VIDA DE CONSAGRACIÓN
“En efecto, ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno de nosotros muere para sí. Porque si vivimos, para el Señor vivimos y si morimos, para el Señor morimos. Ora vivamos, ora muramos, del Señor somos. (Romanos 14,7-8)
PRÓLOGO
Es edificante en esta hora de la acción, y de la "herejía de la acción", se nos hable del misterio de la vida interior. Edificante y absolutamente necesario.
"El Reino de los cielos está dentro de nosotros"...
Muchos católicos parece que han enterrado ese tesoro: ¡No comprenden las riquezas que recibieron el día de su Bautismo! No viven su Bautismo.
¿No es ésta la causa principal de la poca fecundidad de nuestro apostolado?
El autor de estas páginas nos plantea este problema capital y nos exige una pausa en la acción para entrar dentro de nosotros mismos, "desenterrar" y valorizar ese tesoro de la vida interior.
El Pbro. Lodigiani posee el don de la simplicidad en la expresión. Su exposición es accesible a todas las almas. No se propone abrir una "escuela" de espiritualidad. Nos hace seguir el camino que siguió Cristo. En ese camino aparece una estrella: María. "La primera voluntad del Padre fue que Jesús se entregara a María para que Ella le diera un cuerpo y que viviese bajo la protección de San José y que le estuviese sujeto. Nuestra transformación en Él debe seguir los pasos de Jesús... Jesús comenzó viviendo en María. Nosotros debemos colocar nuestro corazón en el de María para que Ella nos transforme en Él".
Explica el Pbro. Lodigiani el profundo sentido de nuestra consagración. Cristo quiere tomar posesión de todo nuestro ser, hacemos semejantes a Él, para poder pasar de nuevo por el mundo haciendo el bien en nosotros y por nosotros. Quiere que seamos la "alabanza de su gloria". ¿No hemos sido creados para eso?
El método de llegar a este estado permanente de consagración es identificar nuestras intenciones con las de María. No para descargar sobre Ella el trabajo de nuestra santificación. Todo lo contrario: colaborando con María irá apareciendo poco a poco en nosotros la imagen del Maestro.
De este modo, nuestra vida interior se resume en la fórmula, que el Autor desarrolla ampliamente: vida de consagración, es decir, una disposición habitual del alma que nos hace vivir en estado de entrega total a Jesús por María. De aquí surge el espíritu filial que deben inspirar todos nuestros actos. En ese abandono al Padre radica la paz que caracteriza a las almas interiores.
El Pbro. Lodigiani ofrece a esas almas un pequeño Manual de vida interior. Están aquí resumidos todos los grandes motivos de nuestra entrega a Dios, imitando la actitud habitual de María, cuya profunda y sencilla santidad está reflejada en las palabras: He aquí la esclava del Señor.
¡Cómo desearíamos que estas páginas fuesen meditadas y saboreadas por nuestros militantes de A. C. y demás obras de apostolado! En la agitación de las tareas externas se disipa fácilmente ese espíritu de entrega. El precioso librito que tenemos la satisfacción de presentar al público cooperará eficazmente a este trabajo, más necesario que nunca, de mantener siempre viva la llama de la devoción.
El Pbro. Lodigiani presenta en esta su primera publicación el fruto maduro de su propia experiencia adquirida en el trato asiduo con las almas a través de la dirección espiritual. Es actualmente Director Espiritual del Seminario Menor de
La Plata. Esta circunstancia añade un extraordinario valor a su obra.
Los largos años de contacto con el novel Autor, como Profesor de Teología en el Seminario, nos permite augurarle grandes frutos en su importantísima tarea y nos dan derecho a pedirle que... siga escribiendo sobre temas de vida interior para provecho espiritual de nuestros pobres laicos, que no conocen aún las riquezas de su Bautismo ó ... han enterrado el tesoro cuando en el plan de Dios está que lo "exploten" para su santificación propia y la conquista y santificación de sus prójimos. Para renovar el mundo se necesitan santos. El libro que presentamos enseña que la santidad no es una flor exclusiva de los conventos. Puede y debe abundar también en el siglo. Es compatible con los deberes de cualquier estado y con las dificultades propias de cualquier ambiente, por pagano que sea. Precisamente la santidad es la única fuerza capaz de sanear y cristianizar esos ambientes impermeables al espíritu del Evangelio.
+ ENRIQUE RAU Obispo de Resistencia.
La Plata, Octubre de 1955.
MADRE: Que esta semilla que por medio de estas páginas juntos arrojaremos en el surco de las almas, caiga en tierra buena y en corazones sanos, "que oyendo la palabra de Dios la conserven, y, mediante la paciencia, de frutos sazonados" (Lc.8,15) para que los "que tengan sed, vengan y beban, a fin de que de ellos broten ríos de agua que salten hasta la vida eterna". (Jn.7,38).
- CAPITULO I: El Reino de los Cielos.
- CAPITULO II: Los Verdaderos Adoradores.
- CAPITULO III: La Piedad.
- CAPITULO IV: Objeto de estas páginas.
- CAPITULO V: La Palabra de la Iglesia.
- CAPITULO VI: La Palabra del Maestro.
- CAPITULO VII: Una Estrella en el Camino
- CAPITULO VIII: Nuestro Gran Medio
- CAPITULO IX: Nuestra Consagración.
- CAPITULO X: Aclaraciones a esta Consagración.

- CAPITULO XIV: Nuestro Camino
- CAPITULO XV: En la Vida de Consagración
- CAPITULO XVI: Nuestro Ideal
- CAPITULO XVII: Mi Gran Familia
- CAPITULO XVIII: Cómo vivir este Espíritu de Familia
- CAPITULO XIX: Nuestras Fiestas
- CAPITULO XX: Un solo corazón y una sola alma
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