos con vuestros auxilios, podamos vivir santamente, morir
cristianamente y alcanzar en el cielo la eterna bienaventuranza. Así
sea.

SOLEMNIDAD DE
LA ANUNCIACION DEL SEÑOR.
Precedida de una Novena.
En lo posible participar en la eucaristía todos los días.
Meditar y contemplar el momento de la anunciación del Arcángel San Gabriel a
la Santísima Virgen María, en el Evangelio de San Lucas. Recordar que nuestro camino espiritual a Jesús por María comienza en ese instante. Así como Jesús eligió a la
Virgen María para venir a nosotros, nosotros elegimos a
la Virgen para
ir a Él. Y meditamos la fórmula de nuestra consagración. (Si aún no la
hicimos porque estamos en formación, es bueno irla diciendo y
profundizando, pidiendo la gracia de
la Consagración)
Madre:
Pongo mi corazón en el tuyo,
para que allí Cristo, como en una nueva Anunciación, por medio del
Espíritu Santo, tome completa posesión del mío y lo haga semejante al
suyo, para que pueda amar y glorificar al Padre en mí y pasar de nuevo
por el mundo haciendo el bien.
Entrego mi cuerpo en calidad
de esclavo, mi corazón y mi alma con sus potencias, el valor
satisfactorio y propiciatorio de mis buenas acciones, todas las
indulgencias, los méritos que me son propios e intransferibles, todas
mis buenas acciones, a todos los que amo, todas mis faltas y pecados.
El día de
la Solemnidad, hacer esta oración de San Gringnon de Montfort:
Oh! Espíritu Santo, concedednos todas las gracias, plantad, regad y cultivad en nuestras almas el Árbol de
la Vida verdadero, que es la amabilísima María, para que crezca, florezca y dé con abundancia el fruto de Vida.
Oh! Espíritu Santo, dadnos
mucha devoción y mucha afición a María, que nos apoyemos mucho en su
seno maternal y recurramos de continuo a su misericordia para que en
Ella forméis dentro de nosotros a Jesucristo, al natural, crecido y
vigoroso hasta la plenitud de la edad perfecta. Así sea.
Si es posible en la misa o ante el sagrario, haciendo también una hora de adoración al Santísimo Sacramento.
Día en que Jesús se entregó a María para tomar de Ella un cuerpo.
Día en que el Maestro dice al Padre: “Tu no has querido sacrificio, ni
ofrenda, mas a Mí me has apropiado un cuerpo; holocaustos por el pecado
no te han agradado. Entonces dije: Heme aquí que vengo según está
escrito de Mí al principio del libro, para cumplir ¡Oh Dios!, tu
voluntad. He. X, 7).
Día en que María dice al Ángel: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí, según tu palabra” (Lc. I, 38).
Día en que las almas a quien
Dios revela este camino renuevan gozosas su entrega a Jesús por María y
por Él al Padre y como Ella dicen llenos de alegría también: He aquí la
esclava o el esclavo del Señor, hágase en mí según tu palabra. Han
hallado el mismo camino que usó Jesús para venir al mundo y los que
entran por él no tienen miedo de perderse porque saben seguros que han
de encontrar el término del mismo que es Cristo Jesús.
“El gran molde de Dios hecho por el
Espíritu Santo, para formar al natural un Dios-Hombre, por la unión
hipostática y para formar un hombre-Dios por la gracia, es María. Ni un
solo rasgo de divinidad falta en este molde; cualquiera que se meta en
él y se deje manejar, recibe allí todos los rasgos de Jesucristo,
verdadero Dios; y esto de manera suave y proporcionada a la debilidad
humana, sin grandes trabajos ni agonías; de manera segura y sin miedo
de ilusiones, que no tiene parte aquí el demonio ni tendrá jamás
entrada donde está María. De manera, en fin, santa e inmaculada, sin la
menor mancilla de culpa. (El Secreto de María)
Hay una lección en la “Anunciación” y
en la que pocas veces reparamos y que la constituye la maduración de
juicio y de conciencia de María. No se halla el Ángel al traerle el
anuncio frente a una persona mayor, no se presenta ante una mujer
cultivada por el estudio y la experiencia, sino ante una jovencita de
un humilde pueblo y de una familia humilde. Podrán haber sido gloriosos
sus antepasados, pero ya no lo son. El Ángel se encuentra ante una
mujer madura por la reflexión y la gracia. Es Ella un ejemplo admirable
de maduración. El hecho de guardar todas las cosas en su corazón para
ponderarlas, ¿no nos da la sensación de su maduración y no nos enseña
que no son necesarios los años para ello, sino que es una cosa personal
en la que interviene, no sólo la educación familiar o social, sino que
también las condiciones naturales que en un clima propicio alcanzan
prontamente su logro al hallar el marco también propicio para lograrlo?
