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Pía Unión Cenáculo de María-La Plata
El Amor de Cristo nos ha unido en el Corazón de Nuestra Madre

ORACIONES

 ¡ Danos, Señor, santas vocaciones sacerdotales, religiosas y de almas consagradas. Señor: aumenta nuestro número!.
POR LAS VOCACIONES DEL INSTITUTO
SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS
1º de Octubre
RECEMOS  TODOS LOS   DIAS LA 
  
 
           
 
                            
                                PARA VOS,...QUE QUERÉS SABER QUÉ ES EL
"CENÁCULO DE MARÍA"
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     Así vivimos nuestras   Fiestas

El porqué de nuestras fiestas

La razón es obvia. Porque en ellas encontramos un motivo de renovar nuestro fervor y nuestros conocimientos, de avivar nuestra fe en la medita­ción y recordación de los misterios, de los hechos y de los ejemplos que nuestra Santa Madre la Igle­sia nos presenta y porque al rememorarlos cada año y constituir, como los diversos pasos de nues­tra "Vida de Consagración", nos dan ocasión para profundizar el sentido de nuestra entrega y de nues­tra vida interior, considerar nuestros progresos y nuestros defectos a la luz de esa misma entrega y de crecer en el amor de Jesús y de María. Como cada una de ellas lleva en sí la gracia del misterio o fiesta que se conmemora, hace que en espíritu participemos realmente y recibamos sus beneficios como los que estuvieron presentes en su realización y ya por el gozo, ya por el aliento, ya por la alegría que proporcionan son como un aliciente grande para seguir sin desmayos ni claudicaciones en el camino emprendido de nuestra entrega, que ciertamente necesita de estos "oasis" espirituales para refrigerio y ayuda en la difícil marcha de la conquista de nosotros mismos y del escalamiento de la vida interior. Estas fiestas debemos vivirlas en la sencillez de nuestro espíritu y en la entrega filial para encontrar en ellas, el gozo y la alegría de que hemos hablado.
 
Podemos dividirlas en dos grupos: las grandes fiestas de la Iglesia y las nuestras ínti­mas y espirituales. Las primeras son aquellas que la Iglesia celebra con especial solemnidad en los grandes misterios y las segundas aquellas otras que han tenido una importancia capital para nosotros y han marcado o jalonado una etapa en nuestra vida. De ambas diremos algo brevemente.

MES DE MARZO

 
DÍA 19 DE MARZO, SAN JOSÉ    

Esposo de Santa María Virgen, San José es el protector del Cenáculo y, todos los miércoles, y el 19 de cada mes, es un día dedicado a él. “Fue el guardián y protector de la Cabeza del Cuerpo Místico, José guardaba la Iglesia que se escondía en Nazareth, que nació en Belén, que crecía a su sombra. Así lo entendió ésta, que en tiempos difíciles se puso bajo su patrocinio, su oración y su custodia. Cada fiel que ha nacido por el bautismo y que forma parte del Cuerpo Místico de la Iglesia, está bajo su protección. La Iglesia en un todo. Todos estamos bajo su cuidado. Si somos otros Cristos, con nuestra unión con Él, San José, hasta el fin de los tiempos cuidará de todos y cada uno, como lo hizo con Jesús. Si falta nuestra devoción a San José, falta el amor al padre adoptivo de Jesús y carecemos de uno de los principales afectos humanos y divinos de Jesús en nuestro corazón, que es el amor a José”.

ORACIONES PARA EL MES DE SAN JOSÉ.

Oh gloriosísimo y muy bienaventurado San José: inúndase mi alma de alegría inexplicable al contemplar las gracias con que Dios os ha enriquecido. Porque vos, como creemos todos, fuisteis ya santificado en el seno materno, y siendo Esposo de María fuisteis elegido por ¡Padre nutricio del Hijo de Dios…!. Qué mucho pues, si sobre todos los demás santos, a excepción tan sólo de la Santísima Virgen, gozáis de tan singular gloria en la tierra y en los cielos. Porque así como en este mundo Vos y vuestro Hijo y vuestra Esposa estuvisteis siempre unidos en ánimo y voluntad, del mismo modo estáis unidos en el Cielo con el más íntimo lazo.

