Cenáculo de María-La Plata
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Pía Unión Cenáculo de María
El Amor de Cristo nos ha unido en el Corazón de nuestra Madre

Este es Nuestro Mensaje

   
 
   Ansiamos e intentamos traducir en palabras el ideal de nuestro corazón.  
 
 

   Entre el ideal y las palabras debe crecer el AMOR, sino, las palabras “no serían más que bronce que resuena y campana que toca” (Cor.13,1).

 
 
  •    Pero ¿cuál es el ideal que transmitimos o queremos transmitir?, LA ENTREGA A JESÚS POR MARÍA. Nuestra Consagración.

 

  • Y ¿cómo hemos llegado nosotros a esta consagración?, por el AMOR.
 
 

AMOR __NECESIDAD DE ENTREGA__ESCLAVITUD MARIANA.

 

   Y  este amor, alimentando el ideal, nos “obliga” a contarlo a los demás, no sólo de palabras, sino con nuestra vida toda.

 
 
  •    ¿Todos entregamos el ideal de la misma manera? No, cada uno según su estado y conforme a los dones que haya recibido. Cada uno según el medio en que se desenvuelva.

 
 
  •    ¿Cómo sabemos si lo estamos transmitiendo? Porque sentiremos que nos realizamos en el amor. Que el amor es la razón de nuestro proceder. Que los demás ven en nosotros el amor de Cristo que se irradia…Más, no debemos desanimarnos por la enorme multitud de nuestras faltas, sabiendo que el Señor ve nuestras intenciones cuando son buenas y nos perdona las que no lo son, en el sacramento de la Reconciliación.

 
 
  •    ¿El ideal está siempre igual en nuestro corazón? No, madura en el dolor y en la abnegación, va madurando a medida que nosotros maduramos interiormente. No debemos dejarnos seducir por el “fervor novicio”, sino saber que habrá etapas de aridez y sequedad, tan necesarias al alma como lo es la noche para ver el amanecer.

 
 
  •    Nuestra personalidad ¿influye al ideal o es influenciada por él? Debemos llenarnos de Cristo para dar a Cristo. Si sólo nos llena el orgullo pues, daremos orgullo…De la fuente brota lo que la llena. La personalidad debe estar madura y equilibrada y si no lo está, si está llena de temores o angustias, la persona no debe desesperar sino clamar a Jesús por María, que lo libre de temores y le llene de “su” libertad.

 
 

   Servicio.   

 

El servicio, en el Amor, es la esencia de nuestra espiritualidad. Más que la entrega a los demás es la entrega por los demás.

 
 
  •    Bien, pero ¿qué clase de entrega? Hay dos clases de entrega, una que es visible a los ojos de los hombres y otra, visible sólo a los ojos de Dios…

 
  •    En el primer caso sería: Una persona no esclava que realiza una buena acción regalando un ramo de flores a otra.

 
 

 

 

 
 
 
  • Pero ¿qué es en realidad el valor de esa obraEs el precio o costo que Dios le pone a ese gesto de buena acción.

 

  • ¿Y el mérito? Es el precio o costo del sacrificio que se necesita para realizar dicha buena acción. Es la medida del Amor que practicamos. Este valor del mérito es intransferible. Sólo Cristo nos puede transferir sus méritos. Es decir, el valor de todos sus sacrificios es recompensado por el Padre con la VidaEterna, que comparte a su vez con cada uno de nosotros. Pero nosotros no podemos entregar a otros la recompensa de nuestros propios sacrificios, nadie puede amar por otro.                                 

En este caso, la persona conserva para sí el precio de la buena obra y el precio del sacrificio que le significó llevarla a cabo. Por ejemplo: No es lo mismo regalar un ramo de flores que compramos de paso por una florería, que haber sacrificado otras actividades para salir a comprarlas.

El valor del gesto es el mismo pero el del sacrificio es distinto uno de otro.

  •    En el segundo caso sería: El que se entrega a Jesús por María, entrega el valor de sus obras para que María disponga de él como quiera, mientras que el mérito es conservado por Ella y purificado. Ejemplo

 

                                          
 
 
  •   Entonces ¿cómo puede un esclavo beneficiar a tantas almas desconocidas? A través de la práctica de la Esclavitud Mariana que se alimenta de la Bendita Comunión de los Santos. Regalo y expresión del amor de Dios. Ya que la Iglesia es la asamblea de todos los Santos, es decir, la comunión de los Santos es la Iglesia, el menor de nuestros actos, hecho con caridad, repercute en beneficio de todos.

 

 

   “Todo lo que poseemos los cristianos debemos considerarlo como un bien en común y estar dispuestos y ser diligentes para socorrer al necesitado” (Catecismo 952). En cuanto a los hermanos difuntos “es una idea santa y provechosa orar por ellos para que se vean libres de sus pecados”. ( 2 M 12,45; Catecismo 958)

    Entonces, si nuestras obras y oraciones benefician a los hermanos, también les beneficia el valor de nuestras obras.

    Sólo el amor nos puede impulsar a ceder algo tan íntimo y caro al alma, sabiendo que lo ponemos en manos de la más generosa Reina así, por nuestras obras y oraciones se beneficiaran hermanos vivos y/o difuntos y sus súplicas, a su vez, intercederán en nuestro favor. 
   Pero no ha de ser la recompensa lo que nos anime a la entrega, sino, el amor, que es feliz dándose, aunque no haya recompensa…
 
“No me mueve mi Dios, para quererte,
el cielo que me tienes prometido
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
 
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y encarnecido
muéveme el ver tu cuerpo tan herido
muéveme tus afrentas y tu muerte.
 
 Muéveme en fin tu amor, en tal manera
que aunque no hubiera cielo, yo te amara
y auque no hubiera infierno, te temiera.
 
No me tienes que dar porque te quiera
porque si lo que espero, no esperara
lo mismo que te quiero te quisiera.