La prudencia de nuestra Madre en
la Anunciación, su reposo para pensar y contestar, su ponderación de las cosas, el “silencio” frente a las dudas de José...
La Anunciación
nos muestra, pues, el alma de María realizada humanamente para poderlo
ser sobrenaturalmente. No es posible una vida de piedad sólida y firme
sin una previa maduración humana. Si la conciencia no ha tomado
posesión de sí mismo y el alma no es dueña de sí para poder darse, pues
primero es necesario poseerse para poder darse. María era dueña y
señora de sí y por eso pudo darse..
María pudo darse a Dios porque era dueña de sí y por eso, libremente, pudo ser esclava.
La maduración de la conciencia es la que hace responsable o no, al hombre (varón y mujer) de su propio destino.
La Virgen
preguntando: “¿Cómo será esto, pues yo no conozco varón?”, es el
ejemplo admirable de la conciencia madura respondiendo con libre
albedrío a un pedido que se le hace y que ha de fijar para siempre su
propio destino. Dios nos ha dado la libertad, para que abandonados en
su misericordia, usemos de ella según nuestra propia conciencia y
libremente elijamos nuestro obrar. Así lo hizo María en
la Anunciación y por eso glorificó al Señor.
Las Consagradas y los Consagrados del
Cenáculo de María, desarrollan toda la vida en María. Su Corazón es el
ámbito natural donde logran la transformación en Jesús. Como Jesús, que
en su seno, logró en Ella, un cuerpo como el nuestro y un alma como la
nuestra. De allí nuestra insistencia en hacer todo en el Corazón de
la Virgen, donde estamos “encorazonadas y encorazonados”. En María, con María, por María.
Nada escapa a esta Consagración,
porque, desde el punto de vista de María vemos todo lo demás. Desde la
visión de María, Dios veía todo lo que luego habría de suceder con su
“fiat”- SI – Sin su sí, no se hubiese podido dar
la Encarnación
del Verbo ni toda la revelación consiguiente, que Jesús nos hizo de
Dios como Padre y de la acción del Espíritu Santo. Ella era una pieza
clave en
la Redención y por ello fue tan necesaria. Partimos de María, como Jesús. En Ella encontró todo en el momento de
la Encarnación
y desde Ella arrancó todo. Qué de extraño tiene que nosotros partamos
de Ella, no porque sea necesaria absolutamente, sino por el simple
hecho que hacemos como Jesús. Todo lo empezó por Ella. Monseñor Roberto
P. Lodigiani.
MES DE MAYO
PENTECOSTES
Indudablemente hay una fiesta, grande entre
las fiestas que caldea nuestro corazón para celebrar todas las otras y que es
como el hogar que mantiene encendido en el fervor año tras año nuestro pecho,
si la celebramos con toda fidelidad y hacemos su novena con verdadero fervor y
sincero deseo de aprovechamiento y de crecer en la vida de unión con Dios: es
la fiesta de PENTECOSTES. Además de la importancia que tiene, por la preponderancia
que le da la misma Iglesia, al mandarla celebrar todos los años, para nosotros
adquiere una importancia particular no sólo por la realidad de la presencia
del Espíritu Santo en nosotros sino también por la entrega que le hemos hecho
de nuestro corazón para que tome completa posesión de él. Es por lo tanto, una
fiesta de unión, para que así como formó a Jesús en el seno de María, así
forme o modele nuestro corazón, en el corazón de Ella, semejante al de Jesús.
Fuego interior, que a medida que crece y nos invade purifica el
corazón y lo gobierna con sus dones y manifiesta sus frutos. Fuego y hogar
porque mantiene encendido el fervor e insta al alma a un continuo adelantar y
crecer en la gracia, manteniéndola fiel a su entrega.
EL HUÉSPED 
Huésped
es la persona alojada en una casa. Hospedero el que hospeda en su casa a otro.
Nosotros
hospedamos al Espíritu Santo. Lo tenemos como un huésped en nuestra casa. Vive
en ella alojado.
La Iglesia
lo llama “dulce huésped del alma”. El huésped es digno de toda atención de
quien le brinda alojamiento. En ella tiene su posada. Su lugar de estar. Su
comodidad. Vive como en su casa y tiene toda la atención de quien le brinda su
hogar.