Salúdoos, pues, de corazón Jesús, María y José.

            De Jesús muy fino amante,

            No me olvides un instante,

            Esposo fiel de María,

            Tus glorias cante este día.

Atended mis ruegos, dulcísimo José y en este mes dedicado a honrarte, concédeme la gracia que de corazón te pido, mientras me gozo en tu protección y en tus glorias.

                        (Hágase la petición)

ACORDAOS A SAN JOSÉ.

Acordaos, oh castísimo esposo de la Virgen María y amable protector mío San José, que jamás se ha oído decir que ninguno que haya invocado vuestra protección e implorado vuestro auxilio haya sido desamparado de Vos. Animado, pues, con esta confianza, vengo a vuestra presencia y con fervor a Vos me encomiendo. No desechéis mis súplicas, oh padre putativo del Redentor, antes acogedlas benignamente y dignaos despacharlas favorablemente. Así sea.

LETANÍAS DE SAN JOSÉ.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Oh Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.

Oh Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.

Oh, Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.

Santa María, ruega por nosotros

Insigne descendiente de David, ruega por nosotros.

Luz de los patriarcas, ruega…

Esposo de la Madre de Dios, ruega…

Padre nutricio del Hijo de Dios, ruega…

Solícito defensor de Cristo, ruega…

Jefe de la Sagrada Familia, ruega…

José justísimo, ruega…

José castísimo, ruega…

José prudentísimo, ruega…

José fortísimo, ruega…

José obedientísimo, ruega…

José fidelísimo, ruega…

Espejo de paciencia, ruega…

Amante de la Pobreza, ruega…

Modelo de los obreros, ruega…

Honra de la vida doméstica, ruega…

Custodio de la virginidad, ruega…

Sostén de las familias, ruega…

Consuelo de los miserables, ruega…

Esperanza de los enfermos, ruega…

Patrono de los moribundos, ruega…

Terror de los demonios, ruega…

San José, ruega…

Protector de la Santa Iglesia, ruega…

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, óyenos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.

Le constituyó señor de su casa

Y príncipe de toda su posesión.

ORACION.

Oh Dios, que por una providencia inefable os dignasteis elegir al bienaventurado San José para esposo de vuestra Santísima Madre; haced que merezcamos tener por intercesor en el cielo al que veneramos por protector en la tierra, Vos que vivís y reináis en los siglos de los siglos. Así sea.

ORACIÓN FINAL.

A Vos acudimos en nuestra tribulación bienaventurado José, y después de haber implorado el auxilio de vuestra Santísima Esposa solicitamos también confiadamente vuestro patrocinio. Por el afecto que os unió a la Virgen Inmaculada, Madre de Dios, por el amor paternal con que abrazasteis al Niño Jesús, os suplicamos que volváis los ojos a la herencia que Jesucristo conquistó con su Sangre y que nos socorráis con vuestro poder y auxilio en todas nuestras tribulaciones.

Proteged, providentísimo custodio de la Sagrada Familia a la herencia escogida de Jesucristo; protegednos Padre amantísimo de todo contagio de error y corrupción; asistidnos desde el cielo, oh fortísimo libertador nuestro en el combate que al presente libramos contra el poder del enemigo y contra toda adversidad; y como en otro tiempo librasteis del inminente peligro de la vida al Niño Jesús, defended ahora a la Santa Iglesia de Dios contra las acechanzas de sus enemigos y de toda adversidad. Amparad a cada uno de nosotros con vuestro perpetuo patrocinio, a fin de que siguiendo vuestros ejemplos y sostenidos con vuestros auxilios, podamos vivir santamente, morir cristianamente  y alcanzar en el cielo la eterna bienaventuranza. Así sea.

 
 

SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACION DEL SEÑOR.

 

 
Precedida de una Novena.

En lo posible participar en la eucaristía todos los días.

