Cenáculo de María-La Plata
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Pía Unión Cenáculo de María
El Amor de Cristo nos ha unido en el Corazón de nuestra Madre

Queridos Amigos:
                      
                      Les sugerimos, que antes de leer esta página, tenga a bien leer el libro "Vida de Consagración". De esta manera el resumen le servirá como guía para profundizarlo y meditarlo.
 
 
 
Preparar la presencia de la Virgen con una vela encendida.
 

                

 
 
 Queridas hermanas en Cristo, aquí estamos para hablar sobre el CENÁCULO DE MARÍA.
 Es un Instituto diocesano de índole de los seculares. Por eso nos llamamos laicas consagradas.
  El fundador fue Monseñor Roberto Lodigiani, sacerdote platense, que comenzó a vivir la espiritualidad a "Jesús por María" y quiso trasmitirla, invitando a un grupo de mujeres a realizar una consagración total a fin de ser todas de Dios y servidoras de todos los hermanos, especialmente de los más necesitados.
 
Rezamos La Coronita.    
Vamos a iniciar este momento con la oración. Rezaremos    " La Coronita ", devoción muy querida y practicada por nuestro Padre Fundador.
 
Comienza la breve reflexión.
Ahora, vamos a ir desarrollando el tema a partir del libro "Vida de Consagración".
 
- FOTO DEL PADRE LODIGIANI Y  EL TITULO DEL LIBRO : VIDA DE CONSAGRACIÓN.
 
. Hacer estampitas con la jaculatoria.
 

VIDA DE CONSAGRACIÓN

 (I) - EL REINO DE LOS CIELOS.
El Padre nos propone un camino que nos ayude en la vida espiritual y encienda la luz de un ideal.
Que nos incorporemos a las filas de los que luchan por el Reino de los cielos, dándonos todos enteros a Jesús. La gran pasión de Jesús fue el Reino de su Padre. Por Él dio su vida y por Él fundó la Iglesia.
 
- DIOS QUIERE QUE TODOS LOS HOMBRES SE SALVEN Y LLEGUEN A LA VIDA ETERNA.

- DIOS QUIERE QUE TODOS LOS HOMBRES TENGAN LA VIDA Y LA TENGAN EN ABUNDANCIA.

 -JESÚS QUIERE QUE TODOS LOS HOMBRES SEAN UNO, COMO EL Y EL PADRE SON UNO.

 CONCEPTOS DE ESTE REINO.
  • Reino de Dios.
  • Imperio sobrenatural del Eterno Padre.
  • Glorificación del Supremo Señor de los cielos y la tierra.
  • Esplendores de Cristo triunfante.
  • Esperanza de gloria eterna por parte de los fieles.

 EL ENCUENTRO DEL REINO.

Para poseerlo - Jesús nos enseña- que debemos darlo todo.
Recordamos que el Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido, a una perla preciosa, el que lo encuentra vende cuanto tiene y compra el tesoro o la perla.
Por lo que Jesús nos dice : el Reino de los cielos esta dentro de nosotros. Es aquí donde debemos buscarlo permanentemente.
Para nosotros es : Dios poseído y amado.
 
 (II) - LOS VERDADEROS ADORADORES.
Adoradores en espíritu en verdad.
Debemos adorarle con la inteligencia, con nuestros corazón, con nuestra voluntad, con todo nuestro ser.
De acuerdo con nuestra naturaleza humana, sobre la que se edifica la vida espiritual.
El hombre cristiano no debe descuidar la práctica de las virtudes que lo hacen bueno, de cultivar en él la justicia, la rectitud, la fortaleza, la templanza.
No sólo con ceremonias exteriores sino con el reconocimiento total.
El hombre cristiano debe cumplir siempre con sus deberes. No sólo no dejar las prácticas piadosas sino también vivir la caridad y cumplir con la ley natural. Pues Dios quiere encontrar el orden que debe reinar en todas sus obras.
 
(III) - LA PIEDAD.
La Piedad no consiste en un conjunto de prácticas o de oraciones o de devociones, sino en encauzar todo el hombre hacia Dios con su cuerpo, su alma y con todas sus cualidades y que todo aproveche para el fin: que es la Gloria de Dios.
La falsa piedad nos hace mucho mal, ya que nos inclina a gustos y a caprichos y no a servir al Señor como El desea ser servido y adorado.
Y hace estéril nuestro servicio y malogra deseos y sacrificios.
La verdadera piedad se realiza en la verdad y entonces nos hace ser amables, cuidadosos de la felicidad de los demás, consoladores de los afligidos, suave en las reprensiones y correcciones, ser más cordiales, más suaves.
Hace que la devoción sea atractiva.
Hace que veamos a Dios como Padre y que lo amemos con espíritu filial.
Los errores provienen de que no se juzga por razón sino por pasión.
Esta en nuestras ideas, juzgo desde mi punto de vista, mi placer y mi egoísmo, así la acción y la voluntad se vician.
Si mi ideas son falsas mis afectos y mis acciones lo son también.
Frutos de la verdadera piedad.
La verdadera piedad hace los santos. Encauza a todo el hombre a Dios. Hace que busquemos con sinceridad de corazón el reino de Dios, para tener todo lo demás por añadidura.
 
(IV) - OBJETO DE ESTAS PÁGINAS.
El fin para el cual Dios nos creó es nuestra transformación en Jesucristo. Dios tiene previsto para cada uno de los hombres un grado de gracia y de gloria, para que le alabe eternamente.
La VIDA DE CONSAGRACIÓN es buscar servir a Dios en la verdadera piedad y luchar para conquistar el fin para que fuimos creados.
Esta entrega es la perfecta consagración a María según el espíritu de San Grignon de Montfort y la incorporación a Cristo para vivir la vida del Cuerpo Místico.
Desarrollaremos ante nuestra inteligencia lo que el padre nos propone, dispondremos la voluntad y moveremos el corazón hacia el centro de nuestra entrega que es Cristo Jesús, en el Corazón de la Virgen , dando unidad a nuestra vida espiritual, centrada en una entrega total y abandono completo, que los años y la gracia irán haciendo real y el amor verdadero.
Si lo vivimos plenamente es un programa de vida y fuerza de santidad.
El deseo sincero de darnos totalmente a Jesús en el estado en el cual nos encontramos, en el Corazón de la Virgen , para que el Espíritu Santo tome completa posesión y forme como en María, espiritualmente a Jesús en nuestros corazones. Y se haga en nosotros la respuesta de María, "he aquí la esclava del Señor".
Esto nos hará cantar el Magníficat de gratitud al Señor, y fieles a la Gracia alcanzar lo que Dios ha querido para cada uno:  la santidad en el Cuerpo Místico de Cristo.