Brindar
alojamiento a un huésped es demostrar hacia él la distinción de que le queremos
hacer objeto. Darle la comodidad, el trato. Dispensarle la atención que
entendemos se merece. El huésped, por su calidad de tal, se convierte en el
centro de la casa y todas las finezas están dirigidas hacia él para que se
encuentre cómodo en el ámbito que se le brinda. Cuando uno ha tenido la suerte
de ser huésped, de haber sido atendido con toda distinción, es cuando se valora
toda la gracia que ha significado el honor de ser hospedado, considerado uno
más en la familia, de haber sido objeto de las finezas de ésta.
El
Espíritu Santo por el hecho de habernos sido dado, se ha transformado en
nuestro huésped y es Él el que merece el trato de que hablamos arriba. El que
quiere vivir en nuestro interior y formar parte de nuestra vida. Al huésped se
lo honra, se le dirigen las mejores palabras. En la medida que las condiciones
se van dando, se da también la intimidad. La conversación es cordial. Se
establece entre el huésped y el hospedero una relación que se va haciendo cada
vez más cordial e íntima. Nace la confianza y por confianza viene la
comunicación y ésta trae la intimidad. Esta es la historia del que descubre que
el Espíritu Santo vive dentro suyo. Que es su huésped. Que entre él y el
huésped se van dando todas las notas que poníamos sobre lo que es el huésped.
Pero este huésped trae sus dones, comunica sus carismas y por los dones y los
carismas, al intimar en su interior, le hace sentir toda la fuerza que nace de
esa comunicación que decíamos se establece y origina de la cordialidad.
“Dulce Huésped del
alma”, le dice
la Iglesia. Yo te digo con amor,
con fe y con confianza: habita en mí, vive en mí. Que yo te lleve en mi
interior como el huésped recibido de Dios, como un don que es fruto del
infinito amor del Padre, que Él da a todos los que se lo piden con confianza.
El gran molde de
Dios, hecho por el Espíritu Santo, para formar al natural un Dios Hombre, por
la unión hipostática, y para formar un Hombre Dios por la gracia, es María. Ni
un solo rasgo de divinidad falta en este molde; cualquiera que se meta en él y
se deje manejar, recibe allí todos los rasgos de Jesucristo, verdadero Dios; y
esto de manera suave y proporcionada a la debilidad humana, sin grandes
trabajos, ni agonías; de manera segura y sin miedo de ilusiones, que no tiene
parte aquí el demonio ni tendrá jamás entrada donde esté María; de manera, en
fin, santa e inmaculada, sin la menor mancilla de culpa.
EJERCITACIÓN PRÁCTICA.
NOVENA DEL ESPIRITU
SANTO.
¡Oh
Espíritu Santo! Espíritu Divino de luz y de amor, yo os consagro mi
entendimiento, mi corazón y mi voluntad, todo mi ser en el tiempo y en la
eternidad. Sea siempre dócil mi entendimiento a las inspiraciones del cielo y a
la doctrina de
la Santa Iglesia
Católica de la cual sois guía infalible; esté siempre inflamado mi corazón de
amor a Dios y al prójimo; esté siempre conforme mi voluntad con la voluntad
divina y sea toda mi vida una fiel imitación de la vida y de las virtudes de
nuestro Señor Jesucristo.
Venid, oh Espíritu
Santo, Espíritu de Sabiduría, purificad nuestro
corazón para que aprendamos a amar los bienes celestiales y anteponerlos a los terrenos.
Gloria
al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y
siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Venid, oh Espíritu
Santo, Espíritu de Entendimiento, iluminad nuestra
mente para que conozcamos mejor los misterios de la fe y los abracemos con
fidelidad.
Gloria…
Venid, oh Espíritu
Santo, Espíritu de Consejo, asistidnos en todas
las dificultades para que busquemos siempre lo que más convenga a nuestra
eterna salvación.
Gloria…
Venid, oh Espíritu
Santo, Espíritu de Fortaleza, inflamad nuestro
corazón para que en las tentaciones y adversidades jamás nos apartemos de Vos.
Gloria…
Venid, oh Espíritu
Santo, Espíritu de Ciencia, haced que
conozcamos y despreciemos la vanidad de los bienes de este mundo y no deseemos
conocer otra cosa que Jesús crucificado.
Gloria…
Venid, oh Espíritu
Santo, Espíritu de Piedad, encended en nuestro
corazón la verdadera piedad para que amemos a Dios sobre todas las cosas.