Meditar y contemplar el momento de la anunciación del Arcángel San Gabriel a la Santísima Virgen María, en el Evangelio de San Lucas. Recordar que nuestro camino espiritual a Jesús por María comienza en ese instante. Así como Jesús eligió a la Virgen María para venir a nosotros, nosotros elegimos a la Virgen para ir a Él. Y meditamos la fórmula de nuestra consagración. (Si aún no la hicimos porque estamos en formación, es bueno irla diciendo y profundizando, pidiendo la gracia de la Consagración)

Madre:

Pongo mi corazón en el tuyo, para que allí Cristo, como en una nueva Anunciación, por medio del Espíritu Santo, tome completa posesión del mío y lo haga semejante al suyo, para que pueda amar y glorificar al Padre en mí y pasar de nuevo por el mundo haciendo el bien.

Entrego mi cuerpo en calidad de esclavo, mi corazón y mi alma con sus potencias, el valor satisfactorio y propiciatorio de mis buenas acciones, todas las indulgencias, los méritos que me son propios e intransferibles, todas mis buenas acciones, a todos los que amo, todas mis faltas y pecados.

El día de la Solemnidad, hacer esta oración de San Gringnon de Montfort:

Oh! Espíritu Santo, concedednos todas las gracias, plantad, regad y cultivad en nuestras almas el Árbol de la Vida verdadero, que es la amabilísima María, para que crezca, florezca y dé con abundancia el fruto de Vida.

Oh! Espíritu Santo, dadnos mucha devoción y mucha afición a María, que nos apoyemos mucho en su seno maternal y recurramos de continuo a su misericordia para que en Ella forméis dentro de nosotros a Jesucristo, al natural, crecido y vigoroso hasta la plenitud de la edad perfecta. Así sea.

Si es posible en la misa o ante el sagrario, haciendo también una hora de adoración al Santísimo Sacramento.

Día en que Jesús se entregó a María para tomar de Ella un cuerpo. Día en que el Maestro dice al Padre: “Tu no has querido sacrificio, ni ofrenda, mas a Mí me has apropiado un cuerpo; holocaustos por el pecado no te han agradado. Entonces dije: Heme aquí que vengo según está escrito de Mí al principio del libro, para cumplir ¡Oh Dios!, tu voluntad. He. X, 7).

Día en que María dice al Ángel: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí, según tu palabra” (Lc. I, 38).

Día en que las almas a quien Dios revela este camino renuevan gozosas su entrega a Jesús por María y por Él al Padre y como Ella dicen llenos de alegría también: He aquí la esclava o el esclavo del Señor, hágase en mí según tu palabra. Han hallado el mismo camino que usó Jesús para venir al mundo y los que entran por él no tienen miedo de perderse porque saben seguros que han de encontrar el término del mismo que es Cristo Jesús.

“El gran molde de Dios hecho por el Espíritu Santo, para formar al natural un Dios-Hombre, por la unión hipostática y para formar un hombre-Dios por la gracia, es María. Ni un solo rasgo de divinidad falta en este molde; cualquiera que se meta en él y se deje manejar, recibe allí todos los rasgos de Jesucristo, verdadero Dios; y esto de manera suave y proporcionada a la debilidad humana, sin grandes trabajos ni agonías; de manera segura y sin miedo de ilusiones, que no tiene parte aquí el demonio ni tendrá jamás entrada donde está María. De manera, en fin, santa e inmaculada, sin la menor mancilla de culpa. (El Secreto de María)

Hay una lección en la “Anunciación” y en la que pocas veces reparamos y que la constituye la maduración de juicio y de conciencia de María. No se halla el Ángel al traerle el anuncio frente a una persona mayor, no se presenta ante una mujer cultivada por el estudio y la experiencia, sino ante una jovencita de un humilde pueblo y de una familia humilde. Podrán haber sido gloriosos sus antepasados, pero ya no lo son. El Ángel se encuentra ante una mujer madura por la reflexión y la gracia. Es Ella un ejemplo admirable de maduración. El hecho de guardar todas las cosas en su corazón para ponderarlas, ¿no nos da la sensación de su maduración y no nos enseña que no son necesarios los años para ello, sino que es una cosa personal en la que interviene, no sólo la educación familiar o social, sino que también las condiciones naturales que en un clima propicio alcanzan prontamente su logro al hallar el marco también propicio para lograrlo?

La prudencia de nuestra Madre en la Anunciación, su reposo para pensar y contestar, su ponderación de las cosas, el “silencio” frente a las dudas de José...