 EL TESORO ESCONDIDO

(V) - LA PALABRA DE LA IGLESIA.
Debemos saber a dónde vamos, por dónde y qué queremos y estar seguros. Y la única manera es la obediencia a la Iglesia. Ella nos dice cual es nuestro fin en la tierra y por el Evangelio y los Sacramentos según las enseñanzas del Maestro y nos da los medios para realizarlo. Nacidos en su seno, vivimos de su espíritu y nos alimentamos de su Verdad.
 
El día de nuestro Bautismo fuimos sellados e incorporados. Tenemos la triple misión de Cristo : Sacerdote, Rey y Profeta. Rey porque nos hace participar de su nobleza. Profeta para difundir su palabra, de Sacerdote, ya que la unión con El nos capacita para ofrecer sacrificios.
Participamos de todos los beneficios que tal incorporación nos concede con respecto al culto, a sus leyes a sus tesoros espirituales, sus sacramentos y sacramentales, indulgencias y la participación en la Comunión de los Santos. La comunicación de nuestros méritos y oraciones y recibirlos también de los demás.
 
Nuestra adopción como hijos.
Somos hechos hijos de Dios, nuevas criaturas, habitación del Espíritu Santo e hijos de María, acreedores a la herencia eterna.
 
Nuestro organismo sobrenatural.
Como en la vida natural nos dio el alma y la capacidad para hacer actos humanos, nos dio la gracia, que nos capacita para hacer actos meritorios de vida eterna.
Como nos dio la razón para guiarnos, nos dio la fe para que fuera luz encendida en el camino oscuro hacia El.
Como nos dio la voluntad que a fuerza de hacer actos nos hace alcanzar lo que nos proponemos, nos dio la esperanza para que apoyados en ella siguiésemos nuestro camino hacia la Casa del Padre-
Como nos dio la inclinación a la sociabilidad, nos dio la caridad en el ámbito sobrenatural para que elevando aquella fuéramos capaces de amarnos como hermanos.
Esto exige fortaleza y por eso nos dio esa virtud. Para que fuertes en medio de las dificultades de la vida llegáramos a buen fin.
Nos dio la Prudencia. y La Templanza . Para que viviendo en medio de los placeres de este mundo no nos dejemos llevar ni ilusionar, pues todo pasa. Y la Justicia para dar a cada uno lo suyo.
Nos da los dones del Espíritu Santo para realizar en nosotros la santidad  y la gracia actual para realizar constantemente los actos que nos lleven a feliz término,
 
El tesoro escondido.
Todo esto que es lo que Dios nos ha dado, la adopción, la incorporación, la gracia,, el organismo sobrenatural, lo llamamos tesoro escondido. Porque muchas veces no reparamos en todo ello o no lo hacemos como debiéramos. Para ir descubriéndolo debemos estudiar en el libro de la vida que es Jesucristo, modelo y verdadera luz de los hombres
 
Nuestras promesas del Bautismo:
El voto que hacemos en el bautismo, el de renunciar a Satanás y el de ser de Jesucristo por siempre jamás, es el principal voto. Pero no lo cumplimos
 
Como usamos este tesoro.
Nos preguntaremos ahora que hemos hecho con nuestro Bautismo. Fue un acontecimiento social...Los dones y las gracias que nos trajo han sido semilla infecunda....El plan de Dios sobre cada uno de nosotros es muy hermoso pero solo lo leemos o lo oímos y no se hace realidad...Llevamos una vida semimundana, acomodada a las circunstancias sociales... Huimos de la oración ...Nos buscamos a nosotros mismos...

Somos falsos devotos

Ante una realidad.
El mundo ha perdido el espíritu cristiano y ello se debe a nosotros. Nos hemos apartado del Evangelio y en vez de convertir el mundo hemos sido tragados por él.
Hablemos de nosotros que somos cristianos, que a veces solamente somos bautizados y luego nunca más practicamos, la gracia no deja de actuar pero estamos llamados a realizar obras de bien teniendo la base de esta doctrina
 
El problema y su solución.
El problema de todos los cristianos es el mismo, debemos vivir de acuerdo a la doctrina y nos encontramos con un mundo paganizado que nos plantea las cosas de distinto modo. Nuestra solución es vivir nuestro Bautismo y aquí reside todo, confiar en la misericordia del Señor.
 
(VI) - LA PALABRA DEL MAESTRO.
Jesús invitó a sus discípulos a bautizar : "id y bautizad a todas las gentes"." El que creyere y se bautizare  será salvo". ¿En qué se debe creer? En su misión divina, en sus enseñanzas, en sus obras. Y bautizarse ¿para qué? para ser incorporados a su vida y por ella a la de la Santísima Trinidad.
 
Cómo seguirle:
"El que quiera ser mi discípulo tome su cruz y sígame". Esto nos dice. Debemos estar siempre vigilantes: "velad y orad porque no sabéis ni el día ni la hora". Confiando en la Providencia pues somos hijos.
 
Medios que debemos usar.
Para estar fuertes y resistir a todo debemos comer y beber su Cuerpo y su Sangre. Conocer y practicar el Evangelio. Escuchar y seguir las enseñanzas de la Iglesia.
 
El amor que nos pide.
Nos pide todo. Es claro en sus palabras. Debemos reconocer su rostro en todos nuestros hermanos, servirlo a El en todos. Llegar al amor de los unos por los otros como El nos amó. Dar la vida por nuestros hermanos.
 
La vida que debe llevar.
Su discípulo debe vivir en medio del mundo como si no fuera del mundo. Desprendido de todas las cosas.
 
Sinceridad y generosidad del Maestro.
El Señor ha sido claro al invitarnos a seguirlo. Nos ha dicho cuales son las condiciones que quiere en sus discípulos y como deben seguirlo e imitarlo. El no nos ha dicho que nos regala el Paraíso sino que debemos "arrebatarlo a viva fuerza".

 LA ENTREGA.

(VII) - UNA ESTRELLA EN EL CAMINO.
Y para imitarlo a Jesús. Nosotros como El nos encontramos con María. El Padre quiso que como primera cosa, Jesús se entregara a María para que en Ella se apropiara un cuerpo y viviese bajo la protección de San José...
Cristo se entregó a María como hijo, y "en el misterio de la Encarnación nos ha merecido una gracia de entero renunciamiento de nosotros mismos y de unión con Dios... y al entregarse como hijo a Ella para que fuese su Madre, quiso fuese la nuestra para que nosotros como El nos entregásemos a Ella.
 
Carácter de esta maternidad.
Esta es una maternidad real y para que la ejerciera Dios concedió a María todo. Por eso es mediadora de todas las gracias, omnipotencia suplicante.
Cristo nos ha hecho hijos adoptivos del Padre e hijos adoptivos de su Madre.
El alma cristiana goza en decir a Dios Padre y en decirle a María Madre.
Hijos de Dios, niños de Dios,  hijos de María, niños de María.
 