Gloria…
Venid, oh Espíritu
Santo, Espíritu de Temor de Dios, grabad vuestro
santo temor en nuestro corazón para que evitemos siempre todo lo que sea
desagradable a vuestros ojos purísimos.
Gloria…
Oración final:
Venid,
oh Espíritu Santo y enviadnos desde el cielo un rayo de tu luz. Venid, oh Padre
de los pobres y lumbre de los corazones; venid consolador, huésped y suave
refrigerio de las almas. Venid y enriquecednos con vuestros dones y dadnos con
ellos vuestros preciosos frutos. Embriagadnos con el don de Sabiduría,
alumbradnos con el don de Entendimiento, regidnos con el don de Consejo,
confortadnos con el don de Fortaleza, enseñadnos con el don de Ciencia,
heridnos con el don de Piedad y traspasad nuestro corazón con el don de Temor
de Dios. Así sea.
MES DE JUNIO
MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Nuestro padre fundador, Monseñor Roberto Lodigiani,lo vivía intensamente y nos lo hacía
vivir así.
Para obtener mayores frutos es aconsejable la oración todos los días después de la misa.
Lo más importante es, poner en nuestros corazones los sentimientos del
Corazón de Cristo, en el Corazón de nuestra Madre. No se cansaba de
repetirlo.
La
devoción al Sagrado Corazón es la base de nuestra entrega, ya que la
gracia que pedimos, es imitar al Maestro en sus sentimientos.
Nunca
podremos amar como Él nos ama. Pero intentamos amar como Él nos enseña,
en el Corazón de nuestra Madre. Pues, "No hay amor más grande que dar la vida
por el amigo", como Él lo hizo por todos y cada uno de nosotros.
Este es el Mes
de la Caridad. Ponemos en práctica obras de amor concretas, ayudando a
Cáritas, por ejemplo.
"Que toda la comunidad se sienta llamada a ver a
Jesús en los más pequeños y necesitados. Dando lo que puedan."
ACTO DE CONSAGRACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS.
Rendido a vuestros pies, oh Jesús mío, considerando las inefables
muestras de amor que me habéis dado y las sublimes lecciones que me enseña de
continuo vuestro adorabilísimo Corazón, os pido humildemente la gracia de
conoceros, amaros y serviros como fiel discípulo vuestro para hacerme digno de
las mercedes y bendiciones que generoso concedéis a los que de veras os
conocen, aman y sirven.
Mirad que soy muy pobre, dulcísimo Jesús, y necesito de Vos como el
mendigo de la limosna que el rico le ha de dar.
Mirad que soy muy rudo, oh soberano Maestro, y necesito de vuestras
divinas enseñanzas para luz y guía de mi ignorancia.
Mirad que soy muy débil, oh poderosísimo amparo de los flacos, y caigo a
cada paso y necesito apoyarme en Vos para no desfallecer.
Sedlo todo para mí Sagrado Corazón: socorro de mi miseria, lumbre de mis
ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad.
De Vos lo espera todo mi pobre corazón; Vos lo alentasteis y
convidasteis cuando con tan tiernos acentos dijisteis repetidas veces en
vuestro Evangelio: Venid a Mí, aprended de Mí; pedid, llamad.
A las puertas de vuestro Corazón vengo pues hoy y llamo y pido y espero;
del mío os hago, oh Señor, firme, formal y decidida entrega; tomadlo Vos y
dadme en cambio lo que sabéis me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la
eternidad. Amén.
BENDITO SEA EL SAGRADO CORAZÓN.
* Bendito sea el Corazón que nos
revela el amor de Dios.
* Bendito sea el Corazón que
tanto amó al Padre.
* Bendito sea el Corazón que
tanto amó a los hombres.
* Bendito sea el Corazón que
proclama las Bienaventuranzas.
* Bendito sea el Corazón suave y
humilde que aligera nuestra carga.
* Bendito sea el Corazón que
ofrece perdón a los pecadores.
* Bendito sea el Corazón que
recibió tanta ingratitud a cambio de su amor.
* Bendito sea el Corazón abierto
por la lanza.
* Bendito sea el Corazón de
donde surgió el agua del Bautismo.
* Bendito sea el Corazón de
donde surgió la sangre de la nueva alianza.
* Bendito sea el Corazón de
donde nació
la Iglesia,
la nueva Eva.
* Bendito sea el Corazón que nos
ha dado a María por Madre. |