La Anunciación nos muestra, pues, el alma de María realizada humanamente para poderlo ser sobrenaturalmente. No es posible una vida de piedad sólida y firme sin una previa maduración humana. Si la conciencia no ha tomado posesión de sí mismo y el alma no es dueña de sí para poder darse, pues primero es necesario poseerse para poder darse. María era dueña y señora de sí y por eso pudo darse..

María pudo darse a Dios porque era dueña de sí y por eso, libremente, pudo ser esclava.

La maduración de la conciencia es la que hace responsable o no, al hombre (varón y mujer) de su propio destino. La Virgen preguntando: “¿Cómo será esto, pues yo no conozco varón?”, es el ejemplo admirable de la conciencia madura respondiendo con libre albedrío a un pedido que se le hace y que ha de fijar para siempre su propio destino. Dios nos ha dado la libertad, para que abandonados en su misericordia, usemos de ella según nuestra propia conciencia y libremente elijamos nuestro obrar. Así lo hizo María en la Anunciación y por eso glorificó al Señor.

Las Consagradas y los Consagrados del Cenáculo de María, desarrollan toda la vida en María. Su Corazón es el ámbito natural donde logran la transformación en Jesús. Como Jesús, que en su seno, logró en Ella, un cuerpo como el nuestro y un alma como la nuestra. De allí nuestra insistencia en hacer todo en el Corazón de la Virgen, donde estamos “encorazonadas y encorazonados”. En María, con María, por María.

Nada escapa a esta Consagración, porque, desde el punto de vista de María vemos todo lo demás. Desde la visión de María, Dios veía todo lo que luego habría de suceder con su “fiat”- SI – Sin su sí, no se hubiese podido dar la Encarnación del Verbo ni toda la revelación consiguiente, que Jesús nos hizo de Dios como Padre y de la acción del Espíritu Santo. Ella era una pieza clave en la Redención y por ello fue tan necesaria. Partimos de María, como Jesús. En Ella encontró todo en el momento de la Encarnación y desde Ella arrancó todo. Qué de extraño tiene que nosotros partamos de Ella, no porque sea necesaria absolutamente, sino por el simple hecho que hacemos como Jesús. Todo lo empezó por Ella. Monseñor Roberto P. Lodigiani.

 
MES DE MAYO
 
PENTECOSTES



 
Indudablemente hay una fiesta, grande en­tre las fiestas que caldea nuestro corazón para ce­lebrar todas las otras y que es como el hogar que mantiene encendido en el fervor año tras año nues­tro pecho, si la celebramos con toda fidelidad y hacemos su novena con verdadero fervor y sincero deseo de aprovechamiento y de crecer en la vida de unión con Dios: es la fiesta de PENTECOSTES. Además de la importancia que tiene, por la pre­ponderancia que le da la misma Iglesia, al man­darla celebrar todos los años, para nosotros ad­quiere una importancia particular no sólo por la realidad de la presencia del Espíritu Santo en nos­otros sino también por la entrega que le hemos hecho de nuestro corazón para que tome completa posesión de él. Es por lo tanto, una fiesta de unión, para que así como formó a Jesús en el seno de Ma­ría, así forme o modele nuestro corazón, en el co­razón de Ella, semejante al de Jesús. Fuego inte­rior, que a medida que crece y nos invade puri­fica el corazón y lo gobierna con sus dones y ma­nifiesta sus frutos. Fuego y hogar porque man­tiene encendido el fervor e insta al alma a un continuo adelantar y crecer en la gracia, mantenién­dola fiel a su entrega.
 

EL HUÉSPED     

Huésped es la persona alojada en una casa. Hospedero el que hospeda en su casa a otro.

Nosotros hospedamos al Espíritu Santo. Lo tenemos como un huésped en nuestra casa. Vive en ella alojado. La Iglesia lo llama “dulce huésped del alma”. El huésped es digno de toda atención de quien le brinda alojamiento. En ella tiene su posada. Su lugar de estar. Su comodidad. Vive como en su casa y tiene toda la atención de quien le brinda su hogar.