Cómo la realizamos en nosotros.
Nos entregamos como Jesús, a María, siguiendo sus paso, y nos ponemos bajo la protección de San José y les estamos sujetos como El.
Imitamos a la Iglesia , que tiene a María por Madre y a San José como protector.
Abandonamos lo espiritual en manos de nuestra Madre, nuestra transformación en Cristo, por el Espíritu Santo, será obra de Ella, y confiamos en San José que nos defiende y protege.
 
(VIII) - NUESTRO GRAN MEDIO.
Para hacer la voluntad de Dios y obtener el único fin: nuestra santificación por la transformación en Jesucristo, en el Corazón de nuestra Madre y bajo la protección de San José.
 
La unión con la Virgen es el medio.
NUESTRO GRAN MEDIO

Dios nos ha dado a María como Madre. Es Ella la que por su oración irá formando en nosotros a su Hijo, por la imitación de sus virtudes y por el obrar interior de la gracia.

El Molde.
Para hacer una escultura la forma más fácil es tener un buen molde, y material maleable. El molde de Dios es María, hecho por el Espíritu Santo. Cualquiera que se meta en él y se deje manejar, recibe todos los rasgos de Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre.
 
Como entregarnos.
Ponemos nuestro corazón en el de Ella. Como Cristo entró en su seno, y nos entregamos a su amor para siempre, para ser transformados en Jesucristo, transformación que termina con la muerte.
El Corazón de María será nuestra tesoro. Ella da sus tesoros a quienes se le entregan ya que no se deja ganar en generosidad. El Reino de Dios está en el interior del hombre, en el corazón, y Dios nos quiere a nosotros mismos más que a las ofrendas que podamos darle. Dar el corazón es darlo todo.
 
Semejanza de esta entrega.
Y mirando la Anunciación decimos. como María nuestro sí para que Jesús tome posesión de nuestro corazón y por medio del Espíritu Santo, nuestro Maestro, emprendemos la tarea de formar a Jesús en nuestras almas, bajo la protección de San José. Y el Padre nos cubre con su sombra para que nada nos separe de su amor y lo que nacerá y se desarrollará en nosotros será llamado hijo de Dios y realmente lo seremos, de manera que podemos decir que lo que somos a María se lo debemos pues sin Ella jamás lo tendríamos.
 
(IX) - NUESTRA CONSAGRACIÓN.
Renovadas las promesas de nuestro Bautismo hacemos nuestra Consagración:
 
A NUESTRA MADRE.
El corazón.
El cuerpo en calidad de esclavo
El alma con sus potencias
El valor satisfactorio e impetratorio de nuestras buenas acciones.
Las indulgencias que podamos lucrar.
Los méritos propios e intransferibles.
Los bienes, los amigos, los familiares, los bienhechores vivos y difuntos, todos los que han tenido relación con nosotros por pequeña que ella sea, los que no nos quieren o a quienes hemos hecho mal y aquellos que no nos son aceptos.
 
A SAN JOSÉ.
Como a nuestro padre nutricio para crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres.
 
(X) - ACLARACIONES A ESTA CONSAGRACIÓN.
Nuestra entrega es a Jesús por María.
El centro de nuestra entrega es el corazón. - el don de nosotros mismos.

             . para que sea semejante al de Jesús

            . para que El pueda pasar de nuevo en nosotros haciendo el bien por el mundo

Primero hacia nuestro interior luego como consecuencia de ello hacia los demás. "El bien es difusivo de si mismo"
 
Virtudes que nos hace practicar.
Las tres virtudes teologales.

             -. haremos crecer día a día nuestra fe y viviremos en ella.

             -. viviendo en el deseo de nuestra transformación y de llegar a lo que Dios quiere de nosotros,             practicaremos la esperanza.

            -. renovando nuestra entrega por amor a Dios y al prójimo, creceremos cada vez más en la caridad.

"Nos hace dar sin reservas a Jesús y María todos nuestros pensamientos, palabras, acciones y sufrimientos y todos los momentos de nuestra vida, de modo que ya velemos, ya durmamos, ora bebamos ora comamos, bien realicemos las más grandes acciones, bien hagamos las más pequeñas, siempre podamos decir que lo que hacemos, aún cuando en ello no pensemos, es siempre de Jesús y de María, en virtud de nuestro ofrecimiento"

Intenciones con que entregamos nuestro cuerpo y nuestra alma.
Aceptar lo que cada día nos ofrece. Si alguien se sintiera llamado a pedir algo extraordinario, debe conversarlo con su confesor.
Utilizar las mortificaciones y penitencias recomendadas por la Iglesia y según la guía de quien nos dirige.
Consagramos la castidad y pureza de nuestra carne para que sea pura, casta como nuestra Madre.
Aceptamos, con Cristo, lo que El sufrió en su pasión: en su cuerpo, en su alma y en su honor. Todo cuanto nos ocurra en cualquiera de esos ordenes.
 
Nuestros bienes interiores y exteriores.
Le entregamos al Señor por medio de nuestra Madre, todos los bienes interiores y exteriores, para que los use como instrumentos de misericordia suya en medio de los hombres.
Le entregamos todo en el orden de la naturaleza, de la gracia o de la gloria, sin pedir nada a cambio mas que el honor de pertenecer a Jesucristo por María y en María.
Toda nuestra riqueza son los corazones de Jesús y de María.
Damos todo momento a momento, paso a paso, en el correr de cada día-
La ofrenda que por la perfecta consagración hacemos a la Virgen y por ella a Dios de todas nuestras acciones, pasadas, presentes y futuras es la respuesta a lo que Jesús nos dice: "El que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo".
 
Su fruto: la libertad.
En la esclavitud mariana, se encuentra la libertad de sí mismo y de los demás por la donación que hace de sí propio, de su ser y de todas sus cosas a Dios nuestro Señor, en el corazón de Nuestra Madre.
 
Me hago esclavo de quien obedezco:

             . el pecado para recibir la muerte.

             . la obediencia para recibir la justicia.

Ahora soy esclavo de Dios solo. Soy libre de todo. Me da igual salud que enfermedad, felicidad que sufrimiento, descanso o tormento, abundancia o privación, honor o desprecio. El todo de mi vida está más alto. Dios tiene cuidado de mí.
Seamos verdaderamente de María, para ser totalmente de Dios.

 EL FIN

(XI) - Para la gloria de Dios.
El Señor nos creó para que fuésemos la alabanza de su gloria.. Nuestra entrega es un acto de religión profunda, por el cual el alma abismándose en su nada, rinde a Dios humilde homenaje de cuanto es y cuanto ha recibido.
Del corazón Purismo de María, donde lo depositamos, como en un incensario vivo, sube hasta Dios en reconocimiento de su dominio soberano.
 
Qué es darle gloria.
El hombre como todas las criaturas, ha sido creado para glorificar a Dios, tiene leyes que determinan su naturaleza y actividad como criatura racional y es así como ejecutando actos conforme a su naturaleza responde al ideal que Dios formó al crearle.
 
El por qué
Como por nosotros mismos esa gloria que rendiríamos sería tan imperfecta, vista nuestra debilidad y miseria, es que nos entregamos totalmente a María, nuestra Madre, para alcanzar el fin y el ideal de nuestra Consagración.
 
Todo será para su gloria.
"Todas las cosas son de El, y todas son por El y todas existen en El. A El sea la gloria por siempre jamás. Amen."
 
(XII) - NUESTRAS INTENCIONES.
Entendiendo nuestra Consagración, nuestra vida se cambiará totalmente. Seremos verdaderos apóstoles de la oración que todo lo transformaremos en nuestra unión con María en oro puro de impetración por las necesidades de la Iglesia y de las almas.
Por eso abandonamos nuestras propias intenciones para perdernos en las de la Santísima Virgen. Ya que los deseos de Ella son los de Dios, ya que no pide, ni quiere, ni hace nada que sea contrario a la voluntad de Dios.
De esta manera estaremos seguros de que nuestras obras serán de Jesús en el Corazón de nuestra Madre. Y pasaremos por el mundo haciendo el bien.
 
Su Consecuencia
El alma que esto practica, deja de lado sus intenciones para hacer suyos los deseos de los demás. Hace así la más profunda unión con sus hermanos.
El alma consagrada vive así con y como la Santísima Virgen María, a los pies de la Cruz del Señor, en el Cenáculo , orando por la difusión del Evangelio y siendo un apóstol, para que el nombre de Jesús sea conocido y amado por todos.
Apostolado de oración y de inmolación en, como y con María. Que fecunda el apostolado de la doctrina y la predicación.
 
Como deben ser  nuestros deseos de hacer el bien.
Ponemos todos nuestros deseos en el Corazón de María, renunciando a nuestras intenciones particulares. Y nuestro deseo de hacer el bien debe ser  tan inmenso como el de nuestra Madre, que abarca el mundo entero.
Aquí en su Corazón, hacemos la intención de que cada latido del nuestro, sea una oración por la Iglesia , por el Papa, los Obispos, los Sacerdotes, las Misiones, las Ordenes y Congregaciones religiosas, Institutos Seculares, Instituciones y fieles todos. Por los que tenemos obligación de rezar, por lo que no quieren rezar, por los que se encomiendan a nuestras oraciones, por los que rezan por nosotros, por los que les hemos prometido rezar.
Aquí decimos: cuando alguien nos pide que recemos por alguna intención o nosotros prometemos nuestra oración, en ese mismo momento lo ponemos en el Corazón de la Virgen , en donde estamos.
 
Unión con los deseos del Padre Celestial.
De este modo colaboramos a que se haga realidad el deseo de Dios de que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Así todo nuestro día se transforma en un himno de glorificación al Padre. Tal vez en la inmolación obscura del deber cumplido, en medio de un mundo corrompido, que nuestra unión con Jesús transformará en una lluvia de gracias sobre la tierra.
 
Razones de esta inmolación.
Con más razón es necesaria nuestra consagración y nuestra inmolación, pensando en el inmenso número de almas que se apartan de las enseñanzas de Dios y de la Iglesia , que viven una vida mediocre, lejos de Dios y que no pueden llegar al conocimiento de la verdad.
Somos responsables de nuestra salvación y de la salvación de muchos, de los que están cerca y de los que están lejos. Un esfuerzo que estamos llamados a realizar, en el Corazón de nuestra Madre.
 
Fruto que produce.
Así sacrificamos todo lo que hacemos, lo que podemos y lo que somos en favor de las almas, las que obtendrán gracias a nosotros, la misericordia y el perdón de Dios.
Esto requiere generosidad absoluta, sin límites de sacrificios, "que tengas un santo escrúpulo en dejar alguno sin ofrecerlo, cuanto mayor repugnancia sientas, más gracias especiales merecerá"
Y el fruto que produce es nuestra semejanza con el Corazón de Jesús. Y la exaltación y alabanza de las perfecciones divinas.
Claro que todo es obra de Dios en el Corazón de nuestra Madre.
 
Su fin.
Dios nos pide que colaboremos dentro de nuestras capacidades y talentos para que la vida de Cristo circule en abundancia en nuestras almas y en la de nuestros hermanos. Desear ser cada vez más semejantes al Maestro e instrumentos de la misericordia del Padre, ,en medio de los hombres.
 
Pedido.
Pedimos entonces vivir la vida litúrgica, ser piadosos y generosos. Católicos que abarcamos a todas las almas y nos interesamos por todas las necesidades de la Iglesia.
 
(XIII) - ¿ Y JESUCRISTO?
Toda nuestra vida de Consagración y todo lo que estamos diciendo es hablar de Jesucristo. Es buscar una sola cosa: imitarlo ,para llegar a ser semejantes a El.
Pues nos damos a nuestra Madre para imitar a Jesús. Suya nuestra vida, suya la gracia de nuestra alma, suyas nuestra virtudes que luchamos por poner en nosotros, suyo nuestro ideal, suyo todo. Lo que somos y hacemos es de Jesucristo.
Nuestra Madre nada puede darnos que no sea de El, porque todo lo que Ella tiene es de Jesús o lo ha recibido para Jesús en su función de Madre.
 
La unión con María nos lleva más a Jesús.
La unión con María nos hace vivir la vida de Jesús y participar de sus sentimientos. Es la imitación de Jesucristo por medio de su cruz en todos los caminos.
El que vive habitualmente bajo la dependencia de María, sin salir de ella, habla con Jesús, va a El con toda libertad y espontaneidad, sin pensar que va por María, pero ante la reflexión descubre que ha sido María la que lo ha introducido en la intimidad del Salvador, previniendo sus faltas y desaciertos.
 
Confianza de esta entrega.
María en un camino de luz para ir a Jesús. Como Jesús es el camino para ir al Padre.
Es la sede de la Sabiduría y la enseña.
Es fuente de Vida porque es Madre.
Es corredentora colaboradora de esa misma redención.
Dispensadora de la redención a través de los siglos.

Este camino ha sido abierto por el mismo Jesucristo, la sabiduría encarnada, nuestra única cabeza y nosotros sus miembros, pasando por él no nos perderemos.

Camino fácil: por la plenitud de la gracia y la unión con el Espíritu Santo que le llena, sin cansancios ni             retrocesos.
Camino corto: que en poco tiempo nos lleva a Jesucristo.
Camino perfecto: sin la menor inmundicia del pecado.
Camino seguro:  nos conduce rectamente, sin desviaciones, a Jesucristo y a la vida eterna.
 
Fortifica nuestras devociones.
La devoción a María es una ayuda inapreciable para amar más a Jesucristo, comprenderlo mejor y servirlo fielmente.
Que nuestras devociones sean serias, católicas, verdaderas, sencillas y profundas.
Por el amor a nuestra Madre, por esa devoción filial, desarrollaremos mejor nuestras devociones particulares y nuestras fiestas. La Santísima Trinidad. El Espíritu Santo, el Sagrado Corazón de Jesús, el Inmaculado Corazón de María, San José, ...etc.
 
Pedido:
Jesús: que en mi amor a María te encuentre como todos los que a través de Ella te encontraron, te amaron y te siguieron y se transformaron en Vos.
 

HACIA LA POSESIÓN Y DESARROLLO DE LA VIDA VERDADERA.

(XIV) - NUESTRO CAMINO.
Hacemos nuestra consagración a María , a semejanza de Jesús, bajo la protección de San José y emprendemos nuestro camino que es hacia la verdadera vida que no es otra que la unión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, en medio de la Iglesia y del mundo y en contacto con el prójimo para realizar así nuestro ideal de santidad.
Al entregarnos comienza nuestra tarea más ardua, pues debemos poner todo de nuestra parte para que de nuestra amplia colaboración y de la impetración de nuestra Madre vaya apareciendo poco a poco en nosotros la imagen del Maestro.
Dios quiere que enseñemos, bauticemos, prediquemos, oremos sin descanso...
 
Para que emprenderlo.
Con nuestra entrega, buscamos primero: darnos todos al servicio del Señor para adorarlo y glorificarlo, y convertir esta piedad en activa realidad con nuestra obras, pues son los actos continuos y repetidos los que hacen la práctica de la virtud. 
Manifestar nuestra entrega no solo con palabras sino y sobre todo con obras.
 
Nuestro primer paso y nuestra ubicación.
Nuestro primer paso, en la imitación del Maestro, será tomar nuestra cruz de cada día para poder ser sus discípulos, seguirle por la puerta estrecha que conduce a la vida eterna, en la fe, en la confianza y en el abandono, mirando las cosas desde la óptica que las mira el Señor y que nos enseña a mirarlas.
 
CON RESPECTO AL PADRE.
Buscando siempre su gloria, como Cristo, para lo cual hacemos intención, de una vez para siempre de no hacer nada que no sea en el Corazón de la Virgen , bajo la protección de San José, por amor y para mayor gloria de Dios, por nuestra unión con Jesús.
 
Voluntad manifestada.
La voluntad del Padre se manifiesta en el cumplimiento de los mandamientos, de los preceptos y leyes de la Iglesia , en la obediencia a los superiores legítimos, en la vivencia de los consejos evangélicos, en las inspiraciones del Espíritu Santo y en el cumplimiento de las obligaciones del propio estado.
 
Voluntad manifestada por las circunstancias.
Ver la voluntad de Dios en todas las circunstancias de nuestra vida, alegres o tristes, en salud o enfermedad, en los tratos con el prójimo, en todo lo que nos sobrevenga, aún en las inclemencias del clima. Aceptándonos como somos,, aceptando con corazón humillado nuestras faltas y defectos, muriendo a nuestro yo "hasta muerte de cruz" en imitación al Señor.

CON RESPECTO AL MISMO CRISTO.

Viviendo en El.
Teniendo en nuestros corazones sus mismos sentimientos.
No siendo nosotros los que vivamos sino Cristo en nosotros.
Gloriarnos en El y en El crucificado. Crucificando nuestros vicios y concupiscencias y nuestro yo.
Estando nosotros crucificados para el mundo como el mundo para nosotros.
Estando nuestra vida escondida con Cristo en Dios.
 
Porque sin El nada podemos.
Unidos a El como el "sarmiento a la vid", "siendo una sola cosa con El".
Lo necesitamos como el aire que respiramos, como cada latido de nuestro corazón para vivir en gracia y hacer el bien..
 
Como portarnos.
Con pureza.
Conociendo la doctrina
Con mansedumbre, paciencia y humildad.
Siendo templos del Espíritu Santo
Con palabras de verdad y sinceridad
Con fortaleza, apoyados en Dios.
Con justicia
 
En que gloriarnos.
Nos gloriamos y sentimos alegría en nuestras flaquezas.
En las enfermedades
En las angustias
En las persecuciones
En nuestras faltas de entendimiento
Incapacidades
Imprudencias
Tentaciones.
Por amor de Cristo, sabiendo que la paciencia perfecciona la obra, para que brille la gracia de Dios en nosotros y cuando nos sintamos más débiles, más fuertes seamos, no nosotros sino su gracia en nosotros". Como dice San Pablo.
 
CON EL ESPÍRITU SANTO.
Vivir en una entrega total a El y a sus inspiraciones.
Querer lo que El quiera, renunciando a todo pensamiento, deseo u obra nuestra.
Dejarnos guiar completamente por El. Como un pizarrón en el cual no hay nada escrito, para que El, como Maestro interior, escriba la página de nuestra vida.
Dejándolo que gima dentro nuestro con "gemidos inenarrables",
Siendo su templo donde El habita.
Madurando en nosotros su presencia y su gracia en :la caridad, la fe, la alegría, la paciencia, la longanimidad, la dulzura, la bondad, la benevolencia, la fidelidad, la esperanza, la modestia, la continencia, la castidad.
Así todo nuestro ser se irá transformando, en el Corazón de nuestra Madre, en la imagen de Jesús y por el mismo Espíritu se volverá cada vez más y más resplandeciente.
 
CON LA IGLESIA Y CON EL PRÓJIMO.
Nuestra vida se desarrolla en medio del mundo y de la Iglesia.
Dios nos ha dado a cada uno una vocación, nos ha sembrado en un lugar, nos ha dado un carisma.
Ese talento que nos dio debemos desarrollarlo, esta es nuestra primera obligación.
En el sitio en donde estamos debemos ser instrumentos de la misericordia del Padre derramando el bien a nuestro alrededor.
 
Vivir la vida de la Iglesia.
Nuestra vida se desarrolla a ejemplos del Maestro, en la Iglesia , con la Iglesia y por la Iglesia y en medio del mundo.
Por eso la amamos, nos duelen sus dolores y nos alegran sus alegrías.
Amamos "al dulce Cristo en la Tierra " nuestro Papa.
Reverenciamos y amamos a nuestro Obispos y sacerdotes. Misioneros, religiosos, religiosas, Instituciones todas, Movimientos... etc.
Pedimos al Señor constantemente un espíritu católico y misionero abierto a todas las manifestaciones de la verdad y del amor. Verdad que es El y que deseamos verla triunfante.
Amamos la vida litúrgica y vivimos "nuestro sol de cada día" que es la Santa Misa. De manera que Cristo nos transforme en El, y seamos otros cristos que se sacrifican por sus hermanos.
 
Al servicio del prójimo.
Nuestra vida se irá consumiendo al servicio del prójimo.
Y todo lo haremos por Cristo, viéndolo multiplicado en todos, estando continuamente en su presencia y haciendo que El por nosotros pueda pasar haciendo el bien.
Le daremos de comer en el hambriento.
Le vestiremos en el desnudo.
Le daremos de beber en el sediento.
Nos alegraremos con El en los que están alegres
Lloraremos con El en los que están tristes.
Lo visitaremos en los enfermos
En todos lo veremos y lo serviremos. Con la prudencia que nace de la caridad.
 
Como tratarlo
Le demostraremos que lo amamos porque el que lo ama guarda sus mandamiento y el nos ha mandado amarnos los unos a los otros como El nos ha amado.
Seremos sufridos.
No seremos envidiosos.
No nos irritaremos
No pensaremos mal
No juzgaremos
Nos alegraremos en la justicia
Nos complaceremos en la verdad.
Todo lo creeremos
Todo lo esperaremos.
Todo lo soportaremos
Los hombres glorificarán al Padre que esta en los cielos porque verán nuestras obras buenas. Fruto de la oración de María, porque gracias a Ella creceremos en Jesucristo para la gloria de Dios.
Todo lo hará el Divino Corazón de Jesucristo en el Corazón de nuestra Madre.

 EN LA VIDA DE CONSAGRACIÓN

(XV) - EN LA VIDA DE CONSAGRACIÓN.
Llamamos a nuestra posición espiritual: "VIDA DE CONSAGRACIÓN".
Porque este ideal hay que hacerlo carne. Vivir entregado a Dios Nuestro Señor por medio de la consagración que hacemos a nuestra Madre.
Consagrar significa que la cosa o persona pasa del estado vulgar a la especial posesión de Dios.
Cuando nos consagramos a la Virgen significa que la tomamos como medianera, intercesora con Dios.
"La consagración es el acto más grande de la religión cristiana. Se la encuentra esencialmente en el misterio de la Encarnación y Redención, que fueron esencialmente la consagración del Corazón Divino de Jesús al Padre Celestial.
La Iglesia nos lo recuerda, cuando el acto esencial del sacrificio de la misa, renovación del sacrificio del Calvario, el acto más grande que puede celebrarse en el mundo, lo llama consagración
El acto fundamental de la vida del cristiano, su bautismo, es también una consagración, por la cual se une al divino y primer consagrado: Cristo Jesús".
 
Dónde vivirla.
El Maestro se ha cruzado en nuestra vida y nos ha llamado a vivir este santo entregamiento en el amor, de cuanto somos y poseemos.
Como dice San Pablo: "Cristo murió para que los que viven no vivan ya para sí sino para Aquel que murió y resucitó por ellos". Es decir que ya no debemos vivir para nosotros sino para Jesús, en el Corazón de nuestra Madre.
 
Que es estar consagrado.
Consagrado es aquel que se ha dado enteramente a algo o vive totalmente para eso.
Para nosotros es Cristo, la unión con El., el motivo más profundo de nuestras obras. Por El vivimos y obramos de continuo, pero no por fines humanos, sino por el Señor que nos vivifica.
Cuando ponemos la inteligencia, la voluntad, las pasiones y las fuerzas del cuerpo en un fin, nada en el mundo es más fuerte, y cuando a esto se une el poder del mismo Dios, el poder de la oración y la eficacia de la acción no tienen límite.
 
Disposición interior.
Debe haber una disposición habitual en nuestra alma, procurando hacer realidad de nuestra parte las palabras de la Consagración.
  Si amamos nuestro ideal, con pasión, si dirigimos nuestros pensamientos y trabajos a vivirlo, daremos entonces los frutos que el Señor espera.
 
(XVI) - NUESTRO IDEAL.
IDEAL DE CONSAGRACIÓN Y DE TRANSFORMACIÓN.
Ideal de transformación en Jesucristo, por una unión más íntima con El y por la imitación de sus virtudes, en el Corazón de nuestra Madre, para la gloria del Padre y alcanzar así la santidad, gracia y gloria que Dios ha previsto para cada uno de nosotros desde toda la eternidad.
De consagración a Dios en nuestro prójimo, para ser instrumentos de las misericordias del Padre, en medio de los hombres, y se pueda decir de nosotros el mismo elogio de Jesús: "Pasó haciendo el bien".
Forjamos un ideal grande, pero lo alcanzaremos principalmente a base de cosas pequeñas, de sacrificios ocultos y desconocidos. Nuestro paso no será apurado, pero si constante. En la obediencia y la paz.
 
Norma segura para lograrlo.
La obediencia.  Conformidad con la voluntad de Dios, en todo.
Por la obediencia en todo y sin dilación, a Dios, a María, a los Superiores, imitaremos a Jesús que se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz.
Consecuencia maravillosa de la obediencia de Cristo: nuestra Redención. Consecuencia de nuestra obediencia: nuestra transformación en Cristo y la redención de nuestros hermanos a la que contribuiremos.
 
Personalidad.
En este ideal de Consagración no renunciamos a nuestra personalidad, sino que queremos hallar la plenitud de ella, pues no se trata de anular nuestro yo sino de perfeccionarlo.
Así como el que vive consagrado a un ideal falso, lo hace satisfaciendo su propio yo y terminando en él. Nosotros, en el Corazón de nuestra Madre, satisfacemos nuestro yo encauzándolo a Cristo para terminar en El y encontrar la plenitud, y siendo todo de Cristo, ser en El todos de Dios.
Porque Dios al crearnos nos dotó a cada uno en particular de dones, talentos y privilegios especiales, cada alma tiene su belleza natural, particular: una brilla por su inteligencia, otra se distingue por la firmeza de su voluntad, otra llama la atención por su mucha caridad, otra por su laboriosidad, por su fe, por su generosidad, y así podríamos ir citando mucho más.
Dios por su acción santificadora respeta su creación y añade el brillo divino que lo eleva y transfigura.
 
Fecundidad de este ideal.
Este ideal tiene que llevarnos a ser más fecundos en nuestro apostolado, más dispuestos a hacer el bien, a cumplir con los deberes de nuestro estado, lograr el desarrollo pleno de nuestros talentos y usar de los dones que Dios nos confió, donde su Providencia nos quiera colocar.
La Consagración debe invadir toda la vida, sino no se realiza.
 
Qué buscamos.
Que Jesús sacié en nosotros su sed de amor. Que en medio del mundo reparemos por los que no lo aman.
Vivir siendo todos de Jesús en el Corazón de María y bajo la protección de San José, para que el Padre sea glorificado y el Espíritu Santo haga su obra en nosotros.
Por lo tanto buscaremos morir a nosotros mismos cada instante para ser todos de Dios en el Corazón de nuestra Madre.

ESPÍRITU DE ESTA ENTREGA Y DE ESTA CONSAGRACIÓN.

(XVII) - MI GRAN FMILIA.
El espíritu de familia invade y llena nuestra vida de total entrega.
Nuestra vida espiritual se desarrolla en la organización de una gran familia: tenemos un Padre, una Madre, un Maestro interior, un Hermano Mayor, somos todos hermanos miembros de un Cuerpo del cual Cristo es la Cabeza.
La ley es el amor. Amarnos los unos a los otros como El nos amó. Pues el que ama procede de Dios.
Si nos amamos unos a otros Dios habita entre nosotros.
Este es el espíritu de nuestra consagración: vivir la confianza filial, encendida por amor y que nos hace sentirnos verdadera y realmente hijos y hermanos, miembros de la familia de Dios, de esa gran familia, de la cual participamos ya aquí en la tierra, pero que poseeremos eternamente en el cielo.
Yo pertenezco a la familia de Dios.

(XVIII) - CÓMO VIVIR ESTE ESPÍRITU DE FAMILIA.

Filial entrega.
Nuestra vida debe ser una entrega. Entrega al Padre, buscando su gloria y el cumplimiento de su santa voluntad; entrega a Jesús viviendo de su gracia y transformándose en El; entrega al Espíritu Santo, estando llenos de El, como lo estaba Jesús, poniéndonos bajo sus enseñanzas y sus luces; entrega a María, pidiéndole forme en unión con el Espíritu Santo a Jesús en nuestro corazón; entrega a la Iglesia , representante de Dios en la tierra, dándole nuestras fuerzas y nuestro tiempo para la extensión de su reinado; entrega al prójimo amándolo como a nosotros mismo y por amor a Dios, bajo la protección de San José, a ejemplo de Jesús, que por amor se entregó, no guardando nada para sí.
 
Según el Evangelio.
Viviendo el Evangelio, olvidados de nosotros mismos, muriendo poco a poco a nosotros, nos transformaremos en instrumentos útiles en las manos de Dios.
 
Nuestro mejor propósito.
El examen particular, es un medio, el más apropiado para la implantación de una costumbre buena y el desarraigo de una costumbre mala. Nos inducirá a la repetición de los mismos actos y da la oportunidad también de tener ante nuestra vista la utilidad del propósito: este estado de entrega y abandono.
 
En la pequeñez.
De este entregamiento filial brota la sencillez y el espíritu de pequeñez. Jesús ha dicho que si no nos hiciéramos como niños no entraremos en el reino de los cielos. La sencillez nos hace prudentes, invencibles.
La sencillez es fruto de la unidad y simplicidad de nuestra vida: unidad de principios, de ideales, de aspiraciones, de esfuerzos orientados a un fin único: la gloria de Dios y nuestra transformación en Jesucristo.
Nuestra mejor posición evangélica y espiritual será lograr la sencillez del niño en el Corazón de nuestra Madre, para lograr ese reino que no es otro que nuestra transformación en Jesucristo y la habitación de la Trinidad en nosotros. Convencidos que sin la gracia de Cristo nada podemos hacer.
 
El modelo.
Jesús hecho niño en el pesebre de Belén. Entregado a María, bajo la protección de San José. Un niño recién nacido que todo lo necesita del otro. Y crecer en edad, en conocimiento de las cosas del espíritu; y abundancia de gracia para lograr el grado de gloria que el Señor ha dispuesto para cada uno.
 
En la paz.
La paz es el fruto sabroso de nuestra entrega. Fieles a Dios todo lo abandonamos en El. El olvido total de nosotros mismos para que en el Corazón de nuestra Madre pueda ser posible la obra del Espíritu Santo
Si algo perturba la paz de nuestra alma, hay que suspenderlo, hasta consultar que debemos hacer, ya que la paz es la campana anunciadora de la buena senda y la intranquilidad, señal de un camino desviado.
Para lograr la paz, siempre debemos ocupar nuestro lugar, señalado sin equivocación en el deber de estado conforme a la obediencia, profesión, empleo, cargo y situación de vida. Que la paz sea la guardiana de nuestras inteligencias y de nuestros corazones en Cristo Jesús.

(XIX) - NUESTRAS FIESTAS.

El por qué de nuestras fiestas.
En ellas renovamos nuestro fervor y nuestro conocimiento, avivamos nuestra fe en el misterio que celebramos, profundizamos el sentido de nuestra Consagración y crecemos en el amor de Jesús y de María.
Nos proporcionan gozo, alegría, aliento. Lo que recordamos y meditamos nos da las gracias como si eso mismo estuviera ocurriendo.
Son oasis espirituales que necesitamos, en la difícil marcha de la conquista de nosotros mismos y del escalamiento de la vida interior.

 Las grandes fiestas de la Iglesia.

Sagrado Corazón de Jesús. Entregados a Jesucristo queremos hacer nuestro corazón semejante al suyo.
Fiesta que lleva la recordación del Corazón Eucarístico, que nos muestra el Corazón vivo y palpitante que recibimos en la Comunión y que cada día podemos recibirlo en nuestro interior y sentirlo palpitar  junto al nuestro, mientras nos transmite sus sentimiento y nos hace arder en el fuego del Amor para darlo a los demás y hacerlo carne en nuestra vida.

Santísima Trinidad: Esta es la aspiración total de nuestra vida, Dios poseído y amado por toda la eternidad. Somos templos vivos y sagrarios de la Santísima Trinidad por nuestra unión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, por la gracia que nos da Cristo, en este camino, en el Corazón de nuestra Madre.

Pentecostés: Esta fiesta es el hogar que mantiene encendido en el fervor año tras año nuestros pechos. Es nuestra gran fiesta. Comenzamos por prepararnos con la Novena. Es la realidad de la presencia del Espíritu Santo entre nosotros. Para que así como formó a Jesús en el seno de María, vaya formando en nosotros, en el Corazón de Ella, nuestro corazón semejante al de Jesús.

El Corazón Purismo de María. Este corazón constituye nuestro tesoro en donde hemos depositado el nuestro, todos nuestros bienes y esperanzas, todos nuestros deseos, es nuestro molde.
Fiesta que preparamos desde el 15 de agosto, día que nuestra Madre configurada perfectamente con su Hijo, por su Resurrección y Asunción gloriosa es llevada junto a la Trinidad para ser "omnipotencia suplicante". María es la Mediadora de todas las gracias.

Día de la Anunciación. 25 de marzo. Nuestra entrega nace a imitación de este misterio. . Día de la donación total del Verbo a María, para ser Jesús. Como nosotros nos entregamos a María para que Ella nos haga con el Espíritu Santo semejantes a Jesús.

Fiesta de San José. Día de honrar a nuestro protector  Padre nutricio en su misión de paternidad sobre nosotros. Para que nos cuide como cuidó a Jesús y a María.

Los meses del Corazón de Jesús, de María y de San José. En estos tiempos aprendemos a conocer, amar e imitar más y mejor a Jesús,. María y José. Su amores, sus ejemplos y virtudes, de una manera más íntima.

Los tiempos litúrgicos. Vivimos el espíritu de la Iglesia , que nos prepara en cada momento a recibir mejor gracia de unión, penitencia y glorificación en las grandes solemnidades.

Las fiestas íntimas.

Hay fiestas que son muy nuestras, que han marcado una etapa singular en nuestro camino espiritual. Que nos llegan de gozo y de íntima alegría.

El día de nuestro bautismo. Es el día que se aplicó a nosotros la Redención. Jesús nos incorporó a su Cuerpo Místico., comenzamos a gozar de todos los privilegios por ser hijos de Dios, nos da un Padre, nos hace templos del Espíritu Santo, nos hace hijos de María y hermanos suyos.

El día de nuestra Primera Comunión: El primer día que Jesús se nos dio totalmente. Que su Corazón latió junto al nuestro. Que nos elegía para imitarle y vivir su vida.

El día de nuestra Consagración. Es nuestra Anunciación. El día en que decidimos con la gracia de Dios vivir en plenitud nuestro Bautismo, camino seguro hacia la eternidad si somos fieles. Que cada año nos encuentre más dispuestos a ser más de Jesús en el Corazón de nuestra Madre.

(XX) - UN SOLO CORAZÓN Y UNA SOLA ALMA.

Todos unidos en su Corazón, como los Apóstoles y Discípulos junto a Ella, queremos seguir este camino. Este es el Cenáculo de María. Así como Cristo vino por Ella  queremos que la caridad venga a nuestro corazón por Ella. Como nos entregamos a Ella para que nos de a Cristo, también para que nos de la caridad. Caridad de hermanos entre nosotros.
Tenemos un solo corazón, el de nuestra Madre, donde hemos puesto el nuestro, para hacer allí común todas las cosas; un mismo espíritu que debe animar todos nuestros actos; el de la Consagración.
Que cada uno con humildad, mire como superiores a los otros, mirando todos, no a su propio interés sino al que redunde en bien de todos..
 
Nuestro fin.
Totalmente espiritual. Pasar por este mundo haciendo el bien, viviendo en medio de él, pero no siendo de él.
Haciendo de nuestro hogar, trabajo, apostolado a semejanza del Hogar de Nazaret.
 
Deseos.
Tener en nuestro corazón los mismos sentimientos unos con otros. según Jesucristo.

PARA QUE TE DECIDAS.

Decidirnos a una entrega total a Cristo. En este camino que abrió la Sabiduría Encarnada : Jesucristo.
En el interior de cada uno, en la voluntad, ha de nacer la decisión de dar este paso, si es este nuestro ideal, Entonces bendeciremos toda la vida al Señor que nos ha hecho conocer esta espiritualidad y que si somos fieles a la entrega, cantaremos perpetuamente el Margníficat con humildad y alegría pues hemos encontrado el modo de ser de Dios totalmente e ir transformándonos en Jesucristo.
Así tenemos que querer nosotros encontrar al Maestro en nuestras vidas: con María, encerrados en su corazón, como estuvo El los nueve meses que pasó en su seno.; con María, como en las bodas de Caná, cuando tengamos que hacer el bien, con María, en las horas de dolor junto a la Cruz , para poder progresar en su intimidad, siempre bajo la protección de San José.
Cuando hayamos llegado por María y José al grado de imitación que Dios quiso para cada uno de nosotros, cuando seamos hechos ya imagen y semejanza de Cristo, y se acerque el fin, como llega para la fruta madura el tiempo de desprenderse del árbol que le dio vida, y cuando estos ojos se cierren un día a las miserias y a las alegrías de esta vida y nuestra alma rompa las ataduras de este cuerpo, cuando por la misericordia de Dios, nos encontremos con el que siempre nos tuvimos que contentar con ver bajo los velos de la hostia, cuando nos encontremos también junto a Ella y a José, entonces comenzará la vida de nuestra gloria que nunca pasa.

CONCLUSIÓN.

Y esto es una esperanza cierta. El hijo que el Padre cubrió con su sombra y el Espíritu Santo santificó, en el Corazón de la Madre , ha llegado al reino deseado.

 

 
 
 
 
 INDICE
    
     VIDA DE CONSAGRACIÓN.

 I. EL REINO DE LOS CIELOS.

 II. LOS VERDADEROS ADORADORES.

 III. LA PIEDAD.

 IV. OBJETO DE ESTAS PÁGINAS.

     EL TESORO ESCONDIDO.

 V. LA PALABRA DE LA IGLESIA.

 VI. LA PALABRA DEL MAESTRO.

     LA ENTREGA.

 VII. UNA ESTRELLA EN EL CAMINO.

 VIII. NUESTRO GRAN MEDIO.

 IX. NUESTRA CONSAGRACIÓN.

 X. ACLARACIONES A ESTA CONSAGRACIÓN.

     EL FIN.

 XI. PARA LA GLORIA DE DIOS.

 XII. NUESTRAS INTENCIONES.

 XIII. ¿ Y JESUCRISTO?.

     HACIA LA POSESIÓN Y DESARROLLO DE LA VIDA VERDADERA.

 XIV. NUESTRO CAMINO.

     EN LA VIDA DE CONSAGRACIÓN.

 XV. EN LA VIDA DE CONSAGRACIÓN.

 XVI. NUESTRO IDEAL.

     ESPÍRITU DE ESTA ENTREGA Y DE ESTA CONSAGRACIÓN.

 XVII. MI GRAN FAMILIA.

 XVIII. CÓMO VIVIR ESTE ESPÍRITU DE FAMILIA.

 XIX. NUESTRAS FIESTAS.

 XX - UN SOLO CORAZÓN Y UNA SOLA ALMA.

 

     PARA QUE TE DECIDAS.

 

     CONCLUSIÓN.