Brindar alojamiento a un huésped es demostrar hacia él la distinción de que le queremos hacer objeto. Darle la comodidad, el trato. Dispensarle la atención que entendemos se merece. El huésped, por su calidad de tal, se convierte en el centro de la casa y todas las finezas están dirigidas hacia él para que se encuentre cómodo en el ámbito que se le brinda. Cuando uno ha tenido la suerte de ser huésped, de haber sido atendido con toda distinción, es cuando se valora toda la gracia que ha significado el honor de ser hospedado, considerado uno más en la familia, de haber sido objeto de las finezas de ésta.

El Espíritu Santo por el hecho de habernos sido dado, se ha transformado en nuestro huésped y es Él el que merece el trato de que hablamos arriba. El que quiere vivir en nuestro interior y formar parte de nuestra vida. Al huésped se lo honra, se le dirigen las mejores palabras. En la medida que las condiciones se van dando, se da también la intimidad. La conversación es cordial. Se establece entre el huésped y el hospedero una relación que se va haciendo cada vez más cordial e íntima. Nace la confianza y por confianza viene la comunicación y ésta trae la intimidad. Esta es la historia del que descubre que el Espíritu Santo vive dentro suyo. Que es su huésped. Que entre él y el huésped se van dando todas las notas que poníamos sobre lo que es el huésped. Pero este huésped trae sus dones, comunica sus carismas y por los dones y los carismas, al intimar en su interior, le hace sentir toda la fuerza que nace de esa comunicación que decíamos se establece y origina de la cordialidad.

“Dulce Huésped del alma”, le dice la Iglesia. Yo te digo con amor, con fe y con confianza: habita en mí, vive en mí. Que yo te lleve en mi interior como el huésped recibido de Dios, como un don que es fruto del infinito amor del Padre, que Él da a todos los que se lo piden con confianza.

El gran molde de Dios, hecho por el Espíritu Santo, para formar al natural un Dios Hombre, por la unión hipostática, y para formar un Hombre Dios por la gracia, es María. Ni un solo rasgo de divinidad falta en este molde; cualquiera que se meta en él y se deje manejar, recibe allí todos los rasgos de Jesucristo, verdadero Dios; y esto de manera suave y proporcionada a la debilidad humana, sin grandes trabajos, ni agonías; de manera segura y sin miedo de ilusiones, que no tiene parte aquí el demonio ni tendrá jamás entrada donde esté María; de manera, en fin, santa e inmaculada, sin la menor mancilla de culpa.

EJERCITACIÓN PRÁCTICA.

NOVENA DEL ESPIRITU SANTO.

¡Oh Espíritu Santo! Espíritu Divino de luz y de amor, yo os consagro mi entendimiento, mi corazón y mi voluntad, todo mi ser en el tiempo y en la eternidad. Sea siempre dócil mi entendimiento a las inspiraciones del cielo y a la doctrina de la Santa Iglesia Católica de la cual sois guía infalible; esté siempre inflamado mi corazón de amor a Dios y al prójimo; esté siempre conforme mi voluntad con la voluntad divina y sea toda mi vida una fiel imitación de la vida y de las virtudes de nuestro Señor Jesucristo.

Venid, oh Espíritu Santo, Espíritu de Sabiduría, purificad nuestro corazón para que aprendamos a amar los bienes celestiales y anteponerlos a los terrenos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Venid, oh Espíritu Santo, Espíritu de Entendimiento, iluminad nuestra mente para que conozcamos mejor los misterios de la fe y los abracemos con fidelidad.

Gloria…

Venid, oh Espíritu Santo, Espíritu de Consejo, asistidnos en todas las dificultades para que busquemos siempre lo que más convenga a nuestra eterna salvación.

Gloria…

Venid, oh Espíritu Santo, Espíritu de Fortaleza, inflamad nuestro corazón para que en las tentaciones y adversidades jamás nos apartemos de Vos.

Gloria…

Venid, oh Espíritu Santo, Espíritu de Ciencia, haced que conozcamos y despreciemos la vanidad de los bienes de este mundo y no deseemos conocer otra cosa que Jesús crucificado.

Gloria…

Venid, oh Espíritu Santo, Espíritu de Piedad, encended en nuestro corazón la verdadera piedad para que amemos a Dios sobre todas las cosas.

Gloria…

Venid, oh Espíritu Santo, Espíritu de Temor de Dios, grabad vuestro santo temor en nuestro corazón para que evitemos siempre todo lo que sea desagradable a vuestros ojos purísimos.

Gloria…

Oración final:

Venid, oh Espíritu Santo y enviadnos desde el cielo un rayo de tu luz. Venid, oh Padre de los pobres y lumbre de los corazones; venid consolador, huésped y suave refrigerio de las almas. Venid y enriquecednos con vuestros dones y dadnos con ellos vuestros preciosos frutos. Embriagadnos con el don de Sabiduría, alumbradnos con el don de Entendimiento, regidnos con el don de Consejo, confortadnos con el don de Fortaleza, enseñadnos con el don de Ciencia, heridnos con el don de Piedad y traspasad nuestro corazón con el don de Temor de Dios. Así sea.

 
 MES DE JUNIO

MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 
Nuestro padre fundador, Monseñor Roberto Lodigiani,lo vivía intensamente y nos lo hacía vivir así.
Para obtener mayores frutos es aconsejable la oración todos los días después de la misa.
Lo más importante es, poner en nuestros corazones los sentimientos del Corazón de Cristo, en el Corazón de nuestra Madre. No se cansaba de repetirlo.
La devoción al Sagrado Corazón es la base de nuestra entrega, ya que la gracia que pedimos, es imitar al Maestro en sus sentimientos.
Nunca podremos amar como Él nos ama. Pero intentamos amar como Él nos enseña, en el Corazón de nuestra Madre. Pues, "No hay amor más grande que dar la vida por el amigo", como Él lo hizo por todos y cada uno de nosotros.
Este es el Mes de la Caridad. Ponemos en práctica obras de amor concretas, ayudando a Cáritas, por ejemplo.
 
"Que toda la comunidad se sienta llamada a ver a Jesús en los más pequeños y necesitados. Dando lo que puedan."
 
ACTO DE CONSAGRACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS.
 
Rendido a vuestros pies, oh Jesús mío, considerando las inefables muestras de amor que me habéis dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo vuestro adorabilísimo Corazón, os pido humildemente la gracia de conoceros, amaros y serviros como fiel discípulo vuestro para hacerme digno de las mercedes y bendiciones que generoso concedéis a los que de veras os conocen, aman y sirven.

Mirad que soy muy pobre, dulcísimo Jesús, y necesito de Vos como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar.

Mirad que soy muy rudo, oh soberano Maestro, y necesito de vuestras divinas enseñanzas para luz y guía de mi ignorancia.

Mirad que soy muy débil, oh poderosísimo amparo de los flacos, y caigo a cada paso y necesito apoyarme en Vos para no desfallecer.

Sedlo todo para mí Sagrado Corazón: socorro de mi miseria, lumbre de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad.

De Vos lo espera todo mi pobre corazón; Vos lo alentasteis y convidasteis cuando con tan tiernos acentos dijisteis repetidas veces en vuestro Evangelio: Venid a Mí, aprended de Mí; pedid, llamad.

A las puertas de vuestro Corazón vengo pues hoy y llamo y pido y espero; del mío os hago, oh Señor, firme, formal y decidida entrega; tomadlo Vos y dadme en cambio lo que sabéis me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén.

 

BENDITO SEA EL SAGRADO CORAZÓN.

   * Bendito sea el Corazón que nos revela el amor de Dios.

   * Bendito sea el Corazón que tanto amó al Padre.

   * Bendito sea el Corazón que tanto amó a los hombres.

   * Bendito sea el Corazón que proclama las Bienaventuranzas.

   * Bendito sea el Corazón suave y humilde que aligera nuestra carga.

   * Bendito sea el Corazón que ofrece perdón a los pecadores.

   * Bendito sea el Corazón que recibió tanta ingratitud a cambio de su amor.

   * Bendito sea el Corazón abierto por la lanza.

   * Bendito sea el Corazón de donde surgió el agua del Bautismo.

   * Bendito sea el Corazón de donde surgió la sangre de la nueva alianza.

   * Bendito sea el Corazón de donde nació la Iglesia, la nueva Eva.

   * Bendito sea el Corazón que nos ha dado a María por Madre.

INVITACIÓN:                                                    

Si éste "nuestro ideal", que en apretada síntesis te ofrecemos, puede ser tuyo, te invitamos a compartirlo